La guerra de Ucrania ha
consagrado, más si cabe, a Putin como la personificación más absoluta del mal,
de ahí que ahora todos los desastres, inclusos los más domésticos, se achaquen
al ex agente del KGB. Así, el camarada Sánchez no ha tenido reparo en designar a
esa guerra como la culpable del precio astronómico de la luz, del combustible y
del gas, y a este paso, es sólo cuestión de tiempo, correrá la misma suerte la
mal llamada violencia machista, mal endémico que este año ha pasado un poco
desapercibido en unos muy devaluados fastos del 8-M.
Estamos, pues, ante un cambio de tendencia
en la búsqueda de un chivo expiatorio: Franco abandona, sólo de momento, el
terreno de juego y entra el perverso Putin adornado con todo su arsenal nuclear.
Consecuencia de esta sustitución es que por estos pagos ha pasado casi desapercibido el pacto entre PP y VOX para gobernar en Castilla y León, lo que
según la progresía es una vuelta del franquismo a las instituciones, aunque
éstas sean autonómicas. Y es que Franco, como el Cid, sigue ganando batallas
tras haber muerto: quizá por eso necesita un relevo. De momento, y con permiso
de Vladimir.
