Jean Raspail lanzó una profecía allá por el año 1973. Poco a poco el funesto vaticinio se ha ido cumpliendo sin clase alguna de fisura. Hoy, en Ceuta, metáfora de un estado quebrado, contemplamos una suerte de remake de esa novela. El 78 on fire.
De las catástrofes siempre queda la nostalgia por las naderías de la víspera
Jean Raspail lanzó una profecía allá por el año 1973. Poco a poco el funesto vaticinio se ha ido cumpliendo sin clase alguna de fisura. Hoy, en Ceuta, metáfora de un estado quebrado, contemplamos una suerte de remake de esa novela. El 78 on fire.
Que España es un Estado-ya no
digamos nación-quebrado no admite discusión. Ayer sin ir más lejos, y a cuenta
del triunfo mundial de combinado autonómico, un grupo de cachorros de Bildu
arrasaron con la terraza de un bar en una localidad navarra y agredieron a
varias personas que presenciaban la final del evento.
Una vez más, y van unas cuantas,
no me cansaré de recomendar el ensayo de Rogelio Alonso sobre el final de la
banda terrorista ETA, La derrota del vencedor. Ahí está todo. Lo demás
no tiene interés. Luego, si eso, hablamos, como ese tribunal de belgas, sobre
la reconciliación.
Mariano Rajoy, que se aburre soberanamente
en su registro de la propiedad, se ha metido a columnista con la excusa de la
martingala del mundial y el duelo de hoy, precisamente un 14 de julio, entre
Francia y el Combinado autonómico. Para ello, antes de darle a la tecla, se enfundó
el polo de Núcleo Nacional y sentenció que la selección francesa juega muy bien
pero, ay, sin franceses, por aquello del origen africano de la inmensa mayoría
de sus jugadores. Algo parecido dijo hace poco el presidente del parlamento de
Senegal y no pasó nada, pero aquí se ha generado una polémica en la que ha participado
hasta el camarada Sánchez, experto en avivar incendios en este tórrido verano.
Ius sanguinis versus ius soli,
nada nuevo bajo el sol para solaz de rábulas y jurisconsultos. En cualquier
caso, Rajoy siempre ha sido un especialista en soltar obviedades, y en esta ocasión
no ha hecho una excepción. Eso lo sabe cualquier francés, blanco o negro, con
dos dedos de frente. Como todos sabemos que gane o pierda Francia el Mundial arderán
las calles de París.
El Cagari, así lo bautizó uno de
los guardias civiles que practicó su detención; el fulano en cuestión, Zabarte
Arregui, el carnicero de Mondragón, se cagó encima cuando fue detenido por hombres
de la 513 ª Comandancia de la Guardia Civil con sede en Inchaurrondo. No es el
único etarra que se rinde de una forma tan poco honrosa, será el triste destino del
gudari. Lo mejor no fue que se cagase en los pantalones, sino que se entregó como
un cobarde mientras sus dos compañeros de fechorías se enfrentaban a tiros a
los agentes de la Unidad de Intervención Espacial del Instituto Armado. Es más,
en la refriega esos dos terroristas, antes de morir acribillados, le decían que diese la cara, que para algo
era el jefe del comando. Pero no fue posible, prefirió entregarse, jiñarse y
pasar una buena temporada entre rejas para luego, merced a la generosidad del
Régimen del 78, volver a su pueblo para seguir haciendo proselitismo.
He aquí lo que con buen acierto
definió Rogelio Alonso como la derrota del vencedor, no en vano el ahora
finado decía, entre vinos y pinchos, que él no asesinó sino que ejecutó. A
veces el tórrido verano deja buenas noticias, aunque estén preñadas de un tufo
insoportable a mierda.
Decíamos ayer que la actualidad
informativa de España no es otra que la de la corrupción, es por ello que las
tertulias, esa otra sede la soberanía nacional, echan humo con las soflamas de
los periodistas o asimilados que ejercen de rábulas de incierto prestigio. Y
así, en una tertulia televisiva un director de medio digital muy hostil al gobierno
afirma que la negativa de la Mesa del Congreso a que se votasen unas enmiendas para
pedir un adelanto electoral constituye un ataque contra la soberanía popular.
Veamos, la Constitución española, vigente sobre el papel, en su artículo 1.2 nos dice que la soberanía
nacional reside en el pueblo español...Pero de ahí a confundir soberanía
popular-de esto hablan los podemitas en la Taberna Garibaldi-con nacional hay
un buen trecho, pero tampoco se trata de largar aquí un ensayo constitucional
que a poco conduciría. No obstante, el tertuliano de guardia insistió varias
veces-era ya un trasunto de Erich Honecker-con el término soberanía popular sin
que el resto de cofrades le afeasen la chorrada.
En otra tertulia, esta radiofónica,
pasaban cuentas con la declaración judicial de Zapatero ante el ropón de turno
de la Audiencia Nacional. Micrófono en mano, uno de esos rábulas de vocación no
entendía que el ex presidente del gobierno se negase a responder a las
preguntas del fiscal, o más bien, de manera literal, que no colaborase con
el Ministerio Público. Volvamos a ver, que no cuesta dinero: ¿debe colaborar el
investigado, antaño imputado, con el togado que busca pruebas para hundirlo en
la miseria? Lo nunca visto desde los tiempos de los inquisidores de El
nombre de la rosa. Penitenciagite!, rábula tertuliano. Continuará…
Las noticias sobre la corrupción en
España copan todos los informativos, tertulias y hasta programas del corazón,
por lo que poco a poco todos los que pueden ver y escuchar, incluso los más profanos,
van descubriendo los vericuetos del foro y sus curiosos protagonistas. Ya no es
suficiente con saber si este juez es conservador o progresista o una cosa
híbrida, sino que ahora vamos conociendo el pelaje de los letrados que defienden
a esos presuntos corruptos. Así, ya sabemos que a X lo defiende un abogado especialista
en llegar a buenos acuerdos con la fiscalía para evitar la prisión de su
cliente, mientras que Z es asesorado por un rábula muy dotado para buscar, y
hasta encontrar, causas de nulidad en el proceso. También sabemos que algunos
de ellos han sido, hasta que les tentó el diablo con el vil metal, ropones de
reconocido prestigio en la Audiencia Nacional, un tribunal anómalo cuya
permanencia en el tiempo asombra a propios y extraños.
Como ha asombrado saber, y mucho,
que un ex juez condenado por prevaricación y que ejerce la abogacía bajo el manto de la justicia universal pretenda
ahora hacer el camino inverso y volver a la judicatura. Acabáramos. Será que no
quiere perderse esta fiesta de ropones y rábulas. Por fortuna le han dicho que
no. Continuará...
De todas las estupideces que hay
que soportar en la defensa del camarada Zapatero esgrimidas por la claque
socialista y tertuliana la mejor es ésa que nos dice que este mostrenco acabó
con el terrorismo etarra. En el fondo todo forma parte de un mantra demasiado
visto y sobado, esa martingala que nos indica que las fuerzas políticas,
capitaneadas por el socialismo triunfante, acabaron con la banda criminal, y
también una añagaza para engañar al personal, que el vulgo ágrafo no descubra
el pastel cuya guinda es la más absoluta derrota del vencedor.
Por eso el otro día, tras la
imputación, o investigación, del que fuera presidente del gobierno se caldeó el
ambiente en la sede de la partitocracia nacional, por lo que el camarada
Sánchez echó en cara al ínclito Feijoy que la derecha en general no soportaba
que Zapatero hubiese terminado con la ETA. Una vez más el gallego intrépido
perdió una oportunidad de oro para demostrar que al menos domina un poco la
dialéctica, pues debería haber indicado al todavía jefe del ejecutivo que con
la banda terrorista la que acabó fue la Guardia Civil, para añadir como remate y si le diese la sesera para ello, que ese y no otro es el origen del odio africano que
a esta institución profesa el ministro del Interior. Ay, los próceres, unos y
otros, de la patria.
El matrimonio
El género femenino lo exige y lo
espera todo del masculino, a saber, todo lo que anhela y necesita. El
masculino le pide al femenino, en principio y fundamentalmente, solo una
cosa. De ahí que haya sido necesario crear la institución según la cual el
género masculino puede obtener la sola cosa que pide, a cambio de asumir el
cuidado del todo, incluyendo el cuidado de los hijos surgidos de la relación;
en esta institución se cifra el bienestar de la totalidad del género femenino.
No se va al matrimonio en busca
de una conversación ingeniosa, sino para engendrar hijos; el matrimonio es una alianza
de corazones, no de mentes. El que las mujeres a veces afirmen haberse
enamorado del espíritu de un hombre no deja de ser una pretensión frívola y ridícula,
o acaso la exageración de un ser anormal.
Casarse sólo por “amor” y
ni lamentarlo enseguida, es más, el mero hecho de casarse, es como meter la
mano en un saco, esperando sacar a ciegas una anguila entre un montón de
serpientes.
En nuestro segmento monogámico
del mundo, casarse significa reducir a la mitad los derechos propios y duplicar
sus obligaciones.
Casarse consiste en hacer todo lo
posible para provocarse asco mutuamente.
Los matrimonios felices, como
bien se sabe, son escasos.
Las leyes europeas del
matrimonio equiparan a la mujer con el hombre, y parten, por lo tanto, de una
premisa falsa.
El gobierno del camarada Sánchez
aprobará que en la quiniela haya cuatro partidos de fútbol femenino. Se admiten
apuestas, y nunca mejor dicho, que la recaudación caerá en picado, pero ello no
es óbice para que el camarada saque pecho y afirme que es un paso más en la
lucha por la igualdad: al fin y al cabo, es ya un clásico, la izquierda siempre
busca igualar por abajo. ¿Y esto lo sabe el ministro del fisco? Porque a menos apostantes,
menos impuestos que llegan a las arcas del Leviatán. Pero da igual, el camarada
lleva tiempo abonado al dicho castrense, que se joda el sargento que no como rancho.
Nunca un piquito inocente salió
tan caro. De lege ferenda y ahora que se acerca el coñazo del mundial de
fútbol de machotes, desde aquí reivindicamos que haya una absoluta paridad entre
hombres y mujeres en el combinado autonómico de la Real Federación. ¡Expaña, ra, ra, ra!
La Audiencia Nacional, órgano judicial heredero de aquel Tribunal de Orden Público del franquismo y nicho confortable de los peores ropones y rábulas del reino, exonera a Jordi Pujol de cualquier responsabilidad penal por su deterioro cognitivo. Tampoco parecía el muy honorable estar mucho en sus cabales cuando realizó el servicio militar como alférez en el ejército nacional, el mismo que surgió del glorioso 18 de julio. En fin, el Régimen que nos dimos entre todos los españoles con tanto esfuerzo y sufrimiento nunca defrauda. Visto.
Muchas cosas sorprenden de la regularización
masiva de extranjeros, o inmigrantes, o migrantes, como dicen los cursis que
implementan, pero ninguna como esa posibilidad de legalizar la situación en
España que tendrán aquellos que se encuentren en prisión provisional a la
espera de juicio. Y así, de sopetón e improvisando, hemos pasado de exigir la
carencia de antecedentes policiales a tolerar que puedan tener papeles aquellos
que están a la espera de juicio y que, posiblemente, serán condenados un día no
muy lejano. ¿Y entonces, qué?, se pregunta el personal que paga impuestos y que
todavía cree en el imperio de la ley. Pues entonces nada, pues serán ya
derechos adquiridos que no se podrán revocar, salvo improvisación de este
legislador, lo que no parece.
Los promotores del despropósito
alegan que negar esa posibilidad al preso preventivo sería vulnerar la
presunción de inocencia a la que todos tienen derecho, principiando por la
esposa del camarada Sánchez. Como fina y rebuscada técnica jurídica no está mal,
que para eso el ministro Bolaños es rábula de reconocido prestigio, pero choca
con aquello que dispone el Código Penal para aquellos extranjeros que sean
condenado a una pena de prisión de más de un año, lo que sucederá en la mayoría
de esos casos más tarde o más temprano. Pero ya estamos hablando del
sentido común y de la justicia material, conceptos reñidos con un legislador tan
corrupto como criminal. Y es como sentenció Quevedo, allí donde hay poca justicia
es peligroso tener razón.
En Barcelona, ciudad sin ley, un
hombre de más de sesenta años se desplaza en silla de ruedas y toma asiento en un
banco para tomar el sol primaveral. De repente, un extranjero de los habituales
para estos menesteres se acerca con ánimo de ave de rapiña y le arranca una
cadena, ante lo que el hombre de más de sesenta años se defiende con una
pequeña navaja y el presunto delincuente, herido de muerte, pasa a mejor vida
mientras emprendía la huida.
Consecuencia de lo anterior es que el
hombre en silla de ruedas acaba en prisión provisional, comunicada y sin fianza
por un delito de homicidio. ¿Reiteración delictiva? No lo parece. ¿Riesgo de
fuga? Quia. Al hombre en silla de ruedas y que necesita oxígeno de manera permanente
le han hecho un bocadillo entre juez y fiscal, algo habitual entre ropones de reconocido prestigio. Ahora,
y tras una cierta presión popular, parece que la fiscalía recula y dice que
pedirá su libertad si se acredita que el hombre está en una situación
vulnerable. Terrible redundancia, la de la vulnerabilidad de la víctima del
delito. Pleitos tengas y los ganes.
El gobierno del camarada Sánchez
ha creado una Comisión de la Verdad -no es broma pese al sonido orwelliano que
tiene la cosa-para esclarecer las violaciones de derechos humanos durante la
guerra civil y el franquismo. Como toda comisión-la célebre Cheka era otra
comisión-necesita un presidente, y quién mejor que el jurista de reconocido
prestigio Baltasar Garzón para comandar esa nave de la justicia extemporánea y fraudulenta. No
sería osado aventurar que tal comisión, si nos centramos en la guerra civil, sólo
investigará los crímenes presuntamente cometidos por el bando vencedor,
soslayando las tropelías cometidas por los vencidos, que fueron los auténticos chekistas.
Siempre se dijo, y con razón, que
los republicanos perdieron la guerra pero ganaron la literatura, si bien
también ganaron la batalla de la propaganda. Ahora, casi cien años después, van
más allá y pretenden ganar otra batalla, la de la Verdad. Y cuando Verdad se escribe
con mayúsculas y precisa del presupuesto público es lo más parecido a la
mentira. Y para ello nada mejor que un gestor para esa comisión como aquel que
otrora bautizaron como el juez campeador, el mismo que devino en prevaricador.
Y es que prevaricar y mentir son acciones que siempre fueron de la mano.
Que Occidente es ya una sociedad
distópica es una realidad inapelable que no admite discusión alguna, un dogma
absoluto que deja en pañales otras distopías que triunfaron en la literatura y
el cine. Reino Unido aprueba una reforma de la vigente ley sobre el aborto que
haría las delicias del feminismo más radical: será legal la interrupción del
embarazo hasta el momento del nacimiento. Tal como suena: los decadentes Lores
de su majestad ya no entran en disquisiciones-para qué-sobre el nasciturus y su
viabilidad o si estamos o no ante lo que se pueda considerar una vida humana.
Obviamente, debemos pensar que,
llegado el caso, o más bien el asesinato de un feto de nueve meses, o casi, los
médicos, habrá que llamarlos así, procederán a la comisión del crimen con ese cuerpo todavía en el seno materno, y que se hará con alguna solución química, vulgo
veneno, y que ello no ponga en peligro la salud de la madre, aunque tampoco hay
que descartar métodos más violentos. Posteriormente habrá que extraer al difunto
del interior de la madre y echarlo al cubo de la basura. Sobra decir que para
cumplir con la exigente legislación medioambiental esos restos serán incinerados,
ya que lo contrario podría suponer severas multas para los infractores.
No es necesario desarrollar mucho que esta delirante
decisión del legislador británico tendrá poco predicamento entre la cada vez
más numerosa comunidad musulmana: seguro que sus líderes políticos y religiosos
tomarán debida nota para el momento en que en esa ciénaga, la de los decadentes
Lores, pase a ser regida por ellos mismos y nadie más. Ya queda menos.
Decíamos tiempo atrás que el
camarada Sánchez tenía en el punto de mira a las redes sociales, ya que las
considera dispensadoras de odio y propagadoras de bulos, buscando, en fin, la
dañina polarización; así que, poco tiempo después de su anuncio, ya tenemos
aquí la nueva herramienta para medir el odio, y se llama, no es broma, Hodio, y
viene a ser una huella contra esos males que parece ser que nos devoran.
Así que Hodio se pondrá manos a
la obra y elaborará un ranking público y transparente que mida el odio que
generan esas plataformas a las que el personal, en especial los menores, está
abonado. Será delicioso comprobar qué criterios manejará el gobierno para
señalar lo que es odio, pero conociendo al camarada Sánchez, un odiador
profesional, nos tememos lo peor. Pero esto, siendo relevante, no es lo
decisivo, ya que la cuestión es saber qué premios recibirán los primeros
del ranking. Dado que no parece que estas plataformas radiquen en España, ni
falta que les hace, se complica su cierre, ¿entonces serán sus gestores
españoles obligados a realizar algún cursillo de reeducación? Creemos que el
camarada Sánchez tirará por lo más cómodo y prosaico, pero sobre todo
lucrativo, que son las multas. Eso si no va a por la vía penal, Marlaska ya
está al acecho con su policía cibernética, contra los usuarios que fomenten el
odio y la polarización, principios rectores de la norma.
Visto lo visto, a partir de ahora
y en previsión de cualquier clase de castigo, a las ocho de la tarde todos al
balcón a odiar fuerte.
El ministro de cultura, un mostrenco
que, al estilo de su camarada Yoli Díaz, a duras penas sabe leer y escribir, ha
entrado al trapo en el asunto de Julio Iglesias y aquellas poco creíbles
denunciantes que relataban oscuros episodios de índole sexual ocurridos,
presuntamente, muy lejos de nuestras fronteras y hace bastante tiempo. Puesto
que la Audiencia Nacional se declaró, y con toda la razón, incompetente para
juzgar al cantante, el ministro exige que lo juzgue otro tribunal. Y cuál, se
pregunta el vulgo encogiéndose de hombros. Pues cualquiera, el que sea,
barrunta el mostrenco Urtasun. Que uno se declare competente, da igual, aunque sea
de la jurisdicción social o de la contencioso-administrativa, a quién le
importa.
Explicar a esta gente la Ley
Orgánica del Poder Judicial es harto complicado y no merece la pena, pero sus
deseos, o más bien exigencias, demuestran a las claras su talante totalitario y
poco respetuoso con la justicia. En el fondo, lo que quisieran el mostrenco y
la Yoli, que ha sido demandada por Julio Iglesias, es que éste fuese juzgado en
un ministerio, qué mejor que el de cultura, y a puerta cerrada, sin abogado y
sin posibilidad de recurrir el fallo, que a buen seguro sería una condena. ¿La
pena? Ya la pueden imaginar, pero iría en consonancia con los castigos que se
imponían en aquellos procesos de Moscú. Y es que para muchos y muchas la vida
sigue igual.
El camarada Sánchez, que no da
puntada sin hilo, sacó ayer a pasear el fantasma de aquella guerra de Irak a la
que España, como es costumbre, nunca fue. No a la guerra, largaba el camarada
como si aquello fuese la gala de los Goya. Sesudos analistas, firmes defensores
de aquella fotografía del Trío de las Azores, nos advierten, más al pueblo
llano que al resistente Sánchez, que esta guerra y aquella de 2003 son muy diferentes,
que la gente no apoyaba la de Irak y ahora sí está conforme, dicen ellos, con el ataque contra la
teocracia iraní, y zarandajas por el estilo en tertulias de ágrafos y charos.
Pero en algo sí que hay una
coincidencia entre ambas guerras: la amenaza de las armas de destrucción masiva,
sean químicas o nucleares en los escenarios del conflicto. Amenaza difusa, o
más bien dudosa por no decir inexistente, en cualquier caso, puesto que en la guerra de Irak no aparecieron
esos arsenales y sobre Irán qué decir, pues que llevamos años y años escuchando
al primer ministro israelí advirtiendo al mundo de los necios gentiles que ya sí, que los ayatolás
tienen bombas nucleares y que Occidente, ese faro del wokismo, será arrasado
por ellas. Y aquí estamos, vivos y coleando y haciendo largas colas en las
gasolineras para llenar el depósito del coche, que el motor eléctrico de los sacamantecas de Bruselas no seduce
al personal. Decía el clásico que la guerra es la continuación de la política
por otros medios. También es cierto que en muchas ocasiones la guerra no es más
que una cortina de humo para tapar escándalos y vergüenzas y hacer el juego a los cafres de siempre.
El gobierno del camarada Sánchez anuncia
la desclasificación de unos documentos, hasta hora considerados secretos,
relacionados con la intentona golpista del 23-F. Viniendo del camarada la noticia
causa estupor y desconfianza a partes iguales, si bien genera la lógica
expectación: que si se hablará del rey emérito, que si saldrá a la luz el papel
jugado por el CESID, que si Tejero fue engañado como un chino…Especulaciones de
todo tipo. Veremos.
Pero de momento lo más llamativo es la justificación que hace de dicha desclasificación la ministra portavoz: hay
que luchar contra los bulos de la extrema derecha e impedir que los jóvenes de
este país sigan cantando el Cara al sol por nuestras calles. Escuchando
esta chorrada es cuando el respetable adivina que esto no es ya una cortina de
humo para tapar las vergüenzas del sanchismo sino un ejercicio de soberana
estupidez.
Una marea de camisas azules brazo
en alto recorre y pisa fuerte el asfalto de nuestras ciudades avisando que volverá
a reír la primera, para terminar confluyendo en la capital y buscar la embajada
de Ucrania y alistarse en la lucha contra el invasor ruso, porque es notorio
que Rusia es-lo fue y lo será-culpable. El problema para las ilusiones de estos
jóvenes bizarros es que los trenes están como están y cuando lleguen a la zona
de conflicto se encontrarán con que la paz de Trump ha estallado por todo lo
alto. Lo dicho, otro sainete del camarada Sánchez en este glorioso final de la
fiesta.
La España del camarada Sánchez es una especie de sainete que ya hubiese firmado con gusto el gran Arniches. El DAO policial, que no es el otro DAO-una enzima intestinal-sino una especie de CEO dentro de los ceneperos, léase cuerpo nacional de policía, se ve forzado a dimitir tras una querella por varios delitos entre los que está el de agresión sexual a una subordinada. Soslayando la tardanza en denunciar por parte de la agredida, que ya resolverán los ropones de turno, no deja de tener su gracia, por aquello de la justicia poética, que este sujeto, perro de presa en aquellos tiempos de la pandemia, el estado de alarma y el confinamiento, deba pechar ahora con el peso de la otra justicia, o injusticia, la de los hombres y mujeres: ya se verá.
Qué tiempos aquellos en los que
este hombre del orden y la ley, acompañado por un benemérito general, salía a rueda de prensa diaria
dando cuenta de todos aquellos infelices que habían sido detenidos-quítame allá esas pajas-por burlar
el injusto confinamiento decretado por el camarada Sánchez y avalado, salvo
VOX, por resto de fuerzas políticas. Ahora, unos años después de los instantes
de gloria a los que tiene derecho cualquier imbécil, el DAO cenepero, que
no es el enzima intestinal, se ve obligado a bajar a la arena del foro, con leones y leonas, y sopesar
cómo lucha contra los elementos, mientras la plebe siempre pastueña espera el próximo
sainete que dejará en anécdota al anterior. Pleitos tengas y los ganes.
Decíamos ayer, a cuenta del terrorismo
etarra, que el aparente vencedor había sido derrotado en la práctica, en el día
a día, que al final es lo que cuenta a la hora de hacer balance. En este
sentido, van cayendo como gota malaya anécdotas sangrantes que dejan en
mantillas la máxima penal de corte socialdemócrata que nos dice que hay que
odiar el delito y compadecer al delincuente. En verdad, hay que compadecer a la
víctima, y por difeerntes razones.
Y así, descubrimos que un etarra
con largo historial en asesinatos cuenta con el apoyo del fiscal para que
cuando obtenga la libertad, o un tercer grado que le permita tomar vinos con
sus paisanos, pueda estar relativamente cerca de las víctimas de sus fechorías,
de 50 kilómetros impuestos en sentencia a sólo 50 metros, ahí es nada. Si bien
se trata de un tecnicismo que admite diferentes interpretaciones, no deja de
ser curioso que el representante del ministerio público tenga el mismo celo que
la defensa del terrorista en facilitar una cómoda y más tranquila reinserción
social del verdugo.
Al final, no será descartable que
las víctimas, para no sufrir más escarnio, sean las que deban alejarse de los
criminales marchando bien lejos para no entorpecer la relación del criminal con
sus seres queridos. Y ello por mandato legal y recogido en sentencia. Lo
dicho, la derrota del vencedor.
Un etarra con un largo historial
criminal burla la prisión, al menos la más severa, para disfrutar un régimen de
semilibertad. Automáticamente, como un resorte, saltan todas las alarmas de un
régimen en descomposición: cómo hemos llegado a esto, escarnio a las víctimas,
no hay derecho, que si el tal Marlaska está vendido, pero claro, ahora es
competencia de la comunidad autónoma vasca, si sigue teniendo esa denominación,
y así hasta la náusea.
Odia el delito y compadece al
delincuente es ya, y desde hace tiempo, máxima meliflua que ya no aparece en
los manuales de Derecho Penal, si acaso en los de criminología, mamotretos insufribles diseñados para que puedan
ascender funcionarios de policía o de prisiones. Y qué más da este caso, se
pregunta el respetable, si otros criminales de reconocido prestigio y alejados
del ámbito terrorista acortan sus penas sin que los medios se hagan eco. Quizá
en el caso del etarra ahora agraciado, pero eso el común de los respetables lo ignore,
asome aquel diagnóstico certero de Rogelio Alonso plasmado en La derrota del
vencedor. Ha llovido desde su publicación, pero seguirá lloviendo, y otros
criminales de la misma naturaleza seguirán saliendo. Como setas.
El camarada Sánchez anuncia un
plan para impedir que los menores de 16 años puedan acceder a las redes
sociales. El camarada, cuando vienen mal dadas, véase el caos ferroviario, saca
un conejo de la chistera para entretener al personal, lo que recuerda, salvando
las distancias, a Stalin, que no tenía reparos en purgar a miles de disidentes y
campesinos cuando la producción era una porquería.
De inicio, llama la atención que
se fije el límite en los 16 y no en los 18 años, pero alguna razón habrá en el
diseño de la norma que escapa al común de los mortales, como tampoco sabemos
cuál será el control tecnológico efectivo para que esa barrera no sea burlada
por el menor que decide ser un verso suelto y que a tan tierna edad, y pese a
que no pueda votar, ya desconfía de cualquier clase de gobernante y que, como
decía el clásico, no tiene interés en iniciar ningún camino de servidumbre.
Pero el camarada Sánchez no da puntada sin hilo, y así, entre las medidas prometidas, hay una muy curiosa: implantar en esas redes una huella de odio y polarización.
Para qué, se pregunta intrigado el vulgo. Pues para demostrar cómo esas
plataformas alimentan la división y amplifican el odio. Acabáramos.
El concepto de odio está más o
menos claro desde la óptica del gobierno, pero no ocurre lo mismo con la
polarización. ¿Es sinónimo de sectarismo? ¿Tal vez división? ¿Por ventura
estamos ante el cainismo con el que se adornan a garrotazos los españoles? Sólo
el camarada Sánchez y su sanedrín lo saben. En cualquier caso, todo se traducirá
en sanciones económicas y penales-más delitos en los juzgados-para dichas
plataformas, o el algoritmo como enemigo a batir. Eso sí, y como colofón ante
este nuevo campo de batalla, el PP reivindica la norma futura y nos cuenta que
ellos ya propusieron en su día algo parecido. En fin, no parece que en esto último haya
mucha polarización.
El gobierno del camarada Sánchez
anuncia una regularización masiva de inmigrantes, o migrantes. A favor de la
moción los nada sospechosos habituales. Esto es, la patronal, que ya hace
números con más mano de obra barata para repartir comida a domicilio, los
obispos, que con la excusa del amor al prójimo algún que otro chiringuito
tienen relacionado con la asistencia social-Cáritas-y la subvención que ésta
conlleva, que el cepillo cada vez da menos beneficio, y la progresía
cómodamente instalada en el poder y sus aledaños que purga de esta guisa su
mala conciencia-es un decir-de izquierda exquisita y caviar.
Éramos pocos-españoles todos- y
parió la abuela de los inmigrantes, o migrantes, justo ahora que la Europa de
los mercaderes se pone un poco, sólo un poco, restrictiva con esta espinosa
cuestión y calibra cómo mitigar los excesos de tanto buenismo. No parece que el
gobierno justifique la medida con la excusa de que los nuevos legalizados
contribuyan a pagar las pensiones, entre otras razones poque ese obsceno
argumento ya no cuela, si es que alguna vez coló. Eso sí, se tranquiliza al
personal exhibiendo una exclusión: no podrán beneficiarse de la medida aquellos
extranjeros en situación irregular que tengan antecedentes penales. Pero ojo, a
éstos, por mucho que se contemple en el Código Penal, no los echa de aquí ni el
Dios de los obispos.
Lo mejor de la norma es su
espíritu, que es el del camarada Sánchez, por lo que se tramitará por la vía
del decreto para que entre en vigor al día siguiente: ni el Invicto sacaba
tanto jugo y beneficio del consejo de ministros.
Un tal David Uclés, un tipo que
luce boina al estilo Josep Pla, si bien su gracia literaria es mucho menor, ha decidido
adornarse con la polémica a cuenta de
unas jornadas sobre-cómo no- la Guerra Civil, la guerra que perdimos todos, eso
dicen los promotores, entre ellos Arturo Pérez Reverte, un tipo equidistante como pocos, de ahí su reconocido prestigio. El tal Uclés anda crecido
sobre su boina tras ganar el Premio Nadal, por no citar otro libro anterior, sobre-cómo no-nuestra contienda, obra que
ha vendido lo que no es habitual en un país de pocos lectores. El caso es que
el de la boina ha decidido borrarse de ese evento, y lo hace porque por allí pontificarán, entre otros, Aznar y Espinosa de
los Monteros, descendientes de vencedores en aquella guerra. Y eso no lo
puede consentir el de la boina.
En fin, más de lo mismo, tentativas
de una estúpida reconciliación que ya no tiene sentido en un solar donde sólo
impera el revanchismo de la memoria histérica por una guerra que perdieron los que
merecieron perderla, que fueron los mismos que la provocaron, y ahí está Uclés
con sus histerias para certificarlo. Una pena-es ironía-en este valle de lágrimas, porque seguro que Aznar se marca una
intervención muy conciliadora glosando la figura de otro tonto, en este caso sin boina y con
pocos lectores, como Manuel Azaña, responsable directo de aquel desaguisado y
sectario como Uclés, el tonto de la boina.
La editorial Libros del Asteroide,
que no lleva cuatro días en esto y tiene acreditada solvencia, ha lanzado un
comunicado de lo más curioso en relación a un libro sobre Julio Iglesias, El
español que enamoró al mundo, de Ignacio Peyró. Se trata de una biografía
que en un año ha vendido muchos ejemplares, lo que obviamente llena de
satisfacción a la editorial y al autor. Pero, hete aquí, que la consternación
invade a ambas partes tras las acusaciones presentadas contra el cantante por presuntas agresiones sexuales. Y tan grande y profunda es esa consternación que ya se nos
dice que lo antes posible saldrá otra edición revisada y actualizada.
¿Y la presunción de inocencia a
la que tiene derecho cualquier hijo de vecino? Pues no parece que pese mucho en
el ánimo de la editorial, que da crédito ilimitado a las denunciantes sin tener
en cuenta la versión del denunciado, por no hablar de la ausencia de la más
mínima prudencia, al menos hasta ver la evolución judicial del caso, sin olvidar
la tardanza en denunciar los hechos. Un ejemplo más de esa cultura de la
cancelación que arrasa con todo lo que puede. Una inquisición en toda regla. En
fin, queda por saber si los compradores del libro podrán canjearlo por la nueva
versión que salga al mercado. Y gratis.
La captura de Maduro,
retransmitida en directo, deja muchas incógnitas pero también muchas certezas.
¿Habrá una transición pacífica hacia una democracia más o menos al uso? ¿Se
convertirá Venezuela en un protectorado de Estados Unidos? ¿Acabarán los venezolanos
como Puerto Rico, siendo un estado asociado? Y Maduro, ¿se pudrirá en prisión
como Noriega? Vaya usted a saber. En cuanto a las certezas, una brilla por
encima de todas: la evidencia absoluta de que Trump es un gobernante con las
ideas claras y mano firme que donde pone el ojo, pone la bala. Y a nivel doméstico,
una cuestión interesante: ¿qué será del inefable Rodríguez Zapatero? Esperemos.