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miércoles, 6 de junio de 2012

De la imbecilidad y otras patologías


El portavoz del gobierno catalán afirma que no ve ninguna novedad en las últimas sentencias que vuelven a condenar la inmersión lingüística: obviamente, se refiere a que su gobierno, como ya es costumbre, no aplicará el fallo de esas resoluciones.

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Tras conocerse que el Defensor del Pueblo catalán viajó a cincuenta destinos internacionales en dos años, se comprende por qué las quejas contra la inmersión lingüística y las multas por rotular en español caían siempre en saco roto: el Defensor nunca estaba.
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La consejera de justicia catalana-oxímoron-dice que las leyes que consagran la inmersión lingüística son correctas. La consejera, Bozal de apellido, fue durante los años inmediatamente anteriores a su entrada en política jefa de la Abogacía del Estado en Cataluña. Cómo y cuánto tuvo que sufrir en la defensa de los intereses del Estado. ¿O era una célula durmiente?

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Un padre reclama más de diez mil euros a la Generalitat por  los perjuicios sufridos por su hija al no poder estudiar en español. Si el ejemplo cunde y los ropones son estrictos en la aplicación de la ley, el descalabro para las maltrechas arcas catalanas puede ser de órdago, de ahí la urgencia de ese concierto económico y fiscal que reclaman los nacionalistas, incluido, aunque sea con su silencio, el Partit Popular Català.


martes, 5 de junio de 2012

Sálvame



De esta guisa, como un anticipo de tórridas jornadas brasileñas y metáfora de esa alegría que sólo tienen los ricos, compareció el hombre más poderoso de España para saludar al más desacreditado. Dicen algunos que este país necesita un gobierno de concentración nacional-tremendo oxímoron si en el mismo participan separatistas y socialistas-pero lo que de verdad necesita es un gobierno de salvación nacional.

sábado, 2 de junio de 2012

El precio de la moral


No he cometido ninguna irregularidad ni jurídica ni moral ni política.


Así de contundente se mostraba el jefe de los ropones sobre sus constantes viajes a Marbella a costa del maltrecho erario público. Sin entrar a valorar posibles ajustes de cuentas en la denuncia de unos hechos que son poquita cosa dentro el desmadre nacional, la contundencia que pretende imprimir Dívar a sus explicaciones tiene un fallo: la apelación  a la moral. Si su conducta es intachable, lo es desde los puntos de vista jurídico y político. Sobra la moral, porque su introducción proyecta con fuerza la sombra del ocio. O el placer. O el vicio.