Qué
fue la Transición, me preguntaba mi hija no hace mucho. Cosas del colegio, me dice ante mi incredulidad. Pues
la Transición y también el llamado Consenso que la alumbró son cosas que
cuarenta años después siguen gozando de buena salud, desplegando unos efectos
que sólo complacen a la casta política y que pagan ciudadanos y contribuyentes.
Si la pregunta me la hiciese hoy, sería más escueto pero también más claro y
contundente: la Transición es que un terrorista convicto y confeso como Arnaldo
Otegui colabore para sacar adelante una ley de arrendamientos urbanos, entre
otras disposiciones para convalidar. ¿Y por qué entonces dice este sujeto que el Régimen del 78 está en
crisis? Pues para mejorarlo y que perdure cuarenta años más. Venga ese abrazo,
el de la Transición.
domingo, 7 de abril de 2019
jueves, 4 de abril de 2019
A vueltas con el odio
La Fiscalía odiosa de Valencia,
es decir, la especialista en delitos de odio (¿no son odiosos todos los
delitos?), ha abierto diligencias contra el número dos de VOX por afirmar que
el enemigo común es la invasión islamista. Veremos cómo acaba el asunto, pero
mucho tememos que no acabará en la papelera de la fiscalía y que Ortega Smith se sentará en el banquillo como lo tuvo que hacer García Albiol cuando arremetió contra los
chorizos rumanos que asolaban Badalona. Absuelto, pero con pena de banquillo,
que en el caso de VOX siempre será pena de telediario, con los perros rabiosos
de los presentadores abriendo el espacio con los epítetos de ultras, fascistas,
machistas y xenófobos para los de Abascal.
Malos tiempos para la lírica con
estos delitos de odio que en el Código Penal lucen el nombre rimbombante de
delitos cometidos con ocasión del
ejercicio de los derechos fundamentales y de las libertades públicas garantizados
en la Constitución. Curioso y grotesco, porque hasta ahora uno creía que era la
libertad de expresión uno de esos derechos estrella, pero parece que no. Que se lo
digan a un cliente mío al que le piden más de un año de prisión por llamar moro
de mierda a un vecino que le hacía la vida imposible. El hombre, en su ingenuo descargo, alega que cómo va a
cometer un delito de odio él, que es gay de reconocido prestigio en su pueblo. Ah, el wishful thinking. Pleitos de odio tengas
y los ganes. Es lo que hay.
martes, 2 de abril de 2019
Una estadística
Ayer, coincidiendo con el que antaño era llamado Día de la Victoria, acudió Pablo Iglesias al cementerio de Paterna para ver los trabajos de exhumación de una fosa donde podría estar enterrado un tío suyo, represaliado por el franquismo. Resulta conmovedor-justicia poética-contemplar las lágrimas de un estalinista convencido ante una fosa común, pues es más que sabido que nadie ha enterrado a más gente en esos nichos comunitarios que los ejecutores del socialismo real. Y es que la hipocresía del líder podemita no hace sino soslayar aquella célebre sentencia del padrecito Stalin: la muerte de un hombre es una tragedia; la muerte de millones es una estadística. La desmemoria, en fin.
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