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martes, 12 de septiembre de 2017

El cafelito



Pensarán ustedes, queridos compañeros de esta Legión, que me he aficionado a la inefable Sánchez Camacho, pero es que si uno debe resumir este sainete de la independencia tiene muy complicado hacerlo de manera gráfica sin recurrir a la fotografía de esta señora, amén de la no menos inefable Levy, con el rebelde Puigdemont y el cafelito de marras. Y decimos sainete porque visto el buen rollito y las risas y aplausos entre los actores, mucho de cómico tiene esta historia, tanto que uno ya duda del numerito consistente en abandonar los escaños y dejar las banderas, inclinándose por creer que era otro elemento más de un atrezzo ya insoportable, en este caso para la hazaña de una vieja podemita que, con cachondeo generalizado, trincaba esos símbolos en una sala que ya era un manicomio.

Quizá quede gente que todavía, con un poco de razón pero con mucha ingenuidad, invoque a Churchill con el reproche a Chamberlain, deshonor y guerra a la vez, pero es algo demasiado  serio, por histórico, acudir a personajes que son patrimonio de grandes naciones. Aquí, mucho más mediocres, tras un intento de secesión en toda regla, unos y otros toman un café que, para desgracia del vulgo, no es para todos, sólo para ellos, por lo que la única cita de la que se puede echar mano es, mutatis mutandi, la de aquel ilustre catalán, Josep Pla: ¿y esto quién lo paga? Fácil es la respuesta.

jueves, 7 de septiembre de 2017

El pelotón



El esperpento de ayer en Cataluña ha tenido una justa réplica por parte del gobierno: convocar una comisión de subsecretarios y poner firme al Tribunal Constitucional para que sea éste, al menos hasta que acabe la Vuelta Ciclista a España, el que empitone a los sediciosos, o al menos lo intente. No por esperado habrá resultado menos decepcionante para muchos ingenuos que esperaban un golpe de efecto que pusiese fin a la farsa, pero es lo que tiene invocar una y otra vez el imperio de la ley, que un día descubres con desencanto que ese imperio es la banda de Soraya y sus abogados del Estado-a su manera estadistas-y unos cuantos tertulianos de TVE que siguen en la pantalla desde la Transición. Unos y otros y en alegre comandita son ese pelotón de torpes que al final siempre acaba hundiendo una civilización. Es la tradición. Y la historia.


lunes, 4 de septiembre de 2017

La sinécdoque perfecta



Más allá del atentado de las Ramblas, sobre el que ya se ha escrito casi todo, el tórrido y felizmente acabado agosto nos deja una imagen impagable, la de una se esas reuniones veraniegas del Congreso que para nada sirven, una fotografía con unos curiosos protagonistas y que atesora una enorme plasticidad. Un diputado del PP que parece confesarse con otro colega, o socio, de Ciudadanos, la grotesca Camacho con una pata ortopédica que es metáfora de una España quebrada y un diputado nacionalista vasco que se parapeta junto a lo que parece un extintor, quizá una manguera, de incendios y espía a los que considera, seguramente, sus enemigos. Podrá decirse que faltan Tardá y Rufián-que estarían en el bar-o un socialista y un podemita, que tanto monta, pero lo bueno que tiene esta España del Consenso es que unos cuantos de sus próceres representan a todos los demás. Es la sinécdoque perfecta y permanente, la que no descansa ni en agosto y que se reinventa, ya están ahí, cada septiembre.