TWITTER

jueves, 23 de febrero de 2017

Todos los días, uno tras otro



¿Cómo está la botella, medio llena o medio vacía? ¿Es usted pesimista y ve nubes que tapan al sol o, por contra, es usted un optimista que siempre ve al sol intentando abrirse paso entre los nubarrones? Depende, diría el gallego escéptico, y valga la redundancia ¿Ha sido pésima la instrucción del juez Castro en el  Caso Nóos cuando los dos principales acusados han sido condenados a penas severas? La intelligentsia del putrefacto Régimen opina que sí, que el juez ha fracasado estrepitosamente, quizá porque otros jueces no han condenado a la Infanta de España, tal y como solicitaba, no el instructor, que como no podía ser de otra manera sólo veía indicios racionales de criminalidad en su contra, sino tres señoras jueces que así lo han considerado tras un juicio con todas las garantías. Ya vendrá el Supremo con la resolución definitiva, si nadie ajeno al proceso lo remedia.

Salvado lo anterior, que no es más que retórica procesal que aburre hasta la saciedad, sólo queda glosar, pasados unos días tras el parto de la burra, el éxtasis de tertulianos, paniaguados y turiferarios del 78, quienes a estas alturas todavía andarán salivando con un fallo-oxímoron-que para ellos y ellas es un triunfo. Entre esta tropa, y por aquello de seleccionar un poquito, que lo bueno siempre ha de ser breve, me quedo con el ínclito Ignacio Camacho, el mismo del ABC, la Cope y terminales asociadas. Se pregunta el tal Camacho, Ignacio, sobre la responsabilidad que tiene un juez que instruye durante siete años un sumario-en verdad, Camacho, no era un sumario, pero eso todavía no lo sabes ni ya nuca lo sabrás-cuyas conclusiones resultan severísimamente revocadas por el Tribunal encargado de juzgarlo?

Sobre la revocación severísima nos remitimos a lo dicho antes sobre la botella medio llena o medio vacía. Sólo añadir un dato anecdótico pero que no es baladí: el melifluo Camacho lleva años escribiendo una columna diaria en ABC, los 365 días preceptivos. Ustedes me dirán, y con razón, que tal afirmación no es cierta del todo, pues hay unos pocos días en los que por fortuna no hay prensa, pero ello es indiferente para el melifluo Camacho, pues él escribe su columna y se la manda por correo electrónico al que tenga guardia en el diario, Navidad, Año Nuevo y alguno más que ya no recuerdo: es la tradición de Ignacio. Y uno se pregunta sobre la responsabilidad que tiene un plumilla que escribe todos los días, año tras año, una columna cuya inconsistencia, indocumentación e inanidad es revocada una y otra vez por la tozudez de los hechos? Pues como todo, depende, de la indulgencia del lector y del caso que se le preste al tipo.

martes, 21 de febrero de 2017

España invertebrada



Como decía Camus, la estupidez insiste siempre, una y otra vez, de ahí que Pedro Sánchez vuelva por sus fueros-y nunca mejor dicho-con lo de España como nación de naciones. Modificar el artículo 2 de la Constitución en un sentido que sólo él sabe pero que en la práctica se traduce-vuelta a la casilla de salida-en que Cataluña es una nación. Conclusión que matiza la plurinacionalidad con la que el socialista se llena la boca para dejarla en binacionalidad: España y Cataluña, pues el País Vasco son territorios históricos y Navarra, como lo fue el campo de Osasuna, un Reyno. El resto quedan como estaban, al fin y al cabo, y una vez muerta Castilla, nunca aspiraron a otra cosa que el acomodo en el presupuesto.

Casi un siglo después de la publicación de España invertebrada, Sánchez insiste, aunque para agravarlos, en los males que diagnosticó Ortega, dejando más latente y atinado que nunca el lamento del filósofo: hoy no hay hombres en España. Cierto: sólo hay estúpidos.

domingo, 19 de febrero de 2017

Fundamentos jurídicos...y algo más



Hace unos días me notificaron una sentencia de violencia doméstica-de género, según el torpe legislador-que absolvía a mi cliente de un delito de maltrato habitual en el ámbito familiar, y lo hacía por falta de pruebas suficientes para condenar. Básicamente, es la historia de casi siempre: mujer que denuncia a su marido, que además ante el juez instructor da detalles-si bien con poca claridad y con numerosas contradicciones-sobre unas presuntas agresiones y que, llegado el juicio, se acoge  a su derecho a no declarar contra su cónyuge. Sin más pruebas directas desplegadas en el juicio, el juez está obligado a absolver. Insisto, algo muy habitual, pero también ajustado a derecho.

La peculiaridad de este caso reside en que la juzgadora, tras citar la doctrina constitucional sobre la presunción de inocencia, dedica un párrafo a echar una bronca monumental a la denunciante por no haber sostenido la acusación y no haber declarado contra el esposo, recordándole que la sociedad está plenamente concienciada contra esa lacra que es la violencia machista, lo que se traduce en que no había sido valiente una vez dado el primer paso, para acabar diciéndole a las claras que hubiese condenado al marido si ella hubiese declarado. No es algo habitual, es la primera vez que lo veo, porque el resto de jueces no entran en esas valoraciones personales que atentan contra la libertad de las personas y el ejercicio de derechos. No se declara, porque no se desea, y punto.

Mientras leía esa fundamentación jurídica me acordaba de una sentencia que absolvió a Otegui porque la fiscalía de la Audiencia Nacional no acusó: eran los tiempos de la negociación con la ETA y el batasuno era, según Zapatero, un hombre de paz. La Sala vino a decir que no condenaba porque no podía-en base al principio acusatorio-pero qué ganas tenía, qué ganas de empapelar al proetarra. Ya puestos, y para rematar la faena en el caso de mi cliente, en la parte dispositiva de la sentencia Su Señoría debería haber dicho Fallo que debo absolver y absuelvo porque no tengo más remedio al hideputa Don Tal. No lo descarten en un futuro: hoy vemos cosas que ayer parecían impensables. Paciencia y barajar, como en el naipe.