Se ha sabido con notable retraso
que la policía autonómica catalana ha detenido a un hombre, presunto
ultraderechista, que anunciaba en redes sociales su intención de acabar con la
vida de Pedro Sánchez, y todo por el ansia del Presidente por exhumar a Franco.
Una de las bazas de los investigadores, avalada por el juez que lo ha mandado a
prisión provisional sin fianza, es que era un gran tirador, contando con
permiso de armas y un buen arsenal en su casa. Alarma social en grado superlativo.
Nada igual se veía desde que Lee
Harvey Oswald iba dejando un reguero de pistas como paso a previo a ser fulminado a
su debido momento. Pero por lo que se va sabiendo, y aquí principia lo extraño
del caso, nuestro magnicida frustrado es otro que, como el ex marine, deja
mucho que desear dando en el blanco. ¿Veremos algún día el arsenal incautado?
¿Tendremos una especie de Comisión Warren? ¿Sabía el hombre manejarse con el
WhatsApp o fue usurpada su personalidad por un tercero infiltrado? ¿Era en
verdad un franquista o siempre votó al PSOE? Interrogantes que flotan en el
ambiente y que necesitan respuestas. Al menos, nuestro Oswald parece que sigue
vivo en prisión contando sus hazañas a presos y funcionarios, disfrutando de los cinco minutos de gloria a los que tiene derecho. Algo hemos ganado.



