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viernes, 25 de mayo de 2018

Sed fuertes




Poco le ha durado a Rajoy la alegría por haber logrado aprobar unos presupuestos que tanto satisfacen a sus queridos socios habituales, los foralistas vascos, porque esta gente de Sabino no es separatista sino amante del fuero, que equivale a estar en España sólo para lo bueno. Pero agazapados andaban los ropones con su mamotreto-más de mil folios de prosa cargante-del caso Gürtel, lo que ha provocado casi al unísono la presentación una moción de censura y una petición formal de elecciones anticipadas que impida que el estólido Sánchez, presentador de la moción, tome el timón de un naufragio tan obsceno como el de este Estado de partidos basado en la corrupción institucional.

Del sé fuerte, Luis pasamos al sé fuerte, Mariano, y todo ello entre ridículas peticiones de un perdón que nadie va a otorgar: como si esto fuese la compra de un chalé en la sierra por los parias de la tierra y famélica legión. Aunque todavía puede salir M. Rajoy y, a modo de una peineta a lo Bárcenas, decir que la sentencia de marras no es firme y que hay que respetar la presunción de inocencia, al menos de los responsables a título lucrativo, hasta que el Supremo ponga punto final al asunto. No le faltarán a Don Tancredo, desde luego, turiferarios y flabelíferos varios para tamaña añagaza: al menos cuentan con un voto particular a su favor entre los mil y pico folios de ignominia.

martes, 22 de mayo de 2018

Los herederos




Quisieron los padres fundadores del consenso del 78 que la propiedad privada y la herencia tuviesen reconocimiento constitucional, si bien la función social de estos derechos delimitaría su contenido. Era un guiño al Estado socialdemócrata que se nos venía encima, como aquella dedicatoria de Hayek-a los socialistas de todos los partidos-en Camino de servidumbre. Ha sido ahora, con la compra del chalé de Galapagar por Iglesias y Montero, cuando se ha podido apreciar en todo su esplendor esa función social de la herencia: el patrimonio de los progenitores de los compradores, especialmente en el caso del macho alfa, ha servido para la concesión del crédito hipotecario necesario para financiar la adquisición sobre la que se sustentará el proyecto de vida en común de la pareja.

Lógicamente, esa herencia futura no deja de ser una expectativa de derechos que bien podría evaporarse, ya sea porque los dueños de la misma la dilapidan, ya sea porque el legislador decide confiscarla con el temido impuesto de sucesiones, tributo por el que los podemitas sienten una especial querencia. Mas no hay que engañarse: esa herencia futura, que ni siquiera es todavía yacente, no es más que un formalismo exigido por la entidad de crédito para adecentar un expediente que apesta tanto como el Estado de partidos del que la pareja es uno de los más claros exponentes.

Quedémonos con lo que de gracioso tiene el asunto, las bellísimas contradicciones de los más ortodoxos, o la justicia poética que tiene esta entrada en el denostado sistema por la puerta grande y no la de servicio: la propiedad del burgués de nuevo cuño avalada con la institución no menos burguesa de la herencia. ¿Y la función social de ambas? Pues para eso, camino de servidumbre, han sido convocadas las bases.

viernes, 18 de mayo de 2018

Los exquisitos




Coincidiendo con el 15-M, cuya celebración-incluso instauración como ¡fiesta nacional!-ya sólo exige el otro Pablo, Echenique, se ha conocido la importante casa que ha adquirido Pablo Iglesias, en comandita con su pareja, allá por la célebre sierra de Madrid. Adiós, pues, a su humilde piso de Vallecas, inmueble del que Iglesias hacía gala cada vez que tenía ocasión, como lo hacía con su ropa de Alcampo y el abuelo chequista. Muchos se han escandalizado por una compra que mete de lleno al podemita en lo más clásico de la izquierda, que no es otra cosa que el consejos vendo que para mí no tengo, aunque no han sido sus votantes los que se han quejado por el derroche, sino aquellos que desde el centro o la derecha jamás votarán a este neocomunista con logorrea, como tampoco tendrán una casa de ese tipo, salvo excepciones.

Estamos ante una versión de aquella izquierda exquisita que tan bien retrató el recientemente desaparecido Tom Wolfe: cámbiese, si acaso, un maravilloso apartamento en Manhattan por un casoplón en la sierra y a Leonard Bernstein por el jotero Echeminga como maestro de ceremonias. Aseguran que la flamante adquisición-metáfora de la entrada de Iglesias y familia en el Sistema-cuenta con dependencias para el servicio: esperemos que si lo hubiere, que lo habrá si vienen gemelos o mellizos, que vendrán, cuente el personal con las debidas coberturas en materia social y laboral. Precedentes hay de lo contrario entre estos exquisitos.