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martes, 15 de septiembre de 2026

La separación de poderes

 


Ya lo avisó el gran jurista Antonio García Trevijano cuando se cocinaba la constitución que entre tantos esfuerzos se iban a otorgar los españoles: que no se garantizaba la separación de poderes que propugnaban y pregonaban los padres fundadores. Pocos años después, cuando ya regía el engendro, Trevijano ponía un ejemplo muy claro: en el congreso de los diputados, aparente sede de la soberanía nacional, está incrustado el gobierno; dónde, pues en el banco azul. El ejecutivo dentro del legislativo. No está mal como declaración de principios.

Y con estas carencias y desde que Guerra dijo que Montesquieu había muerto hemos transitado hasta ahora, soportando el reparto del poder judicial entre partidos y otras obscenidades que sería largo y superfluo enumerar. Pero llama la atención, por citar un ejemplo reciente y harto llamativo, la actitud del ministro de justicia, el intrépido Bolaños, quien siguiendo la voz de su amo emprende una cruzada contra el juez Peinado por una notable hostilidad cuando le tomó declaración como testigo en el caso de la esposa del amo. Como su queja ante el CGPJ ha sido archivada, Bolaños persiste, acusa al órgano de gobierno de los jueces de conservadurismo y corporativismo y presenta un recurso de alzada para así acudir, si es desestimada su pretensión, ante el órgano jurisdiccional competente, que no es otro que el Tribunal Supremo. El ejecutivo contra el judicial sin ningún pudor ni vergüenza.

Y luego, Bolaños, ¿qué? Pues quizá el intrépido, agotada la vía judicial, sopese buscar el amparo llegando ante el Tribunal Constitucional, donde el cancerbero Conde Pumpido custodia las esencias de esta peculiar separación de poderes. Y es que como también anticipó el añorado García Trevijano en aquellos años de campante ingenuidad, nuestro tribunal de garantías, una burda copia del modelo alemán, se acabaría convirtiendo, como es de ver en muchos precedentes, en la última instancia judicial, lo que constituye una estafa colosal ante la que nadie dentro del Estado de partidos parece estar dispuesto a rebelarse. Es lo que tenemos, es nuestra separación de poderes.

* En la fotografía, el maestro García Trevijano explica al también maestro Morante de la Puebla cómo el ejecutivo se incrusta en el legislativo.


jueves, 10 de septiembre de 2026

El de la doctrina

 


Coincidiendo con la apertura del año judicial-sí, el otro Emérito, siempre ocioso, ha reaparecido, será que hay un buen aperitivo tras la liturgia de rigor-sabemos que el gobierno vasco ha decidido otorgar el tercer grado penitenciario al etarra Parot, ése que dio su nombre a una doctrina sobre cumplimiento de penas que acabó siendo anulada por los sacamantecas de Estrasburgo.

El ínclito Parot, posiblemente el terrorista más eficaz, se va de rositas un poco antes de la cuenta en virtud de los acuerdos en materia de prisiones del camarada Sánchez con sus socios nacionalistas. Ya andaba el francés un poco liberado de su estancia en el chabolo gracias a una declaración, sincera o no es lo de menos, en la que reconocía el daño causado y que ya no volvería a suceder.

En su libro Comando Madrid el periodista José Oneto relata las andanzas, crímenes y posterior captura de aquel comando etarra, liderado por De Juana Chaos, que asoló Madrid en los años ochenta. En el momento de su detención este terrorista dormía en la cama cuando los Geos entraron de madrugada en el piso franco. Como criminal curtido, hizo ademán de coger la pistola que reposaba en la mesita de noche pero desistió, y eso que el agente que lo tenía en el punto de mira le animada a coger el arma. Cógela, insistía éste. A lo que el terrorista contestó que no, que era etarra pero no gilipollas, y que además, y esto es lo importante, quería ver cómo terminaba aquella guerra. Pues con la suelta del francés Parot ya vemos todos con absoluta claridad cómo ha terminado aquella guerra.


miércoles, 2 de septiembre de 2026

Jovenlandeses

 


Sigue intacto el tórrido verano, el peor en no se sabe cuántos años, y la vida sigue igual: lo de Ceuta no mejora, el camarada Sánchez sigue con impasible ademán y los tertulianos aseguran que ya sí, que esto es el final del sanchismo.

Pero, sin perder de vista el factor invasor, demos una vuelta por Cataluña y echemos un vistazo a la más reciente crónica de sucesos. Un honrado ciudadano, buen padre de familia y vecino ejemplar por todos queridos es vilmente asesinado por unos menores de edad. Blanco y en botella, exclama el vulgo indignado cuando se especula por la nacionalidad de los verdugos. Las primeras pesquisas de la policía autonómica apuntan a que los presuntos autores son viejos conocidos, pero si son tan jóvenes, o jovenlandeses, ya son viejos conocidos y andan sueltos, sigue preguntándose el manresano de a pie. Horas después, la consejera del ramo tranquiliza a la población y dice que los dos detenidos ¡han nacido en Cataluña! ¡Albricias!, saluda el personal progresista, como aquellos del atentado de las Ramblas, quedándose más tranquilo porque de esta guisa no cundirá la xenofobia, si bien ya corren por redes sociales fotografías de los presuntos que confirman lo que todos sabíamos y que es más de lo mismo, que si el ius sanguinis y el ius soli…

La guinda la pone el alcalde del lugar del crimen, un tal Marc, que se pregunta cómo es posible que menores de edad vayan armados y actúen con esa extrema violencia. Hay que joderse, Marc, hay que joderse.