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jueves, 12 de septiembre de 2013

Aquí huele a muerto


De todas las reacciones que ha suscitado el último aquelarre nacionalista en Catatònia la más graciosa, y también la más realista, ha sido la de Rubalcaba, que no ha tenido reparo en afirmar que no pasa nada por abrir la Constitución. Cierto es, no pasaría nada, puesto que en este caso apertura, con incisiones muy precisas, equivale a practicar una autopsia, que no es otra cosa que esa liturgia médico-jurídica que se realiza a todo muerto en circunstancias más o menos extrañas y siempre a la búsqueda de una explicación razonable para tan amargo final. Un muerto, la Constitución, que lleva tiempo apestando y cuyo certificado de defunción nadie quiere despachar, ni defensores ni detractores, quizá porque unos y otros sacan tajada a su manera y sin demasiados escrúpulos.

Tal vez Fredo no haya querido llegar tan lejos y se haya limitado a trazar un símil entre la Carta Magna y un melón, fruta apetecible que hasta que no se abre, por mucho que se agite pegada a la oreja como si se tratase de una maraca, resulta imposible adivinar si es miel o pepino. Melonada, en cualquier caso, la del legislador del 78 y sus herederos y la esquizofrenia política que traen consigo los pactos contra natura, pues creando un estado potencialmente plurinacional no han sabido atender las demandas puramente nacionalistas de unos taifas que se han hecho mayores de edad y desean abandonar la casa común. Procédase, pues, a la práctica de la autopsia y entierro del muerto y ábrase otro proceso constituyente que por malo que resulte no será peor que el vigente.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

De la opresión de los pueblos, aspiraciones de sus libertadores y la cruda realidad


-¿Por qué estás con ETA?

Con absoluta convicción y seguridad dijo:

-Para liberar a mi pueblo de la represión que sufre.

-¿Has visto hoy, ayer, alguno de estos días, algún tipo de represión?

No contestó.


Del interrogatorio al miembro de ETA  José Antonio López Ruiz, Kubati, contenido en el libro Mi vida contra ETA, Enrique Rodríguez Galindo, Editorial Planeta, 2006.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Top secret


Tras ver cómo Artur Mas echa el freno, al menos en apariencia y con la principal intención se salvar el culo, a su desafío soberanista, descubrimos que el susodicho se reunió en secreto con Rajoy a finales de agosto. Tiene este gomierdo una curiosa querencia por las reuniones secretas que va más allá de la discreción mínima que se debe exigir a cualquier gestor de negocios ajenos. Así, secreta fue aquella reunión del ministro del Interior con el cesante Zapatero que tal vez sirvió para programar a meses vista la suelta de Bolinaga, tropelía que no era más que un eufemismo para cagarse en Ortega Lara y resto de víctimas. Episodio análogo en cuanto al apego por la oscuridad es el borrado de los ordenadores de Bárcenas, maniobra que buscaba afianzar aún más el eterno y popular aforismo-hasta Floriano lo conoce-que afirma que lo que no está en los autos no está en el mundo.

No obstante, volviendo a esa última reunión entre Mas y Mariano, hay que alabar al arriolesco sujeto que decidió llevarla a la clandestinidad: demasiado obsceno hubiese resultado dar luz y taquígrafos al enésimo acto de una tragicomedia que busca la partición de España. Pero lo peor está por venir: descubierto el sarao, los turiferarios del Régimen venderán la aparente frenada de Mas como un éxito de la tranquilidad y saber hacer del discreto gallego. Viva, pues, el dontancredismo.