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jueves, 20 de septiembre de 2018

Mermados




Volvió Aznar por el Congreso y lo hizo por la misma razón estúpida que la anterior ocasión, una comisión de investigación; si antaño  fue por el 11-M y su versión oficial, ahora compareció por la corrupción del partido del que fue, o sigue siendo, no se sabe a ciencia cierta, presidente de honor. Como era de esperar, el hombre fue a marcar paquete ante unas señorías que sólo acuden a un evento innecesario por las dietas que se embolsan a costa del contribuyente, porque profundamente superfluo es preguntar a Aznar por la caja B de su partido cuando previamente no se ha hecho lo mismo en sede judicial, ahí precisamente donde alguno de los suyos ha pagado las culpas de todos.

Al compareciente se le echó en cara todo lo previsible, desde la boda suntuosa de su hija hasta aquella guerra de Irak a la que, salvo para eso tan nuestro que es la logística, nunca fuimos invitados a participar, pasando por viejos pleitos que a nadie ya interesan. La escasa talla de los oponentes quedó en evidencia al no dar ninguno de ellos en el clavo: a un tipo que marca músculo hasta cuando mueve un bigote que ya es inexistente hay que echarle en cara el mayor de sus errores, haber suprimido el servicio militar obligatorio, un error que genera individuos tan mermados para la batalla como Iglesias y Rufián.

martes, 18 de septiembre de 2018

Soy una bomba inteligente




Por Tolerancio


Quiero contarles algo. Soy una bomba inteligente made in Spain. Sé que parece presuntuoso decirlo, pero es la pura verdad. Es algo genético. Esto se remonta a muchas ramas atrás en mi árbol genealógico. Pero para no remitirnos a lejanas explosiones en la noche de los tiempos, los tiempos oscuros del Big Bang, les diré que mi padre y mi madre eran bombas con estudios, idiomas y un cociente intelectual de armas tomar. Y, claro, de casta le viene al galgo. Sabían de matemáticas e ingeniería aeronáutica y hablaban idiomas por las espoletas, que es como decir por los codos. Mis abuelos no estudiaron porque la época no lo permitía, pero eran muy empáticos y gozaban de una gran inteligencia emocional… pero, ya digo, nada de másteres, tesis, antítesis y síntesis plagiadas cum fraude.

De modo que mi padre le hizo un bombo a mi madre y de ahí, del bombo, salí yo, la bomba…  por la misma razón que la conga (el baile) nació en el Congo (belga). Al verme la comadrona, eufórica, cantó así… ¡Para bailar esto es una bomba!... que era una trivial cancioncilla que por entonces estaba de moda y, claro es, lo petaba las pistas de baile.

Me las apaño bien a diario… si me apetece uva, agarro una bomba de racimo. Que quiero echar un pitillo, ahí tenemos las bombas de fósforo. ¿Qué es temporada de setas?... al bosque a por hongos nucleares. La prensa la miro lo justo: sólo me atraen los verdaderos noticiones, esto es, las bombas informativas. Y, va de suyo, y siendo quien soy, mi novia es un bombón de los que paran el tráfico… vamos, el tráfico, y todo lo demás porque la ceban con trilita de calidad suprema y tiene un genio que tira de espaldas.

La cosa es que salgo disparada como un cohete… ¿Han visto en los documentales de la 2 el funcionamiento del llamado órgano de Stalin, el lanzacohetes múltiple Katiusha con el que el mariscal Zukov zurraba la badana a la Wehrmacht en las heladas llanuras de Moscovia?... pues lo mismo. Y surco los aires que es un contento. Voy para aquí, voy para allá… lo mismo en trayectoria rectilínea que te describo una elipse, una parábola, un par de loops o bucles (me gusta lucirme, la verdad) o un tirabuzón con más nudos que una enredadera. En fin, volando voy… pero no soy una matasiete, aunque matar es lo mío. Eso sí, monto, si me lo propongo, unas escabechinas del quince.

Pero como soy inteligente me programan para causar el menor daño colateral posible. En efecto, puedo colarme por una ventana y estallarle delante de las narices, como uno de esos artículos de broma en forma de puro habano, a un fulano mal encarado que ve el partidito de fútbol por la tele apaciblemente repanchingado en el sofá, comiendo palomitas y bebiendo una cervecita, sin siquiera chamuscarle el pelo a su señora, sentadita al lado. Y es que con las señoras soy más mirado, no crean, por aquello de la violencia de género… que te miran mal y no quiero líos. De tal suerte que si el objetivo a abatir es un señor grueso, de mucha envergadura, estallo a tope, en cambio, si es un tipo escuchimizado, con menos chicha que la radiografía de un suspiro, estallo lo justo. Pero la cuestión es estallar… y para eso me pinto sola.

Otra de las diferencias entre las bombas corrientes y molientes y las inteligentes como yo es que las primeras explotan y en cambio yo explosiono, que evidencia mayor nivel. Por último, y como se ha dicho estos días, y gracias a mi infuso dominio de todas las lenguas que en el mundo son, me planto delante de un tipo y le pregunto: “¿Es usted yemení?”… Si me responde que sí, cambio de rumbo en un periquete, me ajustan nuevas coordenadas por el GPS, y, hala, a otra cosa mariposa.

Ahora, si me dice que no, que se prepare… que le dejaré hecho papilla, desmigado como el relleno de una croqueta.

Si un día se cruzan nuestros caminos… no lo permita el cielo… no pare a saludarme. Le convendría chapurrear unas cuantas palabras en árabe para darme esquinazo. Y memorice desde ya, que el mundo es un pañuelo, algunos datos sobre Yemen en Wikipedia porque decido activarme, o no, después de someter al presunto objetivo a un extenso test cultural sobre esa nación arábiga. Bum, quiero decir… hasta pronto.   
  

lunes, 17 de septiembre de 2018

Sin ley




Lo vivido ayer en la barcelonesa Plaza de San Jaime recuerda mucho a la anécdota del Régimen franquista y su reivindicación de Gibraltar, cuando al ofrecimiento de Serrano Suñer para mandar más policías que custodiasen la embajada del Reino Unido, asediada por jóvenes manifestantes, el embajador británico respondió con resignación que se conformaba con que le mandase menos estudiantes a dar la tabarra.

Frente al boicot de los separatistas, ocupando un espacio que había sido concedido a los que defendían la enseñanza en español, la policía optó por ponerse de perfil y hacer la vista gorda, siguiendo las instrucciones del consejero del ramo. En el fondo, no se trataba de que hubiese más agentes del orden sino menos saboteadores enviados con premeditación y nocturnidad por el mismísimo jefe de la policía autonómica. Enésimo escupitajo sobre la ley que en otro país hubiese provocado la intervención de un Ejército que, como es costumbre, andará de misión internacional o por el Estrecho rescatando migrantes. Ante esto ya sólo queda la autoprotección.