Arranca la campaña andaluza y el
doctor Sánchez se presenta en la tierra del paro diciendo que hay que movilizar
el voto progresista, que no de progreso, para frenar a las derechas. Las derechas, he ahí el hallazgo, el
sintagma, el mismo que se invocaba en la turbulenta II República para ir
preparando el exterminio de todos aquellos que no eran del Frente Popular. Y como nada es casual y todo se va repitiendo, sin prisa pero sin pausa, un exterminio era lo que
exigía la turba que el otro día intentó reventar un acto de VOX-la única
derecha-en Murcia, al grito de “os liquidaremos como en Paracuellos”, matanza
de la que en estas fechas se conmemora el aniversario. El Consenso era esto, ir a por las derechas.
lunes, 19 de noviembre de 2018
jueves, 15 de noviembre de 2018
El horno final
La Generalidad valenciana, que es
incluso peor que la catalana, había decidido prohibir la incineración de obesos
mórbidos, y todo para no contaminar más de lo razonable. Una vez muertos, se
entiende. Pero ha sido visto y no visto: tras un cierto clamor en contra, con mucho ruido mediático producto de la mala imagen de los hornos crematorios, la autoridad ha reculado y guarda el decreto para mejor ocasión, porque uno barrunta que este amago ecológico tendrá continuidad más adelante, y si no al tiempo. Ya amainará.
Dicen que la muerte iguala a todo el mundo, pero no lo considera así un gobierno curiosamente de izquierdas. Hace años se puso de moda la incineración, quizá para hacer la pascua a la religión, pues parecía que el fuego era menos sagrado que la tierra y sus gusanos, pero no tardaron en llegar las restricciones, en especial, según me cuentan, en lo referente a echar cenizas al mar, que alguno ya ha sido multado por la autoridad competente, marítima por supuesto. Y es que los muertos, como la basura, tienen mala transición hacia la nada, qué hacer con ellos pese a que ya no dan ruido. Y mucho peor si la urna con las cenizas pesa un quintal.
Dicen que la muerte iguala a todo el mundo, pero no lo considera así un gobierno curiosamente de izquierdas. Hace años se puso de moda la incineración, quizá para hacer la pascua a la religión, pues parecía que el fuego era menos sagrado que la tierra y sus gusanos, pero no tardaron en llegar las restricciones, en especial, según me cuentan, en lo referente a echar cenizas al mar, que alguno ya ha sido multado por la autoridad competente, marítima por supuesto. Y es que los muertos, como la basura, tienen mala transición hacia la nada, qué hacer con ellos pese a que ya no dan ruido. Y mucho peor si la urna con las cenizas pesa un quintal.
Si no ahora, será más adelante cuando los gordos paguen el exceso normativo del progresismo y los
ataques indiscriminados del ecologismo, dos lacras que siempre van de la mano y a las que nadie echa el guante. Señalados
en vida y también en la muerte, para estos enfermos no hay discriminación positiva que
valga, si bien siempre podrán planificar el rito con la suficiente antelación
para que el óbito les coja en un taifa menos restrictivo en esto de hornear. Y si no, que acudan, ellos o sus deudos, al Tribunal
Constitucional, que en cosas más livianas ha metido las narices hasta
quemarse el máximo intérprete de la cosa igualitaria.
lunes, 12 de noviembre de 2018
El badulaque
Tras el susto del francotirador
que iba a por el doctor Sánchez, vuelve la normalidad, que siempre es obscena cuando se trata de la política nacional, y lo hace de la mano de los pactos de la justicia. PP y PSOE, que habían
roto relaciones hace cuatro días por un quítame allá esas pajas, han firmado la paz para proceder al habitual
reparto de poder en el Consejo General del Poder Judicial. Un conservador al
frente de un Consejo más progresista, con cambios importantes en la sala que
juzgará a los golpistas catalanes, cada vez más sediciosos y menos rebeldes. Ciudadanos no rasca bola y se queja de la
imagen que ofrece la justicia, un supermercado según Rivera, si bien más parece
un badulaque por lo que tiene de rancio. ¿Y Podemos?, pues en su línea, exigiendo
una mujer al frente de tan poco aseado órgano. Un bombero, Echeminga, que sea un bombero. O un torero. Por pedir.
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