En este año de la peste y del experimento comunista no gana
el pueblo para duelos y el gobierno para fiestas. Y así, mientras el personal sin
trabajo no cobra el subsidio y guarda cola-con distancia reglamentaria de dos
metros- en los bancos de alimentos, el Misterio de Igualdad-en la pobreza,
cabría añadir-riega con cien millones de euros a las comunidades autónomas para
que luchen, es un decir, contra la violencia de género. Quizá este dispendio obedezca a la
posibilidad de que el final del estado de alarma, con la reapertura de los
juzgados, genere un aluvión de denuncias de estos ilícitos, y todo como
consecuencia de un confinamiento demasiado largo para el que nadie estaba preparado.
Porque debe saberse que esta violencia genera sentencias pero sobre todo
ayudas, subsidios y demás martingalas.
A simple vista este derroche de
dinero puede parecer una contradicción insoportable si atendemos al desastre
económico general, pero sabido es que para la izquierda el dinero público no es
de nadie. Por otra parte, y si se trata de contradicciones patrias, qué hay más
extravagante y contradictorio que la Guardia Civil protegiendo la dacha del
marqués de Galapagar frente a la cacerolada popular. Puestos a seguir soltando ayudas,
que repartan cacerolas: tal vez se llenen
de comida, aunque sea de la beneficencia.


