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martes, 1 de abril de 2025

Mutantes

 


Como decíamos ayer, Pumpido ha convertido el Tribunal Constitucional en una especie de laboratorio de pruebas y a ver qué sale. Y así, han ido saliendo cosas interesantes por la vía de retorcer la interpretación de la norma máxima, no en vano Cándido es un devoto de las mutaciones constitucionales, esa añagaza que inventaron los alemanes, pues España, como señaló Unamuno, nunca inventa nada, que inventen ellos. Por ahí anda, en ese sentido, la amnistía del camarada Sánchez a los golpistas catalanes.

Y como todo lo malo se pega, tenemos a la vicepresidenta Montero intentando sentar una nueva doctrina en materia de derechos constitucionales dentro del proceso penal. Tras la absolución del futbolista Alves, la señora nos dice que siente vergüenza al comprobar que la presunción de inocencia está por encima del testimonio de las mujeres en los delitos sexuales. Ya se indicaba con la célebre ley del solo sí es sí de la otra Montero que se pretendía invertir el principio de la carga de la prueba en estos delitos y tumbar la presunción de inocencia que ampara incluso a los varones; pero, qué cosas tiene el Derecho, acabó siendo un desastre y provocando la suelta anticipada de unos cuantos de estos delincuentes.

El exabrupto de la vice ha recibido la crítica unánime de asociaciones de jueces y fiscales, qué ya es raro que coincidan en algo, pero ahí queda la sandez para la hemeroteca, por si un día nos rasgamos las vestiduras viendo ciertos cambios legislativos o algunas sentencias-ahí pueden entrar las mutaciones constitucionales de nuestro particular profesor Bacterio-que pongan los pelos de punta. En ello están algunos y algunas cuando pontifican sobre la ley y la justicia en un acto de partido. Como ya señaló el sabio Gómez Dávila, para corromper al individuo basta enseñarle a llamar derechos a sus anhelos personales.


viernes, 28 de marzo de 2025

La rana y el escorpión

 


Pumpido, máximo abogado del sanchismo, se ha tomado muy mal la decisión de la Audiencia de Sevilla de llevar ante la justicia europea la amnistía encubierta que el Tribunal Constitucional otorgó a los condenados en el caso de los ERE. Era de esperar el cabreo, pero no tanto como para tomar un camino que va un poco más allá en su proceder natural de servicio al gobierno. Y así, no ha tenido reparo en plantear a sus compañeros de fatigas en el arte de retorcer la Constitución que hay que impedir que cualquier juez español acuda ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en defensa, ni más ni menos, de la legalidad, ese concepto que para Pumpido es una anécdota.

La cacicada de Cándido va más allá de la absoluta sintonía entre el magistrado y el camarada Sánchez, pues deja en evidencia, una vez más, la estrategia errática que sigue el Partido Popular en su relación con el gobierno. Si algo sacaba de quicio al sanchismo y a sus socios era el bloqueo para renovar el Consejo General del Poder Judicial, y ahí apareció el moderado Feijoy, invocando la estabilidad y la razón de Estado y con el patrocinio de Bruselas, para desbloquear el asunto y continuar con el obsceno reparto de la justicia entre los dos grandes partidos. ¿Hay alguien con un poco de memoria que no recuerde la imagen del mostrenco Bolaños y del escritor de novelas eróticas González Pons sellando ese pacto? 

Y si bien es cierto que el Tribunal Constitucional no es un órgano jurisdiccional, se comporta como tal desautorizando cada vez que puede al Tribunal Supremo, algo absolutamente improcedente. Y es que la arbitrariedad de Conde Pumpido, relacionada con esa lealtad mal entendida del Partido Popular, recuerda mucho a la fábula de la rana y el escorpión, salvo que en este caso no parece que el artrópodo vaya a perecer en la aventura.


martes, 25 de marzo de 2025

Rebelión en las aulas

 


El diario El País, que hace años no vende una escoba, airea con tufillo de escándalo una noticia que tiene su gracia: en el instituto, según una profesora entrevistada, los alumnos están en contra del feminismo y hablan bien de Franco. El hallazgo demuestra el fracaso sin paliativos del modelo educativo, y lo hace por partida doble. Si los jóvenes detestan el feminismo, afirmando que las mujeres tienen más derechos que los hombres, será porque en clase, tanto por parte de los docentes como por los textos que manejan, reciben una paliza tremenda sobre las bondades de esa nefasta doctrina y el wokismo con el que se adorna. En cuanto al Invicto, es evidente que esos mismos jóvenes no se creen nada de lo que les explican en clase y acuden a otras fuentes, generalmente Internet y algunos libros diferentes a los que les obligan a estudiar, para saber un poco y de manera objetiva sobre la historia no tan lejana de su país. Por no hablar del camarada Sánchez y su gobierno, catalizadores  del revival de la figura del Caudillo.

Hay que presumir que poco a poco los docentes irán descubriendo otras opiniones de los alumnos sobre cuestiones de gran interés, como la inmigración masiva y descontrolada y su relación con la delincuencia y el colapso del Estado del bienestar, aunque ya adelantan los mozos lo obvio, que hay demasiados moros. Tal vez en ese caso prefieran no explicarlo a El País ni a nadie, no sea que cunda el ejemplo y nos invada una ola de revisionismo abanderada por los más jóvenes.