Coincidiendo con la apertura del
año judicial-sí, el otro Emérito, siempre ocioso, ha reaparecido, será que hay
un buen aperitivo tras la liturgia de rigor-sabemos que el gobierno vasco ha
decidido otorgar el tercer grado penitenciario al etarra Parot, ése que dio su
nombre a una doctrina sobre cumplimiento de penas que acabó siendo anulada por
los sacamantecas de Estrasburgo.
El ínclito Parot, posiblemente el
terrorista más eficaz, se va de rositas un poco antes de la cuenta en virtud de los acuerdos en materia de prisiones del camarada Sánchez con sus socios nacionalistas.
Ya andaba el francés un poco liberado de su estancia en el chabolo gracias a
una declaración, sincera o no es lo de menos, en la que reconocía el daño causado
y que ya no volvería a suceder.
En su libro Comando Madrid
el periodista José Oneto relata las andanzas, crímenes y posterior captura de
aquel comando etarra, liderado por De Juana Chaos, que asoló Madrid en los años
ochenta. En el momento de su detención este terrorista dormía en la cama cuando
los Geos entraron de madrugada en el piso franco. Como criminal curtido, hizo
ademán de coger la pistola que reposaba en la mesita de noche pero desistió, y
eso que el agente que lo tenía en el punto de mira le animada a coger el arma.
Cógela, insistía éste. A lo que el terrorista contestó que no, que era etarra
pero no gilipollas, y que además, y esto es lo importante, quería ver cómo
terminaba aquella guerra. Pues con la suelta del francés Parot ya vemos todos con absoluta claridad cómo ha terminado aquella guerra.



