Como era de esperar, a la dupla
Casado&Egea le han salido defensores a mansalva dispuestos a que nada cambie, a que todo permanezca inalterable para que el centro centrado muy
moderado que rige el Partido Popular desde los tiempos de Rajoy siga cosechando
derrotas. Los defensores-del enemigo el consejo-son mayoritariamente
tertulianos de izquierda, pero también los hay del otro lado de la mesa de tertulia,
melifluos que sueñan con una gran coalición con el PSOE del camarada Sánchez
que haga sobrevivir el régimen peronista que con tanto esfuerzo nos dimos los
españoles. Son los mismos que alborozados celebran un acuerdo para el reparto
del poder judicial porque entienden que la justicia no emana del pueblo sino de
los partidos políticos.
Luego están los defensores
políticos de esa dupla perversa, socialistas y comunistas que cargan contra
Ayuso con denuncias sin mucho fundamento, alegatos atropelladamente redactados
y presentados ante la autoridad correspondiente que acabarán en el archivo por
la vía de urgencia. Estos elementos digieren mal el éxito de Ayuso porque no
asimilan que mucho votante del PP en Madrid sea clase trabajadora y no
funcionario de élite. Como ese conductor de autobús que el domingo, atrapado
entre la marea humana que pedía la cabeza de la dupla morigerada, manifestó que
él era de Ayuso cuando le preguntaron sobre el atasco en el que se veía
envuelto. No falta tampoco la preocupación de los nacionalistas vascos, quienes
temen que la crisis del PP provoque un crecimiento de VOX, único partido que
parece dispuesto a dejar al PNV sin nueces que recoger.
Como se podía esperar, eran
muchos los que deseaban que la dupla centrada aguantase el tirón y cerrase en
falso esta crisis, y para eso se reunieron ayer los más fieles de Casado en un
cónclave que duró muchas horas y que no despejó ninguna incógnita. Nueva reunión
la próxima semana con los llamados barones del partido, aunque algo parece
moverse con la postulación de Feijóo para tomar las riendas de la calle Génova,
decisión que provoca alivio entre los enemigos del Partido Popular por el
talante del personaje, un tipo que pretender imponer el idioma gallego por encima
de la realidad social y que no tiene empacho en afirmar que su partido debería
moverse hacia un ¡socialismo moderado! Hacia eso llevaba el viaje al centro, a ninguna parte.
Acabáramos.