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domingo, 11 de junio de 2017

Más donaciones



Al final, y más allá de la serie de mi admirado y misántropo Doctor House, se acabará uno aficionando al tema sanitario, guste o no guste. Si hace poco contábamos cómo unos médicos/as y enfermeros/as progresistas proponían rechazar una millonaria donación de Amancio Ortega en la lucha contra el cáncer, hoy volvemos con las donaciones, en este caso de órganos, ya que las gentes de Compromís quieren que todos los españoles sean donantes de órganos, así, por decreto, o ley, tanto da. Que ese grupo sea separatista valenciano, o catalán, ya no se sabe, y proponga algo de esa naturaleza para todos los españoles resulta algo muy parecido a una invasión de competencias, pero ya conocemos la táctica del separatismo patrio: no soy español pero pongo la mano-¿hay trasplantes de manos?-para trincar el FLA de Montoro.

No se asuste el personal reacio a estas donaciones, ya que lo que pretenden es crear un registro de no donantes, a diferencia de lo que ahora sucede, que el registro existente es de donantes. Es más o menos lo que en Derecho se conoce como inversión de la carga de la prueba: si usted es un humano, o un ente parecido, español y más o menos bípedo y mayor de edad, guapo es indiferente pues la belleza está en el interior, es donante de órganos y tejidos, salvo que se vaya al registro oportuno, haga cola y manifieste ante el funcionario competente que nones, que es pesimista antropológico y padece autoodio y misantropía, por lo que a su muerte no desea que vayan a ningún sujeto desconocido sus riñones o córneas. Algo parecido, para los que no se pronuncien, al valor en la antigua y añorada mili, que al soldado siempre se le suponía. Vuelve, pues, una suerte de cartilla militar para los no donantes, aunque ello sea un estigma, pero ya se sabe que en los tiempos que vivimos un estigma es ya un toque de distinción. Y sin compromiso.

jueves, 8 de junio de 2017

Donatarios ingratos



Al igual que ocurre con los jueces y fiscales-de momento, y por fortuna, se salvan los notarios-también existen profesionales sanitarios progresistas. Entiende uno que ese progresismo se manifiesta en una determinada forma de concebir la sanidad pública y su gestión y no en cómo tratar a los enfermos, discriminando, como suele ser costumbre en estas gentes, en función de la ideología. El caso es que una de estas asociaciones se opone a una donación cuantiosa para la lucha contra el cáncer que hace el multimillionario Amancio Ortega: como el tonto en la mili, que se joda el sargento, que no como rancho.

Más allá del odio de clase-qué lejos los tiempos en los que la izquierda se amorraba a las ubres de algún ricachón que promocionaba sus sandeces-y las ganas de dar la nota, argumentan los ingratos que lo que debe hacer el gobierno aragonés, además de rechazar el regalo, es recuperar el derecho universal a la salud, perdido, según ellos, desde el año 2012. Y es aquí, ante tamaña estupidez, cuando se descubre el talante mendaz de esos ingratos sanitarios que nos recuerda al chiste de aquel par de extranjeros: ¿sabes cómo llaman los españoles a la sanidad que pagan entre todos? Sanidad gratuita. Ante el despropósito y la mala fe, una es la conclusión irrefutable que se impone: que ninguno de los sanitarios de esa asociación está aquejado de una grave enfermedad excepto, y ésa no tiene cura, la imbecilidad.

martes, 6 de junio de 2017

Breviario



Alguien, seguramente movido por las ganas de enredar y carente de corrección política, ha tenido a bien publicar esta obra del amigo Tolerancio, un breviario clínico de la demencia nacionalista catalana recopilado por la fina ironía de un reputado resistente. Los interesados en este manual de autoayuda pueden adquirirlo en la web de la Asociación por la Tolerancia por un módico precio: las compras no le harán rico pero serán, como decía aquél, motivo de honda satisfacción para el autor.