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jueves, 8 de mayo de 2014

Del fascismo



Cospedal, un talento sólo comparable a González Pons y Floriano, dice que los ataques a políticos, especialmente aquellos dirigidos contra las sedes del PPCatalà, son fascismo. Fascistas decía Rosa Díez que era aquellos otros que reventaban sus actos en Barcelona, pero ella se va de la mano del Presidente del Congreso a presentar un libro de un diputado de ERC que glosa la independencia de Cataluña en plan amistoso, nada fascista, con España. Quede ahí la amistad, en presentar una obra del mismo individuo que de manera tácita y desde las mejores tribunas te manda a sus jóvenes airados a reventar tus actos políticos mientras te llaman fascista y españolaza. Cuando Zapatero se sacó de la manga su legislación sobre la memoria histórica estaba ajustando cuentas de manera retrospectiva con el fascismo, echándolo a una de esas cunetas tan españolas y guerracivilistas sin necesidad de mayor liturgia y previa identificación y recuperación de los buenos muertos que en ellas morasen. Pero años después parece que el fascismo sigue más vivo que nunca y liándola parda, con unos y otros viendo fascistas por doquier y la policía, eso dicen, a su busca y captura. Y uno, en su ingenuidad, creyendo que los últimos elementos del fascio eran aquellos tipos que entraron en la librería Blanquerna al grito de Viva España.

martes, 6 de mayo de 2014

Hacia una nueva fiscalidad


Parece ser que los expertos que asesoran al gobierno en una eventual reforma fiscal aconsejan gravar la vivienda habitual, propuesta que por parte del Ejecutivo, y dada su impopularidad, se guarda en un cajón para una nueva y  más tranquila legislatura. De llevarse a cabo el despropósito, se generarían situaciones curiosas: si la vivienda ya está gravada con una hipoteca, lo más habitual, nos encontraríamos con una fiscalidad sobre un bien que ya está más que devaluado, incluso en algún caso, una vez descontando el capital pendiente sobre el precio de mercado, con un saldo negativo para el propietario. Por no hablar de que sobre ese inmueble ya lanzan su dentellada anual los ayuntamientos con el impuesto correspondiente. Sería algo tan surrealista como exigir el impuesto sobre la renta a una persona que no ha trabado pero que-¡ojo!-podría haberlo hecho, bien por no haber podido, bien por no haber querido. O reclamar el impuesto de sociedades a quien no ha montado una empresa en su vida pero tenía, y sigue teniendo,la capacidad de obrar suficiente para ello. A este paso, no sólo se recuperará el impuesto de sucesiones sino que llegado a una cierta edad el hipotético causante se le tendrá por muerto a fin de que sus deudos tributen como si ya hubiesen heredado. ¿Y si se elimina la deducción por vivienda con carácter retroactivo? Pues a devolver las deducciones de todos esos años con los correspondientes intereses.

Todo muy kafkiano, sin duda. Como aquella propuesta, que por ahí ronda, de que los parados trabajen sin cobrar, pero con esta nueva fiscalidad se cerraría el debate sobre la famosa Curva de Laffer: existiendo siempre un hecho imponible por la santa voluntad del recaudador y con independencia de su realidad objetiva, los ingresos, aún con tipos impositivos altos, siempre estarían garantizados. 

viernes, 2 de mayo de 2014

Odia el plátano...



...y compadece al platanero. A falta de brotes verdes, entelequia que solo aprecia Paquito Marhuenda porque le va en el sueldo, el gomierdo de la nación ha decidido declarar la guerra al racismo, mal endémico desde la época de los Reyes Católicos y auténtica preocupación del pueblo. El plátano, antaño metáfora del nabo erótico, ha pasado a a ser arma de destrucción masiva y racista, fomentando el odio y la discriminación, de ahí que las fuerzas de seguridad del Estado, a falta de otros frentes a los que atender más allá  de la pornografía infantil, pongan todo su empeño en buscar y trincar a un fulano que tira un plátano a un multimillonario futbolero.

Fue el exceso de afán litigioso en los españoles la razón que llevó a Gallardón a perpetrar una ley, la de tasas judiciales, que bajo el pretexto de reducir expedientes sólo buscaba, entre otras cosas inconfesables, dejar a los jueces con más tiempo libre para dedicarse a su verdadera vocación, la política, y si bien el ámbito penal está exento, de momento, de esa mordida socialdemócrata, no es de recibo que un ciudadano sea puesto a disposición de un ropón por tirar un plátano desde la grada cuando el propio Fiscal General del Estado reconoce su propia incapacidad para perseguir tanta corrupción. Salvo que tan alto prócer sea el último mono, claro.