Se fue Josemari al Congreso y dijo más o menos lo que todos esperaban y muchos deseaban oír: que no está contra nadie, que está con los españoles. Casi a la misma hora andaba Mariano reunido con sus barones en la apasionante lidia del déficit público, concepto difuso que ahonda las diferencias entre españoles en función de su lugar de residencia. Curiosamente, en el acto del ex presidente se presentaba una biografía de Cánovas del Castillo, el artífice de la abolición de los fueros, una iniciativa legislativa que buscaba la entrada de España en la senda liberal a través de la igualdad jurídica y económica de todos lo españoles. Claro, que el mismo Cánovas creó la figura del Concierto Económico, lo que para las gentes vascongadas supuso una amplia autonomía administrativa y financiera que todavía sigue vigente. Si no fuera por el escozor que debe sentir tras la acometida del músculo de Aznar, Mariano se habría escapado de sus barones para plantarse en las Cortes, pedir un ejemplar de la vida de ese prócer de la patria con dedicatoria de su antiguo mentor, volver a Génova 13 y decir a los suyos que ya lo decía Don Antonio, y así lo aplicó el presidente de FAES en sus ocho años de gobierno, que todos somos iguales pero que unos lo son más que otros. Y levantar la sesión.
miércoles, 29 de mayo de 2013
lunes, 27 de mayo de 2013
Iminbuitxó (Iminwichon)
Por Tolerancio
El primer capítulo
de las memorias de Kim il Sung, todo un best
seller en las librerías norcoreanas, de hecho es el único libro disponible
en las estanterías, se titula Mi familia.
Ese capítulo fundamenta las querencias dinásticas del régimen. Es sabido que la
familia tradicional no es una institución del agrado de los capitostes
socialistas de todo tiempo y lugar, salvo si se trata de las suyas.
Nuestro Gran
Timonel, nuestro Querido Líder, y padre espiritual de la renacida patria
catalana, Jordi Pujol i Soley, también ha instaurado el culto a la familia, la
suya, claro, que es la porción de la patria que tiene más a mano. Cierto que Jordi
Pujol ha entendido el culto a la familia en un sentido prospectivo más que
genealógico, procurando un futuro holgado y confortable a sus descendientes,
que han replicado con sorprendente mimetismo la singular pericia de su progenitor
para triunfar en la política y en el enrevesado mundo de los negocios.
La diferencia
entre Kim il Sung y Jordi Pujol
es que el primero rinde en su testamento político un afectuoso recuerdo a sus
antepasados, a sus abuelos Kim Po Hyon (que, fonéticamente, dicho del tirón por
un catalanohablante puede dar lugar a equívocas interpretaciones) y Kan Ton Uk,
y a su padre Kim Hyong Jik, nacido bajo la dinastía feudal de los Ri, en
tiempos del emperador Kojong (que, a oídos de ese mismo catalanohablante, forma una dupla
sensacional, simbiótica, con el abuelo paterno del interfecto) y al que nos
presenta en su ditirámbica autobiografía como un héroe nacional coreano en la
sostenida lucha de liberación de ese pueblo indómito contra la ocupación
japonesa. En tanto que Jordi
Pujol nunca ha dicho gran cosa de su padre, cuando la
trayectoria de éste, desvelada recientemente en un suplemento dominical de El Mundo, demuestra eso que tantas veces
se ha dicho, que de casta le viene al
galgo… pues, no en vano, el abuelo Pujol abrió la senda familiar rumbo a
Suiza, figurando por méritos propios en el top
ten de los evasores de divisas a finales de los años 50, claro que con el
patriótico y loabilísimo afán de sustraer sus caudales a la rapiña
confiscatoria de las autoridades españolas.
Otras son las
similitudes que un observador imparcial advertirá entre ambos espíritus
emprendedores. Así como Kim il Sung, cual un asceta entregado a sesudas
cavilaciones, recorrió el camino de Mil Ris hasta dar con el busilis
doctrinario, el iminwichon, que
redimiría a su pueblo amado del calamitoso estado de postración en que se
hallaba a fuerza de tiranías e invasiones extranjeras, Jordi Pujol a bordo de
su SEAT 600 recorrió en la década de los 60 toda Cataluña, pueblo a pueblo,
para captar el pálpito de sus gentes y difundir con discreción las infinitas
bondades del catalanismo, pensando en un futuro promisorio que se haría
realidad en cuanto se apagara la lucecita de El Pardo.
Los hitos del
itinerario, Walthanri, Hwaphyong o Huksu, en un caso, o Capolat, Palausator u
Hostalets de Pierola en otro, conforman las etapas de ese común viaje
iniciático. Kim, metido a santón, a profeta libertador de su pueblo, redactó su
mesiánico ideario en las estribaciones del sagrado monte de Myohyang, nos dice
su exegeta, paisano nuestro, Alejandro Cao de Benós de Les y Pérez, ahí es
nada, parecidamente a las enjundiosas meditaciones de nuestro héroe aborigen en
las adustas celdas de la benedictina abadía de Montserrat. Algo tienen los
montes más emblemáticos que de sus cimas descienden, tras su retiro espiritual,
los grandes hombres con las tablas de la ley en las alforjas o con el magín
repleto de ideas estupendas.
Podrán ser muchas
las diferencias doctrinales entre uno y otro, pero en un punto coinciden ambos:
en el ya aludido iminwichon, que en
catalán daría iminbuitxó, nudo
gordiano de sus credos respectivos. La teoría del iminwichon se resume en un solo punto: El pueblo es el cielo, no en un sentido atmosférico o geográfico,
sino lírico, metafórico. Ese cielo incontaminado, es un decir, surcado por aves
de elegante vuelo, y cutinosas nubes de blanda consistencia, hacia el que
alzamos nuestra temerosa mirada, es la imagen más perfecta y atinada de los
pueblos norcoreano y catalán, que conservan su angélica inocencia en medio de
la tornadiza suerte que les ha deparado el devenir, rodeados ambos de enemigos,
de lobos hambrientos, de hienas, de voraces alimañas prontas a hincar sus
colmillos en sus carnes derrengadas y sorber su sangre con babeante y
expoliadora excitación.
Hay más
similitudes, pero por no fatigar a los condenados de esta legión clandestina,
ni agotar la paciencia de nuestro gentil anfitrión, resaltaré sólo una: la
numerológica. En efecto, los regímenes norcoreano y catalán se hermanan en su
común devoción por el simbolismo numérico. Los descendientes de Kim il Sung
rinden pleitesía al número 9, pues un nueve de septiembre se proclamó la República Popular
de Corea del Norte y se especuló mucho con que Kim Jong Un lanzara sus misiles Musudan contra posiciones enemigas los
pasados 14 o 23 de abril, por sumar sus cifras 9, 1+4+4 y 2+3+4, mientras que a
los herederos de Pujol se les hace la churra agua con el nuevo número PI, que
no es 3’14, el cociente entre la circunferencia y su diámetro, sino el número Por la Independencia ,
PI, cuyo valor es 17’14. Así es, la bandera del futuro museo del Borne,
consagrado a la causa del soberanismo, ondeará en un mástil con una longitud de
17’14 metros al tiempo que dicha bandera tendrá una superficie de 17’14 metros
cuadrados. Lamentablemente tan fastuoso estandarte no costará a las arcas
públicas 17’14 €. Los espectadores más vocingleros del Camp Nou profieren el
grito escalado de in, inde, independencia,
en el minuto 17 y 14 segundos de cada partido. Y ya se dice en los mentideros
nativos que los buenos catalanes deberíamos cepillarnos los dientes 17’14 veces
al día y engendrar en nuestra vida fértil 17’14 hijos, aunque en ambos casos se
pierda un poco el sentido de los decimales.
He sobrepasado el
límite asignado de 17’14 líneas para poner de manifiesto los paralelismos
existentes entre Kim il Sung y Jordi Pujol y por ello les pido disculpas 17’14
veces.
viernes, 24 de mayo de 2013
Vuelve el hombre
Como aquel viejo anuncio en el que una maciza en moto buscaba a Jacq´s, ha vuelto Aznar buscándose, y también gustándose, a sí mismo, y erigiéndose, como bien resaltaba un columnista, en el auténtico jefe de la oposición. Será pura coincidencia pero resulta curioso, por aquello de que la mejor defensa es un buen ataque, que la entrevista se produjese el mismo día que se conocían detalles poco gratificantes sobre la boda de su hija y el regalo de un invitado nada recomendable, de ahí que nuestro hombre dividiese su tiempo en repartir leña al grupo PRISA y al gobierno del tipo que él mismo designó para continuar su obra, o lo que es lo mismo, matar al mensajero e injuriar al indigno heredero.
Sacaba pecho el hombre y marcaba paquete cuando hablaba de los cinco millones de empleos creados durante sus ocho años de gobierno, cifra que siempre se me ha antojado tan abultada como las que dan por los organizadores de una manifestación, y ligaba tal hazaña con la bajada generalizada de impuestos-otra cuestión discutible-que impulsó su ejecutivo. Era una forma aguirresca de mostrar su faceta más liberal para acto seguido afirmar que él sí bajaría ahora los impuestos, justo lo contrario que hace y seguirá haciendo un socialdemócrata y voraz Montoro, un tipo que, mire usted, ocupó el mismo cargo en aquellos tiempos del España va bien. Aunque dado su natural rencoroso, era también un lamento que expresaba su malestar y frustración al comprobar cómo todos sus hijos putativos-los naturales son fantásticos y matrimonian de maravilla-le salen rana.
Dicen que nuestro hombre está molesto con su partido porque no le presta el apoyo debido ante el vendaval desatado por los papeles de Bárcenas y el eco mediático que al asunto brinda el diario de Cebrián, omitiendo maliciosamente, mientras se regodea con la mala situación económica del antaño independiente de la mañana, que es la vice Soraya la que más está trabajando para reflotar el que fuera imperio de Polanco. Y es ahí, en esa soledad ante el enemigo más despiadado y sectario, donde el músculo de Josemari se empieza a desinflar con rapidez y sin remedio por mucho que apele a su conciencia, al partido y a la patria, valores todos ellos muy hermosos que para su desgracia poco pintan en un partido que si tiene principios, todo un enigma, son como su programa: perfectamente modificables.
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