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jueves, 5 de junio de 2014

Sobre otras dimisiones


Ha tenido mala suerte el magistrado Enrique López: tanto batallar para llegar al Tribunal Constitucional, demostrando que la judicatura es un mercadillo al servicio de los políticos, y se ve obligado a presentar su dimisión por la comisión de un delito contra la seguridad del tráfico en la modalidad de empinar el codo, saltándose un semáforo que era todo un presagio luminoso: aquí se detiene tu carrera ¿No gozaban sus excelentísimos señores de coche oficial, o desapareció con los recortes? Gafe que se ve incrementado porque esa dimisión, gesto nada habitual en el solar patrio, se presentó el mismo día que el Rey también dimitía de lo suyo: todo un eclipse que deja al ropón en la más absoluta soledad, la misma que acompaña a cientos de personas en el mismo trance en cualquier juzgado de guardia.

Como era de esperar, y dado el talante conservador del magistrado López, la noticia ha sido motivo de honda satisfacción entre las huestes progresistas, las mismas que vetaron una y otra vez su entrada en el Tribunal. También, cómo no, en aquellos que buscan un castigo ejemplar, más todavía, para este tipo de delitos, exigiendo de manera constante mayores penas para la embriaguez al volante y la conducción temeraria. Los mismos que desde los púlpitos televisivos ya buscan condicionar el juicio de López advirtiendo de las consecuencias, en lo referente a su carrera, que para éste tendría una pena de prisión. Personalmente, porque no me gusta hacer leña del árbol caído y porque sé como se cierran estos asuntos en infinidad de ocasiones, prefiero que la defensa y el fiscal pacten para el ropón una pena de trabajos en beneficio de la comunidad: cien días recorriendo las plazas de España para explicar al respetable que la Justicia emana del pueblo y es independiente del poder político.

martes, 3 de junio de 2014

domingo, 1 de junio de 2014

Un anticipo


Como era previsible, el Ayuntamiento de Barcelona se ha mostrado sus vergüenzas y ha paralizado el derribo de esa casa ocupada que ha traído en jaque a unos Mossos que deben calibrar mucho el alcance de la legítima represión de la violencia. La cosa, y todavía queda un nuevo asalto, ha dejado unas cuantas perlas que serán difíciles de olvidar. Que el cupero David Fernández medie en este conflicto-desconozco si al final jugó ese papel-es como poner a pitar a Teixeira Vitienes en un Madrid-Barça y esperar algo de justicia. Divertido, como siempre, el alcalde de la ciudad, que no tiene empacho en afirmar que es muy difícil negociar con aquellos que se saltan la ley, algo de lo que debería tomar nota Mariano si no estuviese-se acerca el Mundial-enfrascado con el Marca. Mientras, los tertulianos catalanes, que son infinitamente más necios que los del resto de España, han justificado los desmanes con toda clase de argumentos progresistas al estilo de Podemos: que si peor es que se abra un gran casino, que los banqueros chorizos pactan condenas que impiden su ingreso en prisión, o que la Ley Hipotecaria es injusta con el pobre y, lo mejor, la insinuación de que detrás de este festival andaban los Anacletos del CNI.

Hasta aquí una somera lectura de unos hechos que, de momento, ya forman parte del pasado. Vayamos ahora al futuro, y no precisamente referido a un rebrote de la violencia con la dichosa casa ocupada. Dejemos volar la imaginación y aterricemos en el mes de noviembre y días posteriores en un escenario parecido y no necesariamente violento, si bien con muchísimo más personal en la calle, funcionarios y asimilados en su mayoría, patrocinado por el máximo representante del Estado en esa comunidad. El mismo que no hace mucho dijo que había tenido un sueño. Hagan sus apuestas, que pronto vamos a tener un gran casino.