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martes, 17 de febrero de 2026

Odia el delito

 


Decíamos ayer, a cuenta del terrorismo etarra, que el aparente vencedor había sido derrotado en la práctica, en el día a día, que al final es lo que cuenta a la hora de hacer balance. En este sentido, van cayendo como gota malaya anécdotas sangrantes que dejan en mantillas la máxima penal de corte socialdemócrata que nos dice que hay que odiar el delito y compadecer al delincuente. En verdad, hay que compadecer a la víctima, y por difeerntes razones.

Y así, descubrimos que un etarra con largo historial en asesinatos cuenta con el apoyo del fiscal para que cuando obtenga la libertad, o un tercer grado que le permita tomar vinos con sus paisanos, pueda estar relativamente cerca de las víctimas de sus fechorías, de 50 kilómetros impuestos en sentencia a sólo 50 metros, ahí es nada. Si bien se trata de un tecnicismo que admite diferentes interpretaciones, no deja de ser curioso que el representante del ministerio público tenga el mismo celo que la defensa del terrorista en facilitar una cómoda y más tranquila reinserción social del verdugo.

Al final, no será descartable que las víctimas, para no sufrir más escarnio, sean las que deban alejarse de los criminales marchando bien lejos para no entorpecer la relación del criminal con sus seres queridos. Y ello por mandato legal y recogido en sentencia. Lo dicho, la derrota del vencedor.


jueves, 12 de febrero de 2026

La derrota del vencedor

 


Un etarra con un largo historial criminal burla la prisión, al menos la más severa, para disfrutar un régimen de semilibertad. Automáticamente, como un resorte, saltan todas las alarmas de un régimen en descomposición: cómo hemos llegado a esto, escarnio a las víctimas, no hay derecho, que si el tal Marlaska está vendido, pero claro, ahora es competencia de la comunidad autónoma vasca, si sigue teniendo esa denominación, y así hasta la náusea.

Odia el delito y compadece al delincuente es ya, y desde hace tiempo, máxima meliflua que ya no aparece en los manuales de Derecho Penal, si acaso en los de criminología, mamotretos insufribles diseñados para que puedan ascender funcionarios de policía o de prisiones. Y qué más da este caso, se pregunta el respetable, si otros criminales de reconocido prestigio y alejados del ámbito terrorista acortan sus penas sin que los medios se hagan eco. Quizá en el caso del etarra ahora agraciado, pero eso el común de los respetables lo ignore, asome aquel diagnóstico certero de Rogelio Alonso plasmado en La derrota del vencedor. Ha llovido desde su publicación, pero seguirá lloviendo, y otros criminales de la misma naturaleza seguirán saliendo. Como setas.


jueves, 5 de febrero de 2026

Más control

 



El camarada Sánchez anuncia un plan para impedir que los menores de 16 años puedan acceder a las redes sociales. El camarada, cuando vienen mal dadas, véase el caos ferroviario, saca un conejo de la chistera para entretener al personal, lo que recuerda, salvando las distancias, a Stalin, que no tenía reparos en purgar a miles de disidentes y campesinos cuando la producción era una porquería.

De inicio, llama la atención que se fije el límite en los 16 y no en los 18 años, pero alguna razón habrá en el diseño de la norma que escapa al común de los mortales, como tampoco sabemos cuál será el control tecnológico efectivo para que esa barrera no sea burlada por el menor que decide ser un verso suelto y que a tan tierna edad, y pese a que no pueda votar, ya desconfía de cualquier clase de gobernante y que, como decía el clásico, no tiene interés en iniciar ningún camino de servidumbre. Pero el camarada Sánchez no da puntada sin hilo, y así, entre las medidas prometidas, hay una muy curiosa: implantar en esas redes una huella de odio y polarización. Para qué, se pregunta intrigado el vulgo. Pues para demostrar cómo esas plataformas alimentan la división y amplifican el odio. Acabáramos.

El concepto de odio está más o menos claro desde la óptica del gobierno, pero no ocurre lo mismo con la polarización. ¿Es sinónimo de sectarismo? ¿Tal vez división? ¿Por ventura estamos ante el cainismo con el que se adornan a garrotazos los españoles? Sólo el camarada Sánchez y su sanedrín lo saben. En cualquier caso, todo se traducirá en sanciones económicas y penales-más delitos en los juzgados-para dichas plataformas, o el algoritmo como enemigo a batir. Eso sí, y como colofón ante este nuevo campo de batalla, el PP reivindica la norma futura y nos cuenta que ellos ya propusieron en su día algo parecido. En fin, no parece que en esto último haya mucha polarización.