Como era de esperar, el gobierno
del camarada Sánchez aprobó un par de decretos-ya veremos el recorrido-para calmar
a sus masas, enfurecidas por el desahucio de Maricarmen. No es necesario centrarse
en la motivación de esas masas enardecidas, pues eso daría para todo un tratado
de hipocresía e imbecilidad que brindaría la razón, más aún si cabe en estos
tiempos de cretinismo, al maestro Schopenhauer.
Vayamos al texto del primer decreto
publicado en el Boletín Oficial del Estado. Hay que reconocer que el legislador
es consecuente y coherente y ya rinde tributo a Maricarmen, citándola
expresamente. Ya tenemos la doctrina Maricarmen como antaño hemos tenido la
doctrina Parot, pero eso no deja de ser una anécdota para lo que viene después:
estamos ante una mujer vulnerable víctima de una legislación machista y retrógrada
procedente de una dictadura… Una vez más la culpa es del Invicto, que como
el Cid Campeador sigue ganado batallas después de su muerte. Nada nuevo hay en
esa retorcida declaración de principios propia de la Taberna Garibaldi salvo un
pequeño detalle que tiene su antítesis en el segundo de los decretos que todavía
se está cocinando. Por lo que se conoce,
a falta de que el amanuense de turno lo plasme en el diario oficial, se busca
una suerte de contrato de arrendamiento indefinido, o casi, en beneficio del
arrendatario.
¿Y entonces? ¿No estamos ante
aquella prórroga forzosa de la LAU de 1964? ¿Bajó qué régimen se aprobó aquella
norma? Murió el Invicto en la cama, pero su espíritu sigue vivo en el corazón
de muchos. Ya puestos, y ante tamaña
traición del inconsciente, bueno sería que las fuerzas de progreso saliesen del
armario y acometiesen una política de vivienda como la que llevaron a cabo los
burócratas del franquismo, los mismos a lo que ahora la memoria histórica tiene
en el infame listado de proscritos junto a las placas de aquel añorado Ministerio
de la Vivienda.


