El gobierno del camarada Sánchez
anuncia una regularización masiva de inmigrantes, o migrantes. A favor de la
moción los nada sospechosos habituales. Esto es, la patronal, que ya hace
números con más mano de obra barata para repartir comida a domicilio, los
obispos, que con la excusa del amor al prójimo algún que otro chiringuito
tienen relacionado con la asistencia social-Cáritas-y la subvención que ésta
conlleva, que el cepillo cada vez da menos beneficio, y la progresía
cómodamente instalada en el poder y sus aledaños que purga de esta guisa su
mala conciencia-es un decir-de izquierda exquisita y caviar.
Éramos pocos-españoles todos- y
parió la abuela de los inmigrantes, o migrantes, justo ahora que la Europa de
los mercaderes se pone un poco, sólo un poco, restrictiva con esta espinosa
cuestión y calibra cómo mitigar los excesos de tanto buenismo. No parece que el
gobierno justifique la medida con la excusa de que los nuevos legalizados
contribuyan a pagar las pensiones, entre otras razones poque ese obsceno
argumento ya no cuela, si es que alguna vez coló. Eso sí, se tranquiliza al
personal exhibiendo una exclusión: no podrán beneficiarse de la medida aquellos
extranjeros en situación irregular que tengan antecedentes penales. Pero ojo, a
éstos, por mucho que se contemple en el Código Penal, no los echa de aquí ni el
Dios de los obispos.
Lo mejor de la norma es su
espíritu, que es el del camarada Sánchez, por lo que se tramitará por la vía
del decreto para que entre en vigor al día siguiente: ni el Invicto sacaba
tanto jugo y beneficio del consejo de ministros.


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