Sabíamos que la alcaldesa de Barcelona había decretado barra libre para los manteros y sus productos apócrifos, que incluso había reconocido a estas gentes la libertad sindical en una actividad ilegal, amén de ordenar a su propia policía que mirase para otro lado en esta peculiar venta ambulante, pero permitir una protesta a las puertas del Ayuntamiento sería el no va más del surrealismo si no estuviéramos curados de espanto. Pero como en el Ostfront toda estulticia es superable, ahí tenemos en esa misma plaza a la policía autonómica, no se olvide que es policía judicial, que ejerce de Don Tancredo y mira para otro lado ante la flagrante comisión de un delito. Para rizar el rizo, y por disimular un poco ante turistas de países serios donde impera la ley, tampoco aparece la policía nacional para pedir papeles y verificar posibles, por no decir seguras, infracciones de las normas sobre extranjería. Nada igual se veía desde que aquel Torres-Dulce se fue a una tertulia de cine mientras Mas anunciaba públicamente que iba a conspirar por la independencia.
lunes, 30 de noviembre de 2015
lunes, 23 de noviembre de 2015
De la bendita inocencia
Conocido es el dicho que sentencia que nada sale más caro que un hijo tonto. En este caso, por contra, el tonto de remate es el padre, que frente a la tierna y asombrosa lucidez del niño contrapone el buenismo que hasta aquí nos ha traído. Contra las pistolas de los malos, flores y velas, una versión progresista muy sobada por estos pagos de aquel Sermón de la Montaña que consagraba poner la otra mejilla frente a la perversión del ojo por ojo y el diente por diente. Sermones al margen, lo malo es que la historia se volverá a repetir-de hecho ya lo hizo este pasado viernes a una cierta distancia de París-y entonces, como es sabido, lo hará como farsa, de ahí que el niño con la misma lucidez y cargado de razón podrá llamar farsante al padre.
viernes, 20 de noviembre de 2015
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