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miércoles, 10 de enero de 2018

La falsa permanente



Como suele suceder, sólo se acuerda el personal de Santa Bárbara cuando truena. Decíamos ayer que tras la resolución del crimen de Diana Quer volvía el debate sobre las penas a aplicar ante determinados crímenes, con esa prisión permanente revisable siempre en entredicho desde su aprobación: es el precio a pagar por un sistema penal donde el centro de gravedad está en el delincuente y no en la víctima. Sarna con gusto no pica, reza la sabiduría popular a modo de consuelo. Odia el delito…canta el jurisconsulto que chapotea en la ciénaga de los políticos en busca de gozosas prebendas.

Bien está que desde un diario se defienda una medida que no es ningún despropósito y tampoco ninguna novedad-que inventen ellos-en nuestro entorno, pero tampoco se debe caer en aquella máxima de que la realidad no debe estropear un buen titular: si es revisable, también es justa y constitucional. Cierto, como señala el editorial. Pero así redactado parece que si la prisión permanente no fuese revisable sería inconstitucional. Y no. Una prisión permanente no revisable, la cadena perpetua tan literaria y cinematográfica, tiene perfecto encaje en la ley máxima, que sólo dice que las penas de prisión estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social. Sobra decir que si esa reinserción no es posible, y hay pronósticos en ese sentido muy fáciles de establecer, las penas dejan de tener esa hipotética finalidad y pasan a ser una retribución pura y dura. Y si no, que se pregunte al pueblo, del que nadie, jamás, se compadece. 

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