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martes, 24 de septiembre de 2019

Estado de calamidad




Las reacciones a la operación de la Guardia Civil contra unos aprendices de terroristas en Cataluña no se han hecho esperar. Torra, máximo representante del Estado en esa región, pone el grito en el cielo, él, que no tuvo reparo en confesar que toda su familia estaba apuntada a los CDR. A la vez, una consejera de su gobierno se pone al frente de la turba que protesta contra las detenciones y grita fuera las fuerzas de ocupación. Muy lejos del teatro de operaciones, el presidente del gobierno dice que de esto se ha enterado por la prensa, lo que de ser cierto avalaría que Grande Marlaska es un verso suelto que aspira a mayores cometidos. También añade en sus disfunciones que le parece mal, sin especificar qué es lo malo, si lo que los detenidos planeaban cometer o que hayan sido puestos a disposición de la autoridad competente.

En su miopía, no han tardado los políticos de España Suma (cero) en volver a invocar la aplicación del artículo 155 de la magna carta, cuando la triste y cruda realidad es que lo que Cataluña necesita de verdad y desde hace tiempo es el artículo 116, ése que contempla los estados de alarma, excepción y sitio. Aunque bien mirada, esa miopía es comprensible: ellos no habían nacido cuando se aprobó la Constitución. Mas tampoco se han tomado la molestia de leerla. Así vamos, sumando incompetencia.

viernes, 20 de septiembre de 2019

Nuevas perspectivas



Siempre se ha dicho, y es cierto, que España es un país que padece una enfermedad para la que no parece existir remedio, la hiperlegislación, consecuencia de un sistema político que trata al ciudadano como a un subnormal privado de derechos, pero sobre todo privado de sentidos, un ciego sordomudo al que hay que guiar hasta para ir a mear. El gobierno vasco exigirá a los constructores de viviendas que diseñen esos espacios vitales con perspectiva de género. ¿Y cómo se traduce eso? Pues que las cocinas serán más grandes para no aislar a las mujeres. No es una broma pero recuerda al chiste aquel de ¿cómo le das más libertad a una mujer? Pues ampliándole la cocina. Delirante.

Parece que los hombres, al menos los vascos, no entran mucho en la cocina porque ésta es pequeña, cuando la realidad es que ellos prefieren irse al bar a jugar al mus y darle a los txiquitos y zuritos, y si quieren estar más anchos optan por el txoco y las sociedades gastronómicas donde no se permite la entrada a las mujeres. Una vez más se demuestra que el legislador no tiene la más mínima conexión con la realidad social. ¿Será aplicable la norma al matrimonio de dos mujeres? Habrá que estar a la exposición de motivos.

El remate del proyecto es que el dormitorio principal, antaño habitación de matrimonio, deberá ser más reducido para que el resto de habitaciones sean más grandes. La razón es que los hijos no se independizan ni a tiros y también hay que darles mayores comodidades. Todo un absurdo, pues de esta guisan nunca se emanciparán del hogar familiar. Éramos pocos y parió la abuela. Por cierto, y envido más: ¿tendrá la abuela derecho a una habitación propia? ¿Y las mascotas, que también tienen derechos?

martes, 10 de septiembre de 2019

Degenerando




El niño en el bautizo, el novio en  la boda, el muerto en el entierro…ése es Javier Nart. El maestro tertuliano, epítome de todas las purezas y ortodoxias se va de Ciudadanos pero se queda con su escaño de eurodiputado para seguir despachando, y no gratis, logorrea. He ahí el espíritu de la casta, consejos vendo que para mí no tengo, regenerando para que todo siga igual, que no es otra cosa que degenerar, como Manolo Valls, el Platanito, que ha sido fundamental para que Colau revalide la regalía municipal de Barcelona.

De Nart se pueden decir y contar muchas cosas, aunque para recordar siempre quedará aquella historia del morito español cuya defensa asumió para sacarlo de Guantánamo por inocente y que un tiempo después, vaya sorpresa, fue detenido en Ceuta por captar jóvenes para la guerra santa. Así toda una vida, degenerando. Qué coñazo, Javier.

viernes, 6 de septiembre de 2019

El precio de la honrilla




La novia del amo, matoncilla de COU, pobre mujer, tiorra, epítetos que en su conjunto y dedicados a la Marquesa de Galapagar, Irene Montero, han supuesto una condena de 3.000 euros para Jiménez Losantos. El ropón de turno considera que eso va más allá de la sana crítica y supone un daño al honor de la podemita, y aunque su señoría no afirma en ningún momento que las expresiones no guarden relación con la realidad, acaba por valorar el perjuicio en una cantidad modesta para el patrimonio de ofendida y ofensor, luego más bien estamos ante simple honrilla.

Lástima que en estas martingalas no opere la exceptio veritatis como en el delito de calumnias, lo que haría que el turolense saliese a hombros en cada uno de estos trances. Como reverso de la moneda, si bien con matices, sabemos que hace poco se archivó una denuncia presentada por el presidente del FC Barcelona contra un youtuber que la había llamado Nobita, el  personaje de Doraemon. Quizá ese otro juez pensó que el perecido era asombroso y que la cosa, ingeniosa, no merecía reproche penal. Tome nota, Don Federico, y busque alternativas para poner en su sitio a la aristocracia de izquierdas. A fin de cuentas, a Espinosa de los Monteros y señora hace ya tiempo que los bautizó como los  Ceaucescu.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Ciudad de acogida




El alcalde de Barcelona afirma que existe una campaña orquestada por medios fachas para desacreditar a la ciudad con una delincuencia que no es tanta, o que al menos es similar a la de otras ciudades. Algo similar deber pensar el ministro del Interior, que mientras se abanicaba como en él es costumbre, decía que cuando paseaba por la Gran Vía madrileña se quitaba la cartera del bolsillo trasero del pantalón.

A la tarea de quitar hierro al desmadre se suman jueces y fiscales, quienes reciben un chorro de carteristas detenidos y los sueltan con la obligación de fichar cada quince días entre hurto y hurto y más hurtos, que aquí en agosto sólo trabajan los menas y sus primos mayores. Odia el turismo y compadece al delincuente, he ahí la máxima por la que trabajan todos los agentes implicados mientras ponen en busca y captura a las patrullas de vecinos que pretenden colaborar con la justicia. Qué sarcasmo, la justicia.