Poco a poco van llegando las obras de Vasili Grossman a nuestras librerías, ocupando un humilde lugar entre la enorme montaña de títulos mediocres, novelitas históricas y best sellers con la que los libreros inundan sus establecimientos. Esta vez, y tras las magistrales Vida y destino y Todo fluye, se publica Un escritor en guerra, que es el conjunto de escritos, anotaciones o artículos que Grossman realizó como corresponsal de guerra integrado en el Ejército Rojo, desde el inicio de la invasión alemana hasta la entrada en Berlín, pasando-cómo no-por escenarios tan fundamentales en la contienda como Stalingrado, Kursk o el campo de exterminio de Treblinka. Las notas- en permanente pugna con la censura de Moscú- están cronológicamente ordenadas y explicadas, no todas con el mismo acierto y la debida extensión, por A. Beevor, mostrando todas ellas la brillantez de un escritor que describe la tragedia de la guerra desde sus propias reflexiones, que no son otras que las del intelectual comprometido con su pueblo y su historia; pero principalmente es a través de los diálogos o entrevistas con toda clase de personajes donde Grossman lo borda: generales y soldados, comisarios políticos y pueblo llano, hombres y mujeres que lucharon, vivieron y murieron con tremenda dignidad, con una grandeza infinitamente superior a la de sus dirigentes.Un acierto de Crítica y su colección Memoria.
domingo, 11 de octubre de 2009
Grossman
Poco a poco van llegando las obras de Vasili Grossman a nuestras librerías, ocupando un humilde lugar entre la enorme montaña de títulos mediocres, novelitas históricas y best sellers con la que los libreros inundan sus establecimientos. Esta vez, y tras las magistrales Vida y destino y Todo fluye, se publica Un escritor en guerra, que es el conjunto de escritos, anotaciones o artículos que Grossman realizó como corresponsal de guerra integrado en el Ejército Rojo, desde el inicio de la invasión alemana hasta la entrada en Berlín, pasando-cómo no-por escenarios tan fundamentales en la contienda como Stalingrado, Kursk o el campo de exterminio de Treblinka. Las notas- en permanente pugna con la censura de Moscú- están cronológicamente ordenadas y explicadas, no todas con el mismo acierto y la debida extensión, por A. Beevor, mostrando todas ellas la brillantez de un escritor que describe la tragedia de la guerra desde sus propias reflexiones, que no son otras que las del intelectual comprometido con su pueblo y su historia; pero principalmente es a través de los diálogos o entrevistas con toda clase de personajes donde Grossman lo borda: generales y soldados, comisarios políticos y pueblo llano, hombres y mujeres que lucharon, vivieron y murieron con tremenda dignidad, con una grandeza infinitamente superior a la de sus dirigentes.Un acierto de Crítica y su colección Memoria.
miércoles, 7 de octubre de 2009
Liturgia ficción
En un acto tan solemne como sobrio y con la presencia de circunspectos testigos que no querían perderse tan excelso como histórico acontecimiento, y ante un Mosso con uniforme de gala que saluda con rigurosa marcialidad, Pepe-impasible el ademán- hace entrega de la bandera, lo que en el fondo y en la forma no deja de ser un pequeño ajuste de cuentas con la historia de Cataluña y su realidad política actual. Porque, no hay que engañarse, lo que hace Pepe- en una liturgia que es anticipo de las grandes empresas para las que se prepara el oasis/balneario- es devolver lo que quizá nunca le correspondió, o retornar lo que solamente tuvo en calidad de prestatario, sin intereses. Pero todo esto no es más que liturgia ficción. O no.
lunes, 5 de octubre de 2009
Silicona

Es vox populi que la silicona es una impostura, un implante colocado allá donde se presume que reina el vacío, la nada, aunque no es menos cierto que en algunos casos, en algunos lugares, la operación y su resultado tienen su encanto. Desde que Vidal-Quadras fue sacrificado en el altar del pragmatismo por aquel Aznar que hablaba catalán en la intimidad, el mismo que consideraba que la gobernabilidad de España pasaba por pactar con el primer fenicio que hallase en su camino y por averiada que estuviese la mercancía ofrecida, el Partido Popular de Cataluña-una mierda, según uno de sus dirigentes- es un cuerpo maltrecho, o quizá envejecido, mutilado, al que le han metido silicona, o colágeno, o cualquier otra sustancia adecuada para mantener una determinada apariencia y resultar atractivo a unos desencantados votantes, los que aún no han desertado y que andan como puta por rastrojo a la espera, sin duda ya inútil, de que vuelva Don Alejo, el cuerpo sano y sin imposturas, las ideas claras y sin complejos. La chica de la fotografía, en cuyo currículum vitae se nos indica que amén de licenciada en Derecho es juez sustituta-otro día contaré los enormes méritos que se requieren para lucir toga y puñetas en ese plan-, es el último implante, la última apuesta hasta la derrota final, buscando siempre la complacencia del nacionalismo, partidos y medios, suscribiendo algunas de sus majaderías o no recurriendo determinadas leyes que provocan arcadas y úlceras a sus todavía votantes. Viscosa es la silicona y amarga la derrota.
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