Ha quedado visto para sentencia el
llamado juicio del siglo en España, el de los separatistas catalanes y su
intentona de secesión. El interés ya sólo reside en discusiones jurídicas y
tipos penales, cuya resolución al respecto se enseñará algún día en las
facultades de Derecho. Porque habrá indulto, y si no lo hay tendrán los reos un tratamiento penitenciario de lo más suave. Por eso los procesados
hicieron uso del derecho a la última palabra y vinieron a decir que lo
volverían a hacer, y seguramente lo hagan. Y es curioso, y denota la seguridad
que tienen en el poco tiempo que pasarán en prisión. Porque ese derecho a la
última palabra es una previsión legal pensada, en un sistema procesal que en
general es muy garantista, para hundir al reo, para echar por tierra todo el
trabajo de su defensa, y para, en expresión común, meter la pata, y muchos la meten. Pero no era el
caso.
Y por esa pendiente de mesianismo,
pedantería y sentimentalismo barato se lanzaron todos los procesados en alegre comandita, y hasta algún letrado no pudo contener la emoción y soltó una lagrimita.
Tan obsceno como ridículo, y muy catalán. Queda, pues, visto para sentencia. Pero
sobre todo queda visto para una repetición.



