Hay que reconocer que el Régimen
del 78 tiene cosas graciosas y brinda momentos inolvidables. Especial mención
merece en ese choteo el reparto de la justicia entre PSOE y PP: como el
Estado de Partidos es una comedia, ahí están el camarada Sánchez y el aspirante
Casado tirándose los trastos a la cabeza mientras bajo mano se reparten los
ropones de las más altas instancias, no sea que, morigerado y atontado el
pueblo, sean sus ilustrísimas señorías los que echen abajo el sistema con
resoluciones incómodas que denoten una cierta independencia, que ya es ser
optimista, pero el que usurpa el poder-sic semper tyrannis-nunca duerme
tranquilo.
Y así, como el pasteleo que exige
el guion obliga a Casado a tragar hasta con la elección de jueces afines a ¡Podemos!,
tenemos al ropón Sáez Valcárcel aupado al Tribunal Constitucional. Puede
resultar chocante que a ese órgano llegue un tipo que afirma que quemar fotos
del Jefe del Estado no es otra cosa que un acto ritual, pero en el Régimen nada
es chocante por mucho que lo parezca. ¿Acaso un juez comunista va a dinamitar un sistema al que tanto debe? Ni uno de Bildu, oiga.