El Partido Popular manifiesta, como ha hecho siempre, respeto a las decisiones judiciales en todos los procedimientos.
De esta guisa, con pocas palabras y sin la cobertura del plasma, despachaba el Partido el encarcelamiento del que fuera su tesorero. Bien está, aunque puestos a moverse en el terreno de la retórica y sin abandonar el formato del telegrama, quizá hubiese sido conveniente añadir el término acatamiento, más rotundo para reforzar tamaña indigencia intelectual. Hay una pereza en el Partido que es extensible al gobierno y su presidente y que sirve, en general, para que el discurso vacuo adquiera esa categoría de declaración institucional que tanto indigna a los medios y tan indiferente deja a la masa. Es la muletilla del ya escampará que el presidente aplica a todos los órdenes de su vida y que en política lo mismo sirve para el ámbito doméstico que para la Europa de los pérfidos mercados. La estrategia, en fin, de Don Tancredo que con tanto éxito se aplica en Cataluña-paradigma de administración que ni respeta ni acata las decisiones judiciales-para la lidia del toro separatista. Lo malo es que ahí, en el Ostfront, no parece escampar, quizá porque no haya un garante del cumplimiento de la ley, quedando el Fiscal General del Estado para la defensa de esas extrañas contiendas que siempre se dirimen en el Foro y nunca en la provincia.
