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lunes, 24 de abril de 2017

La desmemoria



Ha muerto el que fuera ministro falangista José Utrera Molina, suegro de Ruiz Gallardón, y ha sido despedido como mandaban sus cánones, con el canto del Cara al sol por algunos falangistas allí presentes. Como también mandan los cánones de la estupidez, unas juventudes socialistas han denunciado el cántico ante la fiscalía por entender que ello vulnera la ley de memoria histórica. No parece tener mucho recorrido la denuncia, pues ese cántico en la despedida al exministro no era otra cosa un escrupuloso respeto a la memoria del finado y a la historia en la que se encuadró. Más bien parece un simple pero doloroso ataque de envidia de unos jóvenes que veían a Utrera como mucho más socialista que ellos. Y en unos tiempos más difíciles. La desmemoria, o la incultura, si no es lo mismo.

jueves, 20 de abril de 2017

El delirio



Francisco Marhuenda anda siendo investigado-que no imputado, pues su querido PP así reformó la ley ritual penal para no estigmatizar-por coaccionar, presuntamente, a Doña Cifuentes, que es también del PP, aunque podría ser de cualquier cosa con tal de saborear el poder. A uno se le hace cuesta arriba imaginar al melifluo Marhuenda coaccionando a alguien, ni siquiera a un canario enjaulado, pero vamos, cosas más extrañas se han visto. Como por ejemplo, y no es baladí, a un eufórico Ferrreras narrando en directo la detención de Ignacio González y soslayando la investigación, que no imputación, de Paquito y un tal Casals en la misma operación, pues el grupo Planeta, dueño de La Razón, paga la nómina de Ferreras y su esposa. Mientras, los tertulianos del Régimen, ante un PP que se parte en dos, andan como los generales la noche del 23-F, sin saber por qué bando tomar parte a la espera de que el jefe dijese mus o cortase por lo sano.

Esto es un delirio al que sólo sobrevive el clan Pujol, cuyo patriarca ya lo sentenció hace tiempo: ¿qué coño es esto de la UDEF? ¿Y la UCO? Quia.

jueves, 13 de abril de 2017

La Contra



Viejos amigos y conocidos han montado una web al servicio del club de sus amores, el Real Club Deportivo Español, La Contra Deportiva. Información independiente, sin pasteleos de clase alguna, y opinión de calidad al alcance de todos los periquitos que por allí quieran pasar. Por cierto el otro día se estrenó el amigo Tolerancio. Aquí, con esta pieza. Larga vida, pues, a la Contra.

lunes, 10 de abril de 2017

El final



Ahora que la banda terrorista ETA entrega su arsenal, escenificando así el final de una larga historia criminal, bueno es hacer alguna clase de balance de un fenómeno que, guste o no, forma parte de nuestras vidas. Y como el relato de esa historia, en los más variados sentidos, ya está más que escrito, sin que poco nuevo ni interesante se pueda añadir, habrá que buscar algún detalle que resuma lo más reciente, ese final anunciado y que los optimistas voluntariosos definen como derrota y que los más escépticos, como Jon Juaristi, asocian a la impunidad.

Para glosar ese final me quedo con dos gestos, decir opiniones sería excesivo, del Presidente del Gobierno, que a fin de cuentas es el que ha lidiado, por llamarlo de alguna manera, con el evento. El primero fue cuando se dio suelta a Bolinaga, vergonzoso episodio que el propio gobierno de Rajoy propició al otorgar el tercer grado penitenciario, paso previo a la libertad condicional, al secuestrador de Ortega Lara. Pues yo lo veo muy flaco, dijo el gallego al ser preguntado por la espinosa cuestión. El segundo vino con el fallo de Estrasburgo que tumbaba la doctrina Parot y provocaba la liberación inmediata y anticipada de un montón de asesinos en serie. Ahí el Presidente se mojó todavía menos, pues al ser de nuevo requerido por los periodistas se metió raudo y veloz en el coche no sin antes liquidar la cuestión con aquel célebre parece que llueve. Queden ahí esas perlas de indolencia, muy útiles para soportar la impunidad de la que habla Juaristi.

jueves, 6 de abril de 2017

La rebeldía



Confieso que siento una cierta debilidad por Andrea Levy, quizá por esa relación directamente proporcional que existe en la política española entre la vacuidad intelectual y el cargo que se ostenta, pero son las cosas del páramo cultural de la piel de toro, una seña de identidad como el jamón de pata negra o la paella en el chiringuito playero. Esta vez la cosa viene de la mano de una de esas entrevistas ridículas que hacen los suplementos de los periódicos y que pretenden crear empatía entre los políticos y el pueblo llano, como cuando sacaron a Soraya SS en postura sexy y luciendo piernas, si bien aquello generó más antipatía que otra cosa.

Andrea nos cuenta cómo suena su vida a través de las canciones que forjaron su carácter. Reconozco que me he quedado en la segunda pieza, pues descubrir que un grupo tan melifluo como Oasis puede hacer sentir rebelde a alguien es algo que me supera y desborda, casi tanto como cuando descubrí quiénes eran en realidad los Reyes Magos o que la Transición fue un abrazo de reconciliación entre españoles. Conociendo ya ese concepto de la rebeldía que atesora Andrea se entiende que la señora nos venda el carácter social de los presupuestos generales que presenta su gobierno y que entre otras cosas se resumen en que sube la cotización de los autónomos. Y ello con el apoyo de Ciudadanos, otros emprendedores y rebeldes al estilo Rivera cuyos gustos musicales prefiero no imaginar.

lunes, 3 de abril de 2017

De las eximentes



No hace mucho, y en relación con el caso Cassandra (también Ramón Vera Paz, al menos para el Tribunal), cuyo juicio por un delito de humillación a las víctimas del terrorismo se aproximaba, resaltaban los medios que la acusada había renunciado a su abogado de oficio porque éste no la atendía lo suficiente, y cuando lo hacía era para decirle que él era un admirador del almirante Carrero Blanco, destinatario de las bromas macabras de Cassandra, y que en todo caso su línea de defensa pasaría por alegar un trastorno mental, como eximente, o subsidiariamente como atenuante.

Celebrado el juicio y leída la sentencia que la condena a un año de prisión por ese delito, descubrimos que su nuevo abogado planteó esa circunstancia eximente en el juicio. En concreto, la de sufrir alteraciones en la percepción desde el nacimiento o desde la infancia, que implique una grave alteración de la conciencia de la realidad. Y todo parece indicar que la acusada, dada su trayectoria en las redes sociales, es una perturbada. Pero el tribunal no lo ha apreciado así, entre otras razones, tal como explica en su fundamentación jurídica, porque ninguna prueba se propuso para acreditar ese extremo. Un cierto varapalo al letrado, quien guiado por un exceso de optimismo procesal quizá pensó-no se puede entender de otra manera la estrategia-que la sola pinta de Cassandra, amén de muchísimos otros tuits en la misma línea demencial, acreditaría su trastorno. Pero como es sabido, el proceso es mucho más de pruebas que de impresiones.