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viernes, 9 de noviembre de 2018

La conspiración de Terrassa




Se ha sabido con notable retraso que la policía autonómica catalana ha detenido a un hombre, presunto ultraderechista, que anunciaba en redes sociales su intención de acabar con la vida de Pedro Sánchez, y todo por el ansia del Presidente por exhumar a Franco. Una de las bazas de los investigadores, avalada por el juez que lo ha mandado a prisión provisional sin fianza, es que era un gran tirador, contando con permiso de armas y un buen arsenal en su casa. Alarma social en grado superlativo.

Nada igual se veía desde que Lee Harvey Oswald iba dejando un reguero de pistas como paso a previo a ser fulminado a su debido momento. Pero por lo que se va sabiendo, y aquí principia lo extraño del caso, nuestro magnicida frustrado es otro que, como el ex marine, deja mucho que desear dando en el blanco. ¿Veremos algún día el arsenal incautado? ¿Tendremos una especie de Comisión Warren? ¿Sabía el hombre manejarse con el WhatsApp o fue usurpada su personalidad por un tercero infiltrado? ¿Era en verdad un franquista o siempre votó al PSOE? Interrogantes que flotan en el ambiente y que necesitan respuestas. Al menos, nuestro Oswald parece que sigue vivo en prisión contando sus hazañas a presos y funcionarios, disfrutando de los cinco minutos de gloria a los que tiene derecho. Algo hemos ganado.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Habló el VAR




Habló el VAR. Tras reñida votación, la liturgia del foro así lo demandaba, se ha decidido que todo siga como estaba, y que el prestatario de una hipoteca siga pechando con los gastos de un impuesto absurdo y nada progresivo. Clama el pueblo airado, ¡la Banca siempre gana!, cuando en realidad la que gana es la insaciable administración en su variante autonómica, que quizá sea la peor de todas, recaudando una mordida nada desdeñable que financia la gran hipoteca de los españoles, el Estado de Partidos y sus tentáculos.

Mientras el gobierno, que puede tomar la iniciativa legislativa para fulminar el impuesto, mira al tendido encabronado, el socio populista llama a rodear la sede del Tribunal Supremo: curiosa contradicción la de este neocomunismo de funcionarios que anima a la gente a adquirir propiedades hipotecándose hasta las cejas para luego, llegado el día soñado de la revolución triunfante, traicionarlos con el ¡exprópiese! chavista. ¿Y la oposición? Pues que respeta las decisiones judiciales, qué menos para su ingenio. Aunque para ingenio gracioso el de un diputado del PP, de ésos a los que el Congreso lleva toda la vida pagándole los préstamos, que habla de consumidores de hipotecas. Estupefaciente, sin duda.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Melancolía en tierra de vándalos




Lo de ayer en Alsasua, salvado el heroísmo de los que fueron a recibir escupitajos, tiene un insoportable aire de melancolía cuya mejor expresión era la presencia entre los saboteadores del célebre etarra Zabarte, el carnicero de Mondragón, clamorosa demostración de que los etarras no necesitan reinsertarse, se mimetizan con el paisaje, pasan desapercibidos a no ser que haya un acto que les recuerde que siguen siendo españoles, los que más, como decía Bergamín.

Pero España ni está ni se le espera en esos rincones antaño tradicionalistas y que hoy, bajo el amparo de una disposición transitoria de la constitución que nadie ha querido derogar, se preparan para ser gozosamente anexionados por los compadres de  aquellas carlistadas, siendo Zabarte el carnicero una avanzadilla que no precisará ser militar para triunfar. Llegado ese día, nadie podrá alegar que no fue avisado con la suficiente antelación, por eso los valientes que ayer paseaban por el pueblo con banderas españolas y navarras para abandonarlo después con fuerte escolta eran la metáfora perfecta de una España melancólica, la que ya no existe, la que fue sepultada bajo una losa de transiciones y transitorias.