Ya lo avisó el gran jurista
Antonio García Trevijano cuando se cocinaba la constitución que entre tantos
esfuerzos se iban a otorgar los españoles: que no se garantizaba la separación
de poderes que propugnaban y pregonaban los padres fundadores. Pocos años
después, cuando ya regía el engendro, Trevijano ponía un ejemplo muy claro: en
el congreso de los diputados, aparente sede de la soberanía nacional, está
incrustado el gobierno; dónde, pues en el banco azul. El ejecutivo dentro del legislativo.
No está mal como declaración de principios.
Y con estas carencias y
desde que Guerra dijo que Montesquieu había muerto hemos transitado hasta
ahora, soportando el reparto del poder judicial entre partidos y otras obscenidades
que sería largo y superfluo enumerar. Pero llama la atención, por citar un
ejemplo reciente y harto llamativo, la actitud del ministro de justicia, el
intrépido Bolaños, quien siguiendo la voz de su amo emprende una cruzada contra
el juez Peinado por una notable hostilidad cuando le tomó declaración
como testigo en el caso de la esposa del amo. Como su queja ante el CGPJ ha
sido archivada, Bolaños persiste, acusa al órgano de gobierno de los
jueces de conservadurismo y corporativismo y presenta un recurso de alzada para
así acudir, si es desestimada su pretensión, ante el órgano jurisdiccional
competente, que no es otro que el Tribunal Supremo. El ejecutivo contra el
judicial sin ningún pudor ni vergüenza.
Y luego, Bolaños, ¿qué? Pues
quizá el intrépido, agotada la vía judicial, sopese buscar el amparo llegando
ante el Tribunal Constitucional, donde el cancerbero Conde Pumpido custodia las
esencias de esta peculiar separación de poderes. Y es que como también anticipó
el añorado García Trevijano en aquellos años de campante ingenuidad, nuestro tribunal
de garantías, una burda copia del modelo alemán, se acabaría convirtiendo, como es
de ver en muchos precedentes, en la última instancia judicial, lo que constituye
una estafa colosal ante la que nadie dentro del Estado de partidos parece estar
dispuesto a rebelarse. Es lo que tenemos, es nuestra separación de poderes.
* En la fotografía, el maestro García Trevijano explica al también maestro Morante de la Puebla cómo el ejecutivo se incrusta en el legislativo.


