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sábado, 13 de marzo de 2010

Los honrados mercenarios


A mi amigo José Antonio F-A,
conocedor del personaje.

Confieso ser un incondicional de Arturo Pérez Reverte y lo saco a relucir siempre que puedo, recomendando su lectura a los amigos y ocultándola a los enemigos, y admiro sus buenas dosis de bilis, su tremenda mala hostia y esa lengua afilada al más puro estilo de Quevedo, aunque también debo reconocer que soy más seguidor del Reverte periodista, reportero-impagable aquel ya viejo Territorio comanche- y articulista, que no es poco, que del novelista superventas. Acaba de publicarse la cuarta entrega de sus artículos entre los años 2.005 y 2.009, los mismos que leo puntualmente cada semana pero que me gusta tener juntos y compactos, muy a mano para repasar ciertas cosas que siempre están de actualidad, o que nunca pasan de moda. Como bien dice en el prólogo José Luis Martín Nogales, Pérez Reverte es una voz y una mirada, pero yo añado que es una voz y una mirada que a nadie deja indiferente, que no tiene término medio porque siempre evita la equidistancia, generando irritación o admiración, así lo busca y a fe que lo consigue. Sus casi doscientos artículos son un repaso a lo más candente, qué menos en un periodista que escribe su columna con puntualidad, pero a la vez son algo más profundo: memoria, evocación, melancolía, aunque también se encuentra en ellos una envidiable vitalidad y una buena adaptación a unos tiempos manifiestamente mejorables que, a la fuerza ahorcan, se han de vivir y contar con la suficiente maldad.
El título de esta recopilación, Cuando éramos honrados mercenarios, es sintomático de la impotencia ante lo irremediable, de esa nostalgia de un tiempo que no volverá, de un periodismo que ya no se lleva...ahora, el salario del miedo incluye succionar ciruelos con siglas e insultar a los colegas como si la independencia personal fuera incompatible con el oficio. Reparte estopa a diestro y siniestro: al ladrillazo y sus nuevos ricos, al desmadre educativo, al ecologismo idiota-Reciclaje, ayuntamientos y ratas de basurero-, a la alianza de civilizaciones-Picoletos sin Fronteras-, a la estúpida, rencorosa y gubernamental memoria histórica, o histérica, a la porquería nacionalista y sus desmanes lingüísticos, a los políticos que desgobiernan y mangonean y a esa pérdida de principios y valores-amistad, honor, orgullo-que ya por desgracia corroe cualquier orden de la vida. Pero también hay alabanzas a lo que no perece, a la historia y la cultura, a los clásicos y los grandes escritores, y algo de espacio a lo más prosaico, lo más cotidiano, como son los guiños al veterano periodista que marca el camino que debe seguir el novato, al currante que madruga y come en un bar de carretera y al librero de toda la vida que hasta su muerte estuvo surtiendo de libros al autor. Hay momentos, artículos que se releen con satisfacción, francamente divertidos, como Insultando, que es gerundio, donde se cuenta con amargura lo difícil que hoy se ha puesto insultar con los términos de toda la vida-retrasado mental, subnormal, maricón o soplagiatas- sin que alguien se queje u ofenda y además-para esto sí hemos aprendido los españoles-lo haga por escrito, víctima de la corrección que todo lo invade y subnormaliza.
Como bien dice Reverte, a modo de diagnóstico de la enfermedad, el problema somos nosotros: la vieja, triste y ruin España. ¿El remedio? Como deja caer el autor a lo largo de un buen puñado de páginas, no lo haya, quizá no se merezca.

6 comentarios:

tolerancio dijo...

Aquí otro fan de Pérez Reverte. España es un país de hijosputa, del primero al último,sin exclusión. Sólo que incluso en la hijoputez hay grados.

Reinhard dijo...

La hijoputez es marca de la casa, y de ámbito nacional, sin particularismos.

Chippewa dijo...

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Todavía hay algo peor que un hijo de puta: un hijo de puta jesuíta.

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Reinhard dijo...

No se lo discuto, Chippewa: los de Loyola han fundado cosas horribles, desde bandas armadas a diferentes, e independientes, diarios.

JohnPJones dijo...

Otro fan del gran Reverte... eso si, parafraseandole... hay que;

"Morir matando". Frente a la tropa de hijos de la ramera y cantamañanas de nuestra sociedad.

Reinhard dijo...

Exacto: es una de las cosas buenas de Reverte, su claridad en el lenguaje frente a los meapilas que a lo máximo que llegan es al hijo de p....