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lunes, 11 de diciembre de 2017

De la falsa intervención



Que la aplicación suave del 155 traería situaciones surrealistas era una verdad incuestionable que hasta los flabelíferos del gobierno reconocían entre tertulia y tertulia. La televisión autonómica en permanente agitación, los maestros con el agit-prop de toda la vida y hasta los bomberos catalanes, a lo Fahrenheit 451, acudiendo en procesión a Bruselas para homenajear a un Fuigdemont que todavía puede ganar unas elecciones que jamás debieron convocarse: la vida sigue igual. Ya decía Rajoy que el dichoso artículo era muy complicado, de ahí que acorralado por las circunstancias y haciendo gala de su talante morigerado optase por meter sólo la puntita, nada más.

Y surrealista, entre otros, es el episodio de las obras de Sijena, ya que una autonomía presuntamente intervenida no debería permitir que uno de sus delegados de cultura amenace con quitar servicios sanitarios a Aragón si el traslado se consuma. Pero así esta España autonómica del Estado de partidos, la misma que propicia que si un padre exige que su hijo se escolarice en castellano en la región valenciana reciba como respuesta del director del colegio que lo mejor es que se lleve al niño a Cuenca, que también existe. Tamaña y gentil recomendación encierra en sí misma una idea de nación que, desprovista de mecanismos de defensa, no es que esté invertebrada, es que está descabezada. Pero lo importante, cantan los flabelíferos, es el traslado a Sijena, que demuestra que la ley se cumple, y se acata, como los excarcelados por el juez Llarena acatan el 155.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Déjà vu



La decisión del juez Llarena de retirar la euroorden contra Puigdemont y resto de fugados nos aboca a un limbo jurídico y político de difícil solución que puede eternizarse. En otra época ya muy lejana, con el prófugo muy lejos de la vieja Europa, quedaba el recurso de montar una película barata de espías, falsos papeles y entregas pactadas por televisión, pero hoy día, cuando todo se ventila con esa asepsia de la que hace gala el citado juez, las cosas resultan mucho más complicadas. Queda la esperanza de que el tránsito por ese limbo sea amenizado por alguna fotografía de los huidos en situaciones embarazosas, algo que si bien es complicado, véase la pinta de casta que luce la señora Ponsatí, no debe descartarse del todo, que del seny a la rauxa sólo hay un paso. 

viernes, 1 de diciembre de 2017

La memoria



Hay que reconocer que el presidente del gobierno es una mina, ya sea por su indolencia sin límites, ya sea por ese estilo tan campechano que muchas veces lo hace naufragar, aunque sin graves consecuencias, en la mayor de las torpezas. Aprovechó el hombre su visita a Costa de Marfil, un destino poco amable, para dirigirse a los militares allí destinados, en especial a los de la Armada, a los que recordó que había vivido muchos años al lado de la Escuela Naval de Marín, en la calle Salvador Moreno, para añadir con ese tono jocoso tan suyo que no sabía por qué ahora le habían cambiado el nombre, pero que él la seguía llamando así. Obviamente, el cambio de nombre obedece a las imposiciones de la Ley de Memoria Histórica, pues el citado Salvador Moreno fue un almirante que se alzó el 18 de julio y que llegó a ser ministro de Marina.

La chanza del gallego en el frente africano no tendría mayor trascendencia si no fuese porque esa infame ley pudo haber sido derogada por el gobierno hace ya años, cuando llegó al poder con aplastante mayoría, volviendo esa calle, si el municipio así lo quería, a lucir el nombre de antaño, tan querido por el presidente y su memoria. Ocurrió lo mismo con la ley del aborto, otra promesa incumplida que provocó la dimisión de Gallardón como ministro de justicia. Pero es más fácil encogerse de hombros, alegar desconocer el motivo y afirmar que, en todo caso, uno sigue llamando a la calle como quiere, tal que uno de Bilbao, que nace donde quiere. Pragmatismo e indolencia a partes iguales, la marca de la casa.