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miércoles, 30 de junio de 2010

Por fin




Se ha ido acostumbrando la gente a quejarse de vicio, o por costumbre, que no es otra cosa que hablar por hablar y sin documentación alguna en la que se amparen las palabras que salen por la boca de la incultura y la desinformación. Y así, día tras día, lamentaba el pueblo la tardanza en la resolución de un contencioso que duraba mucho, demasiado. Ni hablar, oiga, quia, eso han sido cuatro días. La sentencia del magno y excelso intérprete constitucional sobre el famoso estatuto no pone fin a tres o cuatro años de recursos, mangoneos y trapicheos varios para decidir algo tan básico como el ajuste y encaje de una norma en otra superior y rectora de todo un ordenamiento: es ni más ni menos que la culminación de un proceso, aquella transición tan glorificada por muchos y entendida por pocos, que ha durado algo más de treinta años. Se ha cerrado, por fin, toda una época, la que trajeron los señoritos del franquismo con sus traumas freudianos en connivencia con una izquierda irresponsable y guerracivilista y unos nacionalistas que ya asomaban la patita. Se emprende ahora otro camino sin rumbo ni objetivo y sin que valga ya aquel viejo romanticismo de Cela cuando afirmaba qué hermoso era ser soldado de infantería y sentirse el amo del mundo a pie y sin dinero. Triste e inútil retórica para los tiempos que corren. Lástima que algunos, padres de la criatura retirados en una suerte de olvido permanente, ya no tengan luces para contemplar y admirar sus obra ni memoria para felicitarse.

lunes, 28 de junio de 2010

Camaradas


Fuero del Trabajo

Renovando la tradición católica de justicia social y alto sentido humano que informó la legislación de nuestro glorioso pasado, el Estado asume la tarea de garantizar a los españoles la Patria, el Pan y la Justicia.
Para conseguirlo atendiendo, por otra parte, a robustecer la unidad, libertad y grandeza de España acude al plano de lo social con la voluntad de poner la riqueza al servicio del pueblo español, subordinando la economía a la dignidad de la persona humana, teniendo en cuenta sus necesidades materiales y las exigencias de su vida intelectual, moral, espiritual y religiosa.
Y partiendo de una concepción de España como unidad de destino, manifiesta, mediante las presentes declaraciones, su designio de que también la producción española, en la hermandad de todos sus elementos, constituya una unidad de servicio a la fortaleza de la Patria y al bien común de todos los españoles.
El Estado español formula estas declaraciones, que inspiraran su política social y económica, por imperativos de justicia y en el deseo y exigencia de cuantos habiendo laborado por la Patria forman, por el honor, el valor y el trabajo, la más adelantada aristocracia de esta era nacional. Ante los españoles, irrevocablemente unidos en el sacrificio y en la esperanza, declaramos:...

Días atrás, en una de esas tediosas jornadas que sólo el parlamento puede ofrecer, se producía una situación extraña, anormal allí donde siempre reina el prietas las filas: el camarada Alonso exhortaba al camarada Gutiérrez a votar a favor de la derogación del Fuero del Trabajo como último y definitivo paso- ahora que ya no quedan estatuas ecuestres que derribar- en la liquidación del franquismo y sus instituciones. Gutiérrez, posiblemente el último camarada, decidía abstenerse y romper, al menos un poquito, la disciplina de voto y partido, quizá por añoranza de un pasado combativo en las barricadas de la burocracia, quizá por no querer cepillarse tan exhaustiva protección al trabajador. Malos tiempos, camarada Gutiérrez, para la lírica.

viernes, 25 de junio de 2010

El bueno



El bueno, el que pone las cosas en su sitio, el que siempre garantiza un final feliz: que nadie nos robe la sonrisa, pues hemos pagado la entrada.