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martes, 16 de junio de 2026

Ropones y rábulas

 


Las noticias sobre la corrupción en España copan todos los informativos, tertulias y hasta programas del corazón, por lo que poco a poco todos los que pueden ver y escuchar, incluso los más profanos, van descubriendo los vericuetos del foro y sus curiosos protagonistas. Ya no es suficiente con saber si este juez es conservador o progresista o una cosa híbrida, sino que ahora vamos conociendo el pelaje de los letrados que defienden a esos presuntos corruptos. Así, ya sabemos que a X lo defiende un abogado especialista en llegar a buenos acuerdos con la fiscalía para evitar la prisión de su cliente, mientras que Z es asesorado por un rábula muy dotado para buscar, y hasta encontrar, causas de nulidad en el proceso. También sabemos que algunos de ellos han sido, hasta que les tentó el diablo con el vil metal, ropones de reconocido prestigio en la Audiencia Nacional, un tribunal anómalo cuya permanencia en el tiempo asombra a propios y extraños.

Como ha asombrado saber, y mucho, que un ex juez condenado por prevaricación y que ejerce la abogacía bajo el manto de la justicia universal pretenda ahora hacer el camino inverso y volver a la judicatura. Acabáramos. Será que no quiere perderse esta fiesta de ropones y rábulas. Por fortuna le han dicho que no. Continuará...

 


viernes, 22 de mayo de 2026

Martingalas

 



De todas las estupideces que hay que soportar en la defensa del camarada Zapatero esgrimidas por la claque socialista y tertuliana la mejor es ésa que nos dice que este mostrenco acabó con el terrorismo etarra. En el fondo todo forma parte de un mantra demasiado visto y sobado, esa martingala que nos indica que las fuerzas políticas, capitaneadas por el socialismo triunfante, acabaron con la banda criminal, y también una añagaza para engañar al personal, que el vulgo ágrafo no descubra el pastel cuya guinda es la más absoluta derrota del vencedor.

Por eso el otro día, tras la imputación, o investigación, del que fuera presidente del gobierno se caldeó el ambiente en la sede de la partitocracia nacional, por lo que el camarada Sánchez echó en cara al ínclito Feijoy que la derecha en general no soportaba que Zapatero hubiese terminado con la ETA. Una vez más el gallego intrépido perdió una oportunidad de oro para demostrar que al menos domina un poco la dialéctica, pues debería haber indicado al todavía jefe del ejecutivo que con la banda terrorista la que acabó fue la Guardia Civil, para  añadir como remate y si le diese la sesera para ello, que ese y no otro es el origen del odio africano que a esta institución profesa el ministro del Interior. Ay, los próceres, unos y otros, de la patria.


martes, 19 de mayo de 2026

Clásicos malditos

 


El matrimonio

El género femenino lo exige y lo espera todo del masculino, a saber, todo lo que anhela y necesita. El masculino le pide al femenino, en principio y fundamentalmente, solo una cosa. De ahí que haya sido necesario crear la institución según la cual el género masculino puede obtener la sola cosa que pide, a cambio de asumir el cuidado del todo, incluyendo el cuidado de los hijos surgidos de la relación; en esta institución se cifra el bienestar de la totalidad del género femenino.

No se va al matrimonio en busca de una conversación ingeniosa, sino para engendrar hijos; el matrimonio es una alianza de corazones, no de mentes. El que las mujeres a veces afirmen haberse enamorado del espíritu de un hombre no deja de ser una pretensión frívola y ridícula, o acaso la exageración de un ser anormal.

Casarse sólo por “amor” y ni lamentarlo enseguida, es más, el mero hecho de casarse, es como meter la mano en un saco, esperando sacar a ciegas una anguila entre un montón de serpientes.

En nuestro segmento monogámico del mundo, casarse significa reducir a la mitad los derechos propios y duplicar sus obligaciones.

Casarse consiste en hacer todo lo posible para provocarse asco mutuamente.

Los matrimonios felices, como bien se sabe, son escasos.

Las leyes europeas del matrimonio equiparan a la mujer con el hombre, y parten, por lo tanto, de una premisa falsa.