Como decíamos ayer, Pumpido ha
convertido el Tribunal Constitucional en una especie de laboratorio de pruebas y
a ver qué sale. Y así, han ido saliendo cosas interesantes por la vía de retorcer
la interpretación de la norma máxima, no en vano Cándido es un devoto de las
mutaciones constitucionales, esa añagaza que inventaron los alemanes, pues
España, como señaló Unamuno, nunca inventa nada, que inventen ellos. Por ahí anda, en ese sentido,
la amnistía del camarada Sánchez a los golpistas catalanes.
Y como todo lo malo se pega,
tenemos a la vicepresidenta Montero intentando sentar una nueva doctrina en
materia de derechos constitucionales dentro del proceso penal. Tras la
absolución del futbolista Alves, la señora nos dice que siente vergüenza al
comprobar que la presunción de inocencia está por encima del testimonio de las
mujeres en los delitos sexuales. Ya se indicaba con la célebre ley del solo sí es sí de la otra Montero que se
pretendía invertir el principio de la carga de la prueba en estos delitos y tumbar la presunción de inocencia que ampara incluso a los varones; pero, qué cosas tiene el Derecho, acabó siendo un desastre y provocando la suelta anticipada de unos cuantos de
estos delincuentes.
El exabrupto de la vice ha recibido la crítica unánime de
asociaciones de jueces y fiscales, qué ya es raro que coincidan en algo, pero
ahí queda la sandez para la hemeroteca, por si un día nos rasgamos las vestiduras viendo
ciertos cambios legislativos o algunas sentencias-ahí pueden entrar las
mutaciones constitucionales de nuestro particular profesor Bacterio-que pongan los pelos de punta. En ello están
algunos y algunas cuando pontifican sobre la ley y la justicia en un acto de partido. Como ya
señaló el sabio Gómez Dávila, para corromper al individuo basta enseñarle a
llamar derechos a sus anhelos personales.