Una imagen vale más que
mil palabras, un tópico que nunca dejará de tener su encanto y que bien refleja la realidad catalana de las últimas horas: pocos
días atrás, el diputado cupero Antonio Baños era rodeado
por otros diputados de Junts pel Sí-pel circ, según Arcadi Espada-que trataban de convencerle para que su
grupo diese el plácet a la investidura de Mas, evitando de esta
forma que el prusés descarrilase mucho antes de lo previsto.
Entre esos próceres de la patria, comiendo la oreja del disidente con esa fe que sólo atesora el converso, el
inefable Eduardo Reyes, adalid de los papafritas andaluces en
Cataluña, quien sin duda veía peligrar su recién estrenado escaño
si el perroflautismo de Baños y compañía seguía en sus
trece y forzaba nuevas elecciones.
Pero finalmente la sangre no llegó al río, y la misma imagen bien
podría haberse producido tras la investidura del nuevo President, un tipo
con apellido de fuet que promete expulsar a los invasores como Reyes: un Baños rodeado de los mismos diputados que le mostraban su agradecimiento por
el cambio de rumbo-tras la oportuna autocrítica-en la formación
antisistema, lo que no deja de ser la eterna repetición del dogma
marxista, de Groucho: estos son mis principios, si no le
gustan...Pero esta comedia espantosa es algo muy doméstico, muy
de casa nostra, pero sobre todo nada novedoso, y como bien decía un amigo en
Twitter sobre la bajada de pantalones de la CUP, esto ya lo inventó
Boadella hace mucho tiempo. Todo un déjà vu.



