TWITTER

lunes, 19 de febrero de 2018

Serenidad



Artículo 504
1. La prisión provisional durará el tiempo imprescindible para alcanzar cualquiera de los fines previstos en el artículo anterior y en tanto subsistan los motivos que justificaron su adopción.
2. Cuando la prisión provisional se hubiera decretado en virtud de lo previsto en los párrafos a) o c) del apartado 1.3.º o en el apartado 2 del artículo anterior, su duración no podrá exceder de un año si el delito tuviere señalada pena privativa de libertad igual o inferior a tres años, o de dos años si la pena privativa de libertad señalada para el delito fuera superior a tres años. No obstante, cuando concurrieren circunstancias que hicieran prever que la causa no podrá ser juzgada en aquellos plazos, el juez o tribunal podrá, en los términos previstos en el artículo 505, acordar mediante auto una sola prórroga de hasta dos años si el delito tuviera señalada pena privativa de libertad superior a tres años, o de hasta seis meses si el delito tuviera señalada pena igual o inferior a tres años.

Los obispos catalanes piden una reflexión serena sobre el encarcelamiento de Junqueras y compañía: de forma serena sería también sosegada, sin turbación física o moral. Con la ley ritual en la mano, y mientras los susodichos estén en prisión provisional, se tienen hasta cuatro años por delante para tal misión. Afrontemos, pues, la reflexión con toda la serenidad del mundo, que las prisas siempre son malas consejeras.

viernes, 16 de febrero de 2018

Patriotas del balón



Confieso que desde hace tiempo estoy en franca retirada con todo aquello que tenga que ver con el fútbol, un deporte cada vez más decadente en muchos aspectos, y también confieso que paso olímpicamente del Combinado autonómico, también llamada La Roja para no decir España, que es término franquista, y paso desde que los medios de la progresía audiovisual así la bautizaron. A la desafección de algunos cuyos nombres todos conocemos, se suma este Mikel San José Domínguez, navarro del Bilbao, que viene a decir lo que todos sabemos: que para ir al combinado no hace falta ser muy patriota, ni siquiera parecerlo, sino que puedes ir, ponerte la elástica y ser independentista-por las sandeces que dice en la entrevista se deduce que él lo es- sin mayor problema: a fin de cuentas, se va por el vil metal, que eso lo saben, aunque lo callen, hasta el logorreico Méndez del Higo y el marqués Del Bosque.

Visto lo visto, y si con estos bueyes hay que arar, hay que reconocer que es de justicia poética no tener un himno con letra: sólo imaginar el trauma de los desafectos al tener que mover los labios para parecer que lo cantan ya es para desternillarse. Apáñense los seguidores, que siguen siendo legión, con el España, España ra,ra,ra de Manolo el del Bombo, quizá el último patriota de una banda de mercenarios.

miércoles, 14 de febrero de 2018

La lucha contra los elementos




Hace poco, el Presidente del Gobierno tenía uno de esos arranques de sinceridad que lo convierten en un estadista sin parangón en la Europa desarrollada, y así, lanzado por la pendiente de la más obscena verborrea, recomendaba a los ciudadanos que ahorrasen para complementar pensiones y mejorar la educación de sus hijos. La gracieta, sin proponérselo el hombre, era un torpedo en la línea de flotación de ese nefasto invento llamado Estado del bienestar: ¿para qué, entonces, se pagan impuestos si el Estado no garantiza el maravilloso producto que te vende a precio de oro? Nadie, en aquel foro tan reputado, osó hacer esa pregunta al Presidente cuando éste soltó tal ventosidad dialéctica.

La lectura de todo esto es que se vive en un Estado que no garantiza aquellos servicios mínimos que te obliga a pagar de manera coercitiva so pena, casi, de interdicción. Ello hace que la gente deba buscarse la vida como buenamente pueda, pagando otros servicios que subsanen la estafa previa, ya sea en planes de pensiones, ya sea en colegios privados o concertados para los hijos. Un ejemplo de ello es la empresa Desokupa, recientemente creada, y plagada de éxitos, para desalojar ocupas de inmuebles y retornar éstos a sus legítimos propietarios o poseedores. Si el Estado no garantiza la propiedad y su posterior recuperación cuando ha sido incautada, los afectados han de recurrir a un recuperador privado: lógicamente, el coste no es cero, pero los buenos resultados compensan con creces la inversión. Lástima que no exista apoyo legal-España sería un país decente si lo hubiese-para pasar la factura al Estado vago e incompetente.

El caso contrario, en materia de ocupaciones, lo tenemos en el SAREB, Sociedad de Gestión de Activos procedentes de la Reestructuración Bancaria, uno de esos zarpazos al erario público con los que, según los turiferarios del Régimen, el Presidente salvó la economía española, y con ella la nación, de una intervención europea. Dicha mercantil, y al albur de una pequeña reforma legal en materia de usurpación de inmuebles, ha decido inundar los juzgados con denuncias que pretenden recuperar aquellos pisos-ahora ocupados por el primero que pasa, y en muchos casos casi indigentes-que quedaron en situación de abandono tras la explosión de la burbuja. Entre unas cosas y otras, y en muchas ocasiones por la mala estrategia procesal del propio SAREB, los resultados no son los esperados, lo que desemboca en muchas absoluciones de los ilegítimos ocupantes. Diremos pérdida de tiempo, pero no de dinero para los denunciantes, pues pese a tener millones y millones de euros en activos inmobiliarios no se gastan un solo céntimo en abogados con los que personarse en los juicios, cargando el muerto de la defensa de sus intereses en el Ministerio Fiscal, por lo que bien podemos concluir que el coste de la broma es para la Justicia, o sea, el contribuyente.

He aquí, a modo de corolario, dos ejemplos con resultados dispares que demuestran a las claras  lo que siempre hay que hacer ante la incompetencia del Leviatán, y siguiendo, claro está, los generosos consejos del Presidente: buscarse la vida. Como sea.