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miércoles, 28 de septiembre de 2016

Viejos e incultos



Como cada vez que hay elecciones y el resultado no es de su agrado, las huestes de Potemos han vuelto a justificar lo injustificable con dos argumentos de peso: la edad y la cultura, o instrucción, del personal. Así, un dirigente gallego de este partido llama ignorantes y otras cosas a sus paisanos votantes del PP, y Doña Bescansa afirma que si solo votasen los menores de 45 años, incluido su infante, Chepito Iglesias ya serían presidente de la III república española. Todo un hallazgo, aunque también un avance: que un partido que no defiende el pluralismo político acepte que al menos voten los instruidos y los más jóvenes, o no muy maduros, constituye un avance que debe ser tenido en cuenta por la fiscalía para no instar contra ellos la aplicación la ley de partidos.

Acudiendo al fondo del asunto, que es de lo que se trata, quizá estemos asistiendo a una reformulación del sintagma podemita por excelencia, la gente. Qué es, qué será a partir de ahora la gente. La gente serán todos aquellos que tengan una mínima cultura y menos de una cierta edad. Si estos criterios no sirven para obtener el poder por medios de las urnas, el concepto será revisado cuantas veces sea necesario: la gente serán aquellos que nunca lleven corbata y que jamás usen la palabra España, por ejemplo. La formación cultural también será evaluada: no es lo mismo leer a Gramsci que a Revel, y no digamos entenderlos. De aquella democracia total del 15-M a este sufragio censitario, ese y no otro es el recorrido de la nueva casta. Es lo que tiene pisar moqueta aunque uno continúe sacudiéndose las pulgas de la acampada.

lunes, 26 de septiembre de 2016

La fiesta de la histeria



Hay algo en Iceta que es cómico, sin duda, pero también repugnante. Iceta es de esos sujetos fofos que cuando te ofrecen la mano como saludo aprietas los dientes y te resignas a la manera cristiana porque sabes que su mano suda, y mucho. Iceta es la metáfora del socialismo catalán, una cosa amorfa que, acomplejada ante los nacionalistas, bascula entre la cobardía y la estupidez, una entelequia que se reúne cada año para repartir rosas en una fiesta en la que se reivinidica la inmersión lingüística, aunque eso sí, diciéndolo en castellano para que lo entiendan los presentes.

La última del tipo ha sido ponerse en plan exorcista y, más histriónico de lo habitual, alabar a Sánchez para que nos libre de Rajoy y del PP, invocando a Dios para tamaña misión, porque Iceta, creyente o no, tiene pinta de ex seminarista, pero sobre todo de meapilas, de santurrón que gesticula en exceso en sus actos y palabras de devoción. Aunque un castizo lo resumiría diciendo que es una loca. Y bien mirado, tras el desastre de ayer, está claro que el hombre no está muy en sus cabales con su devoción por Sánchez.