De todas las reacciones que la
moción de censura de Sánchez contra Rajoy ha provocado entre el personal afecto
a la mamandurria ha sido la mejor, sin duda alguna, la última ocurrencia de
Ciudadanos, una propuesta que, además de nacer muerta, pretende salvar la
patria de la conjunción de sus tradicionales enemigos, pero que lo único que hace es demostrar que el partido naranja es otra
pata más del mismo banco de siempre, el del Consenso del 78.
Ofrecer una terna de ilustres
socialistas-Redondo, Jáuregui y Solana-para liderar la moción en lugar del pérfido Sánchez es casi tan cómico como obsceno. Soslayando la valoración de la talla
política de los elegidos, que a estas alturas no merece la pena por absurda,
ante una propuesta tan audaz se pregunta uno en qué aspectos han visto los
nacionalistas catalanes el neofalangismo del que acusan a Rivera y sus gentes.
No será por la audacia de sus propuestas de regeneración-no digamos
revolución-ni por la juventud, véase la edad de la terna, de los líderes elegidos
para la empresa. Qué viejo, y caótico, es todo.