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jueves, 5 de marzo de 2026

No a la guerra

 


El camarada Sánchez, que no da puntada sin hilo, sacó ayer a pasear el fantasma de aquella guerra de Irak a la que España, como es costumbre, nunca fue. No a la guerra, largaba el camarada como si aquello fuese la gala de los Goya. Sesudos analistas, firmes defensores de aquella fotografía del Trío de las Azores, nos advierten, más al pueblo llano que al resistente Sánchez, que esta guerra y aquella de 2003 son muy diferentes, que la gente no apoyaba la de Irak y sí está conforme con el ataque contra la teocracia iraní, y zarandajas por el estilo.

Pero en algo sí que hay una coincidencia entre ambas guerras, la amenaza de las armas de destrucción masiva, sean químicas o nucleares en los escenarios del conflicto. Amenaza difusa, o más bien dudosa, en cualquier caso, puesto que en la guerra de Irak no aparecieron esos arsenales y sobre Irán qué decir, pues que llevamos años y años escuchando al primer ministro israelí advirtiendo al mundo que ya sí, que los ayatolás tienen bombas nucleares y que Occidente, ese faro del wokismo, será arrasado por ellas. Y aquí estamos, vivos y coleando y haciendo largas colas en las gasolineras para llenar el depósito del coche, que el motor eléctrico no seduce al personal. Decía el clásico que la guerra es la continuación de la política por otros medios. También es cierto que en muchas ocasiones la guerra no es más que una cortina de humo para tapar escándalos y vergüenzas.