Jean Raspail lanzó una profecía allá por el año 1973. Poco a poco el funesto vaticinio se ha ido cumpliendo sin clase alguna de fisura. Hoy, en Ceuta, metáfora de un estado quebrado, contemplamos una suerte de remake de esa novela. El 78 on fire.
De las catástrofes siempre queda la nostalgia por las naderías de la víspera
Jean Raspail lanzó una profecía allá por el año 1973. Poco a poco el funesto vaticinio se ha ido cumpliendo sin clase alguna de fisura. Hoy, en Ceuta, metáfora de un estado quebrado, contemplamos una suerte de remake de esa novela. El 78 on fire.
Que España es un Estado-ya no
digamos nación-quebrado no admite discusión. Ayer sin ir más lejos, y a cuenta
del triunfo mundial de combinado autonómico, un grupo de cachorros de Bildu
arrasaron con la terraza de un bar en una localidad navarra y agredieron a
varias personas que presenciaban la final del evento.
Una vez más, y van unas cuantas,
no me cansaré de recomendar el ensayo de Rogelio Alonso sobre el final de la
banda terrorista ETA, La derrota del vencedor. Ahí está todo. Lo demás
no tiene interés. Luego, si eso, hablamos, como ese tribunal de belgas, sobre
la reconciliación.
Mariano Rajoy, que se aburre soberanamente
en su registro de la propiedad, se ha metido a columnista con la excusa de la
martingala del mundial y el duelo de hoy, precisamente un 14 de julio, entre
Francia y el Combinado autonómico. Para ello, antes de darle a la tecla, se enfundó
el polo de Núcleo Nacional y sentenció que la selección francesa juega muy bien
pero, ay, sin franceses, por aquello del origen africano de la inmensa mayoría
de sus jugadores. Algo parecido dijo hace poco el presidente del parlamento de
Senegal y no pasó nada, pero aquí se ha generado una polémica en la que ha participado
hasta el camarada Sánchez, experto en avivar incendios en este tórrido verano.
Ius sanguinis versus ius soli,
nada nuevo bajo el sol para solaz de rábulas y jurisconsultos. En cualquier
caso, Rajoy siempre ha sido un especialista en soltar obviedades, y en esta ocasión
no ha hecho una excepción. Eso lo sabe cualquier francés, blanco o negro, con
dos dedos de frente. Como todos sabemos que gane o pierda Francia el Mundial arderán
las calles de París.