Afirma rotundo F. Pérez, hombre ponderado y flemático que entiende el fútbol como un negocio más, que el Madrid hizo el peor partido de su historia, por lo que pide prestadas a Mou esas misteriosas cuartillas donde se apuntan-presumimos- tácticas, estadísticas y carencias, pues hay evaluar los daños causados por un auténtico vendaval futbolístico. Uno ya tiene sus años y ha visto unas cuantas veces, demasiadas, el peor partido de nuestra historia, especialmente desde que Pérez se encaramó a la presidencia del club más laureado, gloriosa ascensión producto de la obra pública y del Expaña va bien, aquel voluntarismo castizo que ataba los perros con longanizas y llenaba el palco del Bernabéu con lo más granado del ladrillo y la política. Venía el hombre mosqueado de la reunión monclovita y se encontró con un recibimiento nacionalista fabricado a partes iguales entre Roures, Mas y Sandro, preludio todo ello de la goleada que ya vaticinaba Cristiano con su humildad habitual y que ahora anda explicando Jorge con su verborrea proverbial. Medita Pérez medidas correctoras que no serán precisamente de austeridad, virtud que solo recomienda a un torpe y errático José Luis para que este la aplique a su manera y siempre con la vista puesta en una Europa que nos tiene ganas, muchas, casi tantas como Platini a Pérez y a su hombre de la libreta.