Parece que los alemanes quieren
empezar a deportar a todos aquellos extranjeros que anden ilegalmente por su
país, pero si tenemos en cuenta que los países de origen de los candidatos a la
deportación no los van a acoger, ni siquiera los reconocen como sus hijos,
entonces, cuál será su destino. Ahí es cuando los españoles podemos afirmar que tenemos un problema, pues cobra fuerza la
hipótesis de que vengan a España, ya que existen unos acuerdos en ese sentido firmados en su
día por el camarada Sánchez y la ex comunista Merkel.
¿Y no quedan otros países en los
que colocar a ese multiculturalismo excedente que tanto nos enriquece? No
lo parece. La única explicación, cómica si se quiere, y al margen de que no pintamos nada en el
concierto internacional, es que nos hallamos ante una venganza-plato que se
sirve frío-por el chuleo de Franco a Hitler en Hendaya en 1940.
El problema es que el camarada Sánchez no es un estadista como el Caudillo y
además desconoce la historia, pues sería muy fácil proponer al canciller Scholz
la deportación de esos extranjeros a Madagascar. Sería echar balones fuera y resucitar aquel plan alemán que
pretendía trasladar a esa isla a todos los judíos de Europa. Pero no será así.



