España es un ente-no se me ocurre
mejor definición sin caer en la visceralidad-que recuerda mucho a cualquier
película de Berlanga. Y así, tenemos a unos sindicatos que convocan una huelga general
contra la oposición, anticipo de un salto delante de mayor envergadura, y
gozamos de un Tribunal Constitucional que supervisa al Tribunal Supremo y le enmienda
la plana cada vez que le da la gana. Y si descendemos un poco, nos encontramos
con un tribunal de ámbito autonómico que condena a una presidenta del
parlamento catalán a una pena que conlleva el ingreso en prisión, pero propone
al gobierno del camarada Sánchez-volvemos a la casilla de salida-que le otorgue
a la señora un indulto parcial, así le ahorramos la estancia en prisión.
No obstante, dicho tribunal, como
condición para suspender la pena de prisión, obliga a la penada a que realice un
curso sobre prevención de la corrupción. Hombre, hay que guardar las formas
como otros guardan bajo sus togas la mierda del camino. En fin, éste y no otro
es nuestro patrimonio, o sistema, el mismo que se dieron los españoles con
tanto sacrificio.


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