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lunes, 10 de septiembre de 2018

Autoinculpación



Por Tolerancio


No se ha caído un cero: 30. No 300. La idea original era ésa. Pasaba por imaginarse a 300 personas, tantos como los héroes de las Termópilas, en fila india delante de la Comisaría de los Mossos sita en Travesera de Las Corts. Una larga fila, como una de esas colas que se forman en una sala de cine cuando se estrena la película del año.

Qué mejor manera de ridiculizar disposición tan abusiva como surrealista, por arbitraria y sobreactuada, que comparecer ante el cuerpo policial de uso partidista destinado a reprimir crimen tan anti-democrático y horrendo como el de retirar esos lazos de plástico con los que ensucian la vía pública nuestros activistas lazis, también llamados los lazoamarillo, como si habláramos de los arapajó, pueblo del bisonte, o de los caníbales bimin-kuskusmin de Papúa-Nueva Guinea. En definitiva, nuestros yellow ribbon.  

Pero las cosas fueron así. Quizá restó asistencia el fuerte chaparrón caído a la hora de la convocatoria. El agua jarreaba de lo lindo sobre nuestras cabezas. Ginés, uno de los más activos miembros de la Asociación por la Tolerancia, acudió a la cita protegiéndose la cocorota del aguacero con una de las bolsas de plástico amarillas, el corpus delicti, incautada en sus requisas diarias.

Lo cierto es que allí nos juntamos 30 personas dispuestas a autoinculparnos. No mandamos nuestras fuerzas, escasas pero voluntariosas, a luchar contra los elementos, y comparecimos no obstante para dar testimonio de fe en el sentido común. Sólo nos faltaba eso… después de tantos años cotizando y pagando impuestos para que nos digan ahora que retirar un lazo de mierda de una jodida farola acarrea una multa de hasta 30.000 €. Hasta aquí podíamos llegar.

Lazos de mierda, en realidad de plástico, que, según uno de los autoinculpados, voluntario en una peleona brigada de limpieza de Vilanova i la Geltrú y disfrazado con un lazo gigante que le confería el patético aspecto de un teletubby, tienen la virtud de no ofender, tras varias conversaciones telefónicas, a los responsables de la organización Greenpeace en España, tan puntillosos con la perniciosa acumulación de plásticos en los océanos y combativos a la hora de sustituir en nuestra vida cotidiana ese material por otros menos contaminantes y más fácilmente biodegradables. Está visto que a Greenpeace estos lazos no le incomodan en igual medida.

Hasta la fecha nunca una performance de la Asociación por la Tolerancia atrajo tantos medios de comunicación. Uno de los asistentes sentenció irónicamente, “hay casi tantos periodistas como personas”. Se verá si la acción pasa la criba de las redacciones y tiene el eco mediático esperado por sus promotores.

Nada tuvo de épico el acto individual, el acto en sí de la autoinculpación. Ni bofetadas, ni un foco potente cegando al detenido, ni correazos, quemazos de pitillo o descargas eléctricas. Nada de siniestras mazmorras con cepos herrumbrosos, ganchos y cadenas colgadas de la bóveda.

Un abogado de guardia, Sergio Santamaría, que fuera diputado autonómico del PP, asesoraba a los convictos. Y éstos pasaron de dos en dos a las dependencias policiales para firmar el atestado. El primero en salir, Eduardo López-Dóriga, nuestro presidente, mostró risueño a los demás la copia refrendada de la “diligencia” (qué acertada voz para semejante desatino): ya era, oficialmente, un criminal.
  
Por lo que a mí respecta, le pregunté al agente si Rita la cangurita, mi mascota de peluche, podía autoinculparse también, pero no coló. El protocolo policial no contempla esa posibilidad. Va de suyo que los objetos inanimados no son susceptibles de ser encausados. Lo que no sabe el agente en cuestión es que las pruebas inculpatorias que presenté, añadidas al expediente, son completamente falsas. La mía y la de mi cangurita. No son en realidad lazos incautados en la vía pública, pues alguno he retirado y tirado a la basura inmediatamente, sino fragmentos de un trapo de cocina tipo Vileda que dan el pego para la ocasión.

Divertido, sí… pero la verdad es que fuimos 30. Quizá si Teennyson viviera nos dedicaría una oda como a los chicos de la Brigada Ligera.    
  

3 comentarios:

Reinhard dijo...

Gracias, Tolerancio, por esta impagable crónica vivida en primera persona por usted y su mascota.

Ya nos irá contando los resultado de esa autoinculpación, pero no creo que los mozos.cat acometan ninguna sanción contra ustedes. No obstante, ya le adelanto que hay autoinculpaciones que no son válidas en Derecho, o que no tienen recorrido. Aunque la performance valió la pena, sin duda.

Fuga dijo...

Jejeje...superior

tolerancio dijo...


PD.- quizá la resolución (el día posterior a la performance) de un tribunal en Tarragona con motivo de la identificación y amenaza de multa a 14 activistas por parte de los mossos, archivo de la causa, se deba a la enorme presión ejercida por esos 30 esforzadísimos autoinculpados... es una coña marinera, por supuesto...

con todo, y vistas y oídas las declaraciones de ábalos, del psoe, "los que retiran lazos de la calle son como los gorrillas, pues hacen lo que no les corresponde", habría que llevar, si el acto se repitiera (de continuar la represión ejercida contra las brigadas de limpieza), los lazos ante la Delegación de Gobierno, y autoinculparse ahí, o ante la sede del psc que, eso creo, ya no está en la calle nicaragua, síntoma de la mudanza de estos tiempos disparatados...