Al final, y más allá de la serie
de mi admirado y misántropo Doctor House, se acabará uno aficionando al tema
sanitario, guste o no guste. Si hace poco contábamos cómo unos médicos/as y enfermeros/as
progresistas proponían rechazar una millonaria donación de Amancio Ortega en la
lucha contra el cáncer, hoy volvemos con las donaciones, en este caso de
órganos, ya que las gentes de Compromís quieren que todos los españoles sean donantes de órganos, así, por decreto, o ley, tanto da. Que ese grupo sea separatista
valenciano, o catalán, ya no se sabe, y proponga algo de esa naturaleza para todos los españoles resulta
algo muy parecido a una invasión de competencias, pero ya conocemos la táctica del separatismo patrio: no soy español pero pongo la mano-¿hay trasplantes de
manos?-para trincar el FLA de Montoro.
No se asuste el personal reacio a
estas donaciones, ya que lo que pretenden es crear un registro de no donantes,
a diferencia de lo que ahora sucede, que el registro existente es de donantes. Es más o
menos lo que en Derecho se conoce como inversión de la carga de la prueba: si
usted es un humano, o un ente parecido, español y más o menos bípedo y mayor de
edad, guapo es indiferente pues la belleza está en el interior, es donante de órganos y tejidos, salvo que se vaya al registro oportuno,
haga cola y manifieste ante el funcionario competente que nones, que es
pesimista antropológico y padece autoodio y misantropía, por lo que a su muerte
no desea que vayan a ningún sujeto desconocido sus riñones o córneas. Algo parecido, para los que no se pronuncien, al valor en la antigua y añorada mili, que al soldado siempre se le suponía. Vuelve,
pues, una suerte de cartilla militar para los no donantes, aunque ello sea un
estigma, pero ya se sabe que en los tiempos que vivimos un estigma es ya un
toque de distinción. Y sin compromiso.


