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jueves, 12 de febrero de 2026

La derrota del vencedor

 


Un etarra con un largo historial criminal burla la prisión, al menos la más severa, para disfrutar un régimen de semilibertad. Automáticamente, como un resorte, saltan todas las alarmas de un régimen en descomposición: cómo hemos llegado a esto, escarnio a las víctimas, no hay derecho, que si el tal Marlaska está vendido, pero claro, ahora es competencia de la comunidad autónoma vasca, si sigue teniendo esa denominación, y así hasta la náusea.

Odia el delito y compadece al delincuente es ya, y desde hace tiempo, máxima meliflua que ya no aparece en los manuales de Derecho Penal, si acaso en los de criminología, mamotretos insufribles diseñados para que puedan ascender funcionarios de policía o de prisiones. Y qué más da este caso, se pregunta el respetable, si otros criminales de reconocido prestigio y alejados del ámbito terrorista acortan sus penas sin que los medios se hagan eco. Quizá en el caso del etarra ahora agraciado, pero eso el común de los respetables lo ignore, asome aquel diagnóstico certero de Rogelio Alonso plasmado en La derrota del vencedor. Ha llovido desde su publicación, pero seguirá lloviendo, y otros criminales de la misma naturaleza seguirán saliendo. Como setas.


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