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martes, 21 de marzo de 2017

El niño artista



La última boutade de Pablo Iglesias ha sido mostrar en las redes sociales un retrato que le hizo un niño en el tren. Este retrato me lo ha hecho un niño en el tren sin que me diera cuenta. Me lo ha dado al llegar a Madrid. Estas cosas me conmueven. Si no los abortan antes, es un clásico en el comunismo la manipulación de los niños, sea en forma de pioneros con pañuelos de vivos colores al cuello, sean en toda clase de festivales donde se vitorea al líder máximo. De ahí que el conducator podemita no haya tenido reparo en hablarnos del niño y de la emoción que le embargaba al recibir la obra.


El retrato en sí, de una crudeza aplastante y vivo realismo, cuadra a la perfección con el arte típicamente soviético, que huía del decadente arte burgués, siempre plagado de las  extravagancias típicas de todo lo moderno. Y es que el niño, quizá sin saberlo ni pretenderlo, dejó un retrato del líder que tiene de parecido asombroso con una de las referencias históricas de Pablo, Felix Dzerzhisnky, fundador de la Cheka: normal, pues, la conmoción que le produjo el regalo.

viernes, 17 de marzo de 2017

La multa



Tras el fracaso del gobierno con el decreto ley que regula la liberalización de los estibadores, muchas han sido las reacciones: euforia de los trabajadores interesados, que siguen siendo una casta, decepción de los promotores con reproches al comodín Ciudadanos y jolgorio en la variada oposición de nacionalistas e izquierda extrema, que es toda la izquierda. De todo ello se queda uno con el lamento de Andrea Levy, quien en un alarde de patriotismo económico-tampoco conoce otro-afirma que la broma nos costará a todos los españoles-incluidos los que no se sienten como tales- 134.000 euros al día en concepto de multa made in Bruselas. Valoremos el drama como nos exige Levy, en su justa medida y mirando nuestro bolsillo: si esa cantidad se divide entre los 47 millones de españoles, salimos a 0,002851 euros por cabeza. Si el problema perdura, pongamos un año, que Rajoy sólo corre cuando anda, nos vamos, salvo error u omisión, a 1,04 euros por cada españolito de derecho. Y eso suponiendo que la multa se pague y no sea una ficción jurídica. Será por dinero...En fin, un sinvivir, Andrea.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Liturgia televisiva



La última ocurrencia de Podemos ha sido proponer la supresión de las misas católicas en Televisión Española. La razón es que una televisión pública no es el espacio más adecuado para ritos religiosos, aunque esa explicación no debe conducir al error de pensar que las huestes de Iglesias apuestan porque esos ritos se vayan a los medios privados, entre otras razones porque estos comunistas ya se han pronunciado a favor de que todos los medios de comunicación, como los de producción, sean públicos, o al menos estén sometidos a un férreo control por parte del Estado. Lo que subyace es el odio por todo aquello que tengan que ver con la religión católica, sea la misa dominical, sea la asignatura de religión o la célebre casilla de la declaración de la renta, sea la Semana Santa que tanto ocio y descanso proporciona al personal. A la propuesta se ha sumado de manera entusiasta Albert Rivera, que siempre que puede está encantado de ejercer de monaguillo con independencia del sacerdote que oficie el tostón.

Todos aquellos que algún día militaron en el comunismo afirman, con ese orgullo pedante de intelectuales enamorados de su ombligo y a modo de excusa no solicitada, que aquello era como una religión, la única y verdadera de los hombres libres, y algo de cierto hay: ahí están Pablo, con ese apellido emblemático y su pinta de Mesías, y sus más o menos disciplinados seguidores para certificarlo. Y ese aire de homilía permanente que atesora el discurso podemita, ¿no es una misa constante que se imparte de lunes a domingo especialmente en la Sexta pero también en la televisión de todos? Porque, a fin de cuentas, y entrando de lleno en el mensaje, ¿qué es la promesa de una renta básica universal sino el milagro de la multiplicación de los panes y los peces? Y que los mercados son culpables lo dice hasta el Papa, que además nos reprocha que acogemos pocos refugiados. Todo esto no es más que una milonga que se evitaría con una buena conjugación de dos principios básicos, la libertad religiosa y la económica: ciérrese de una vez por todas RTVE y habremos resuelto el problema. Será un milagro, pero hay que tener fe.