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jueves, 19 de noviembre de 2009

Bobas



No hace mucho, y a la vista de una esas estadística que tan bien se pagan, la boba de la fotografía se lamentaba de cómo y de qué manera se estaban dando más y más sangrantes casos de violencia de género-doméstica en este caso sería incorrecto-entre jóvenes. Siempre nos dijeron que este fenómeno hundía sus raíces en el machismo ancestral de la sociedad española, perniciosa herencia de cuarenta años de franquismo, y en una educación sustentada en los valores de esa dictadura. Era el símbolo más brutal- Exposición de Motivos de la Ley-de la desigualdad existente en nuestra sociedad, al tratarse de una forma de violencia que se dirige contra las mujeres por el hecho mismo de serlo. Y ahora, cuando se demuestra que es un problema que en muchos supuestos tiene a los jóvenes como protagonistas, los gestores del desaguisado ponen el grito en el cielo y sin rubor de clase alguna afirman que algo habremos hecho mal, ignorando que esos nuevos maltratadores son los mismos jóvenes que queman indigentes en cajeros o apalizan docentes. Miraban para otro lado cuando expertos en la materia señalaban que éste era un problema tan generalizado en el mundo desarrollado- un país como Suecia, paradigma de sociedad avanzada, lidera el ránking de mujeres muertas por esta causa- que no dejaba de ser una muestra más de esa violencia gratuita que tanto estudio-antropológico, jurídico, filosófico- genera. Parece que ahora, y a la espera de nuevos parches legislativos para mitigar el problema y lucir mejores estadísticas en ruedas de prensa, han dado con la solución más ingeniosa: educación sexual a la más tierna edad y pajas por un tubo. Que desfoguen, coño.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Estampas graciosas



Los franceses se han lanzado a una campaña chistosa a costa de su presidente y su omnipresencia en toda clase de eventos históricos, y lo han hecho mediante la confección de montajes fotográficos que acaban siendo publicados en algún que otro medio. No he visto más fotografías al respecto, pero ésta de la Conferencia de Yalta tiene su gracia, pues si bien Francia no asistió a ella como invitada al reparto de la Europa de posguerra, a efectos prácticos-un trocito de Berlín y una grandeza histórica y política que nunca merecieron- tuvo la sorprendente condición de potencia vencedora, título chocante para un país presuntamente plagado de resistentes que contempló la guerra casi como los suizos, porque lo que de verdad hicieron los franceses-olvidemos el cine y sus ficciones y acudamos a expertos en la materia como Herbert Lottman- fue resistir a las llamadas que desde Londres les lanzaba De Gaulle para plantar cara a los alemanes. Curiosamente, y estas cosas surgen cuando menos se buscan, el autor del montaje ha dado en el blanco y ajustado los hechos, o la imagen, a la más pura realidad histórica.

jueves, 12 de noviembre de 2009

De Prada y sus muritos

El pásado sábado, y en las páginas de ABC, Juan Manuel de Prada se despachaba con una de esas habituales filípicas a las que nos tiene acostumbrados y que no dejan indiferentes a nadie. El Murito de Berlín constituye una especie de vomitona sobre la alfombra de la fiesta berlinesa y europea, una suerte de protesta ante tanto jolgorio, injustificado según se deduce ya del propio título. Si biene el autor puede tener razón en el fondo, tampoco descubre nada nuevo con esa mutación de la izquierda, pues esa ocultación de la ortodoxia-a la fuerza ahorcan-en hábil intercambio de cromos es lo suficientemente conocida para haber generado ya, veinte años después, cientos de ensayos, tratados y hasta tesis que demuestran cómo y de qué manera el comunismo fue sustituido por otros ismos, otros dogmas más atractivos-desde el feminismo más rancio al ecologismo más climático, pasando por el más sectario y moderno progresismo- que no tuviesen la mancha del Gulag y pudiesen pasar con soltura los escasos filtros de una sociedad aborregada y desprovista de valores. Creo que a Prada le traiciona el subconsciente , y pese a no ubicar geográficamente a esa derecha queda bastante claro que se refiere a la derecha española, pánfila y acomplejada como ninguna y prisionera de sus propias contradicciones, en la que Juan Manuel-abortos al margen-parece sentirse tan cómodo siempre. No obstante, una cosa es el fondo y otra la forma, ver los toros desde la barrera o saltar a la arena, y ese menosprecio que rezuma el artículo- el murito, con su pan se lo coman, el pan del esclavo- es obsceno para aquellos que por fin un día pudieron saltar ese murito, ya fuese desde Berlín, Varsovia o Budapest, para dejar atrás la esclavitud. Al final, y es lo malo de escribir con las vísceras, la paradoja reside en que Prada acaba pareciéndose a Rodríguez Z. y banaliza acontecimientos que la historia, siempre un juez más ecuánime y nada visceral, ha terminado por considerar capitales.