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martes, 18 de enero de 2011

La vida sigue igual




Hay cosas contra las que no se puede-ni tampoco debe-luchar, o todo esfuerzo inútil, como explicaba Ortega, conduce a la melancolía. La Copa del Mundo llegó a Barcelona y provocó grandes colas, enormes, de hasta cuatro horas por echar un vistazo y tocar la réplica de aquella que levantó Casillas. Hago memoria y busco un evento social o cultural similar que haya generado la misma expectación y no lo encuentro si no es en las celebración de algún título por parte del FC Barcelona, equipo que, por otra parte, más jugadores aportó a la selección triunfadora y cuyos internacionales afirman sin rubor que vestir la camiseta nacional es un orgullo bestial. Vistas las colas y la roja indumentaria que portaban los asistentes, se entiende que el ayuntamiento de la ciudad, en su afán desmedido por mantener determinadas ficciones que solo engatusan a cuatro turistas despistados, denegase la exhibición del trofeo en su salón más notable. En cualquier caso, todo sigue igual.

6 comentarios:

Javier Tellagorri dijo...

Faltaría más. Que los símbolos y colores de España camparan por Catalonya. Todos esos fachas-fascistas haciendo provocación a los honrados catalufos.

Reinhard dijo...

En efecto, de provocativo se tacha por los de siempre. Por eso afirmo que la vida sigue igual, con los ofendidos de siempre, las autoridades ignorando la realidad y cada vez más catalanes con su selección, que no es otra que la española.

MGA dijo...

Supongo que saben que el otro día en TV3 un peridista del régimen se choteaba de las colas y escupía su indignación: llevar una camiseta de la Selección Española en Barcelona es provocar.

Panda de inadaptados...

Reinhard dijo...

Lo sabemos, amigo: he visto el vídeo y he disfrutado con su cara de estreñimiento y profundo dolor. Ay, si no fuera por estos ratos...

Chippewa dijo...

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Es la España silenciosa que se ha vuelto subterranea porque no tiene quien la defienda. De vez en cuando sale de las catacumbas para darse una vuelta.

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Reinhard dijo...

Como en el cristianismo en sus inicios, metida en esas catacumbas cada vez hay más gente: falta que se organicen.