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lunes, 15 de febrero de 2016

Obituario



Hay algo de justicia poética, y ecológica, en la muerte de Muriel Casals: ese progresismo necio que todo lo invade, y del que la finada formaba parte, ha decidido, antes de tener la potestad para fusilar a los automovilistas, que los ciclistas han de ser los amos de las calles de las grandes ciudades. Se va Casals sin ver la soñada independencia a la que consagró su vida, y se va atropellada por un ciclista urbano que, hechas las primeras pesquisas policiales, parece completamente inocente, y mucho más allá de la presunción legal. Así que, como dicen los americanos, no hay caso, lo que priva a Casals de la condición de mártir por Cataluña que han tenido otros próceres de la patria catalana.

Hace unos años, además de tildar de maltratadores a los padres que reclamaban bilingüismo en las escuelas para sus hijos, reivindicaba como legítima una cierta violencia para lograr sus objetivos y tumbar así el orden existente. Ironías del destino: tras no respetar un semáforo en rojo, deja la señora este mundo cruel de forma violenta a manos de uno de los arietes, los simpáticos ciclistas, de un nuevo orden establecido, el del crecimiento sostenible, eufemismo tras el que se oculta el subdesarrollo insoportable. Todo un proceso que no tiene pinta de descarrilar.  

3 comentarios:

Fuga dijo...

No sé ni quién es.

***

Muy bueno:
'un nuevo orden establecido, el del crecimiento sostenible, eufemismo tras el que se oculta el subdesarrollo insoportable.

Reinhard dijo...

La que fuera presidenta de Òmnium-Momium-Cultural. Una de las patas de banco fundamentales de este delirio.

tolerancio dijo...


tiene toda una tarea por delante... inmersionar a los angelitos de nube en nube...