Hoy se cumplen ochenta años de aquel golpe de Estado de Companys, una opereta consistente en salir al balcón de la Generalitat para proclamar El Estado Catalán dentro de la República Federal Española. El desenlace de aquella aventura es de sobras conocido, así que no merece la pena detenerse mucho en él; en todo caso, no perder de vista que nos hallamos muy cerca de una repetición de la historia. Pero sobre esta cuestión tan catalana, interesante el artículo de hace unos días del inefable profesor Pérez Royo, todo un aperitivo, tal vez involuntario, de esta efeméride: aquí, ojo, el golpe de Estado lo dio el Tribunal Constitucional con su sentencia sobre el Estatuto de Cataluña. Ahí es nada: con semejantes juristas de reconocido prestigio no extraña que se aprueben leyes como esa reciente del parlamento catalán contra la homofobia, un artefacto que invierte la carga de la prueba y que obliga al presunto discriminador a probar su inocencia. Todo un golpe, y más discreto que ese otro que denuncia Royo Pérez.. Qué cesto habría hecho Kafka con estos mimbres.
lunes, 6 de octubre de 2014
sábado, 4 de octubre de 2014
Del género ridículo
Creíamos, ingenuos de nosotros, que Zapatero había desaparecido completamente de la vida pública española, que se conformaba con calentar sillón en el Consejo de Estado. Nada más lejos de la realidad: ahí pace su émulo Pedro Sánchez, un hombre abonado, no sabemos si por su condición natural o por el miedo a Podemos, al disparate más retorcido, como eso de dar a la Generalitat la competencia exclusiva en...¡materia lingüística!. La última suya, si bien ha reculado y matizado el disparate, es exigir que las víctimas de la violencia doméstica tengan funerales de Estado. Claro, que el émulo no habla de violencia doméstica sino de terrorismo machista, por lo que va un poco más allá que el maestro, que patrocinó una ley que iba a terminar con la violencia de género. Pero como suele suceder con la clase política, se amaga pero no de da: no ha precisado Sánchez si jurídicamente tendrán esas víctimas la consideración de víctimas del terrorismo a los efectos de que el Estado adelante las indemnizaciones que deberán percibir sus deudos. Un brindis al sol, en fin, que desgraciadamente para Sánchez no supera a la promesa de renta básica y universal de Podemos. Habrá que seguir trabajando. Y prometiendo.
jueves, 2 de octubre de 2014
De la injuria
Tras la dimisión del ministro Gallardón como consecuencia de la paralización de la reforma sobre el aborto, Arcadi Espada escribió una columna en la que usaba la expresión feto subnormal. Ayer, en la televisión de los obispos, una tertuliana de oronda figura se preguntaba si esta expresión no debería ser constitutiva de delito. Doctores tiene la Iglesia, sin duda, pero sorprende que durante estos días de furia se nos hable una y otra vez del principio de intervención mínima del Derecho Penal para justificar una cierta desidia en la cuestión catalana y, por contra, se pretenda castigar penalmente el uso de expresiones que se amparan en la más elemental libertad de expresión. Algo parecido pretendía aquella ministra Pajín cuando proponía castigar con severidad el llamar a alguien gordo/a, feo/a, maricón/a. Queda claro que algunos pretenden llevar la protección del nasciturus más allá incluso de la doctrina Gallardón: hasta su blindaje frente a las injurias. El delirio.
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