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miércoles, 23 de enero de 2019

La brutalidad política



Tras el éxito de VOX en Andalucía, algo que parece que se extenderá por toda España en breve, estaba claro que los mayores ataques vendrían desde las filas del centro, pues aquí, y hasta la irrupción de dicho partido, derecha no hay, aunque la progresía vea unas cuantas y hable de las derechas. El pasado sábado el diario La Vanguardia dejaba esta perla-VOX o la brutalidad política-del melifluo y tóxico José María Lassalle, antaño guía espiritual del PP y ahora ex cónyuge de la ministra Batet. No me resisto y lo dejo por aquí para que echen unas risas con los prejuicios, traumas-el hombre tiene pesadillas con aquellos Freikorps de la República de Weimar-y otras anomalías del autor, aunque bienvenida sea esa Revolución Conservadora que tanto le atormenta. Si fuese un alumno, del partido de Abascal diríamos que progresa adecuadamente. Y Lassalle lo sabe.

lunes, 21 de enero de 2019

La esencia




La Convención del Partido Popular, que ha servido para ungir a Casado como el hombre destinado a recuperar las viejas esencias, o al menos los viejos éxitos, ha tenido algún que otro episodio curioso. Desde un infiltrado de VOX, Jaume Vives, que se presentó allí para explicar porque el Popular es un partido  anecdótico en Cataluña, hasta un Rajoy que con su indolencia habitual pasó por la fiesta para cosechar más aplausos que Aznar. Toda una paradoja esta, pues Don José María hizo un discurso en el que proponía recuperar esas esencias que Casado hace suyas y que Rajoy se pasó por el forro durante años. Ante esa aparente contradicción, uno debe quedarse con las caras sonrientes de los Maroto, Feijóo y Montserrat para comprender el alcance de una refundación que apunta a mucha moderación y, si cabe, más centro. Como dijo el hombre de FAES, ni tutelas ni tutías: para qué.

jueves, 17 de enero de 2019

Noticia del zurupeto Moreno Bonilla



Moreno Bonilla, el mal menor, es ya Presidente de Andalucía. Se podría hablar de la extravagancia de la política española, de como un perdedor nato amortizado por su propio partido alcanza la más alta cima de la burocracia, pero a estas alturas de la película sería superfluo y poco gratificante. Así que iremos a la hemeroteca y rescataremos esta pieza de José García Domínguez escrita hace unos años, cuando el ahora ungido iniciaba una andadura que, visto el resultado,  ha sido de éxito notable.

Noticia del zurupeto Moreno Bonilla

Don Juan Manuel Moreno Bonilla, el nuevo presidente del PP andaluz, es un zurupeto. Otro más. La voz zurupeto, recuérdese, designa en la lengua de Castilla a cuantos se atribuyen con falsedad manifiesta títulos académicos u otros saberes reglados de algún relumbrón. Así, Moreno, el candidato llamado a promover la regeneración moral de la política en Andalucía, lleva más de trece años consecutivos falsificando su currículum oficial. Y los que te rondaré. Pues ni era licenciado en Administración y Dirección de Empresas, tal como aseguró durante lustros por escrito, ni tampoco poseía esos tres improbables masters de los que igual blasonaba en sus cartas de presentación. Según parece, toda la magra ciencia atesorada por Moreno se reduce a un peritaje profesional en asuntos de protocolo que habría obtenido ya traspasada la cuarentena.

Es sabido que una de las poquísimas leyes de la economía que jamás fallan en el mundo real responde por Ley de Gresham. La Ley de Gresham apela al principio según el cual, cuando en un país circulan simultáneamente dos tipos de monedas de curso legal, y una de ellas es considerada por el público como buena y la otra como mala, la mala siempre acabará expulsando del mercado a la buena. O sea, lo mismo que viene ocurriendo en la vida pública española de treinta años a esta parte. Podríamos llamarla, por ejemplo, Ley de Montilla. Y su enunciado debiera obedecer a la siguiente fórmula canónica: cuantos más apparatchiki amamantados en las juventudes de los partidos accedan a la cúspide institucional sin haber acreditado otro mérito que la obediencia al mando, menos personas serias, íntegras y cualificadas querrán competir por los puestos de alta dirección política.

Cada vez más indistinguible de los socialdemócratas en estos tiempos de asepsia ideológica y soberanías menguantes, el PP había mantenido al menos un cierto elitismo tecnocrático como última seña de identidad. En Génova no había enarcas, pero tenían un invernadero de abogados del Estado en la terraza del ático, que vienen siendo el sucedáneo casto y castizo de la aristocracia administrativa que manda en Francia desde hace setenta años; por cierto, muy selectiva casta nobiliaria creada por un comunista de los de Stalin, Maurice Thorez. Y en esto llegó Moreno con sus masters del universo y su licenciatura ful de Estambul. Lo dicho, la Ley de Montilla. Por algo nació en Barcelona.