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lunes, 7 de enero de 2013

Me hallará la muerte



Hacía bastante tiempo que no hincaba el diente a un libro de Juan Manuel de Prada, por lo que un título tan sugerente y emblemático como el de esta obra era motivo más que suficiente para intentar reconciliarme con el autor. Y se puede afirmar que lo he conseguido: si bien Me hallará la muerte no está a la altura-más que notable-de otras novelas de su puño y letra, como pueda ser entre otras Las máscaras del héroe, sí que es indudable que el desembolso de unos cuantos euros ha merecido la pena.

Estamos ante el relato de una auténtica suplantación, la de un ladrón de poca monta, Antonio, que se alista en la División Azul, otra Legión de Condenados, para huir del Madrid de la posguerra tras cometer, en compañía de la que sería su único amor, un crimen estúpido e innecesario. El destino que le aguarda no es otro que el abismo que ofrece el frente de Leningrado y, lo que sin duda es peor,  el posterior cautiverio en el Gulag soviético, un infierno del que sólo logrará salir tras enormes vicisitudes y con una nueva identidad, la de un oficial tan idealista como adinerado muerto en esas estepas y con el que guarda un gran parecido físico. A partir de ahí, y ya en el Madrid de los años cincuenta, los acontecimientos se irán precipitando de una manera dramática, salvaje incluso, con un personaje que ya no se detiene ante nada y que, vencida ya una maltrecha conciencia, sólo busca su particular redención a través de ese amor resucitado, el mismo que provocó su huida hacia el infierno que los alemanes bautizaron como el Ostfront.

Las diferentes historias sobre las que se sustenta la trama se van enredando al estilo del folletín, quizá en exceso y, en algunas ocasiones, hasta de una manera demasiado previsible y con el mensaje moral de que del mal no se puede obtener un bien, pero el resultado que De Prada obtiene es francamente bueno en líneas generales, especialmente en aquello que se refiere al hábil manejo del expresionismo a la hora de describir personajes y situaciones, trances y dilemas. Buen conocedor de esa época, el autor se luce en la descripción de un Madrid con dos épocas separadas por una década y en la glosa del espíritu de aquella División de Voluntarios en la que se daban la mano el más romántico idealismo, que fue vapuleado por un régimen poco dado a que riese la primavera , y el más descarnado rufianismo, carne de cañón, unos y otros, en el drama de la guerra, en la infamia de la vida. 

jueves, 3 de enero de 2013

Banca Mora



Crónica andorrana de nuestro reportero Tolerancio.


Mora es nombre ideal para una entidad bancaria, si pensamos en la tentación escapista en la que algunos caen a la hora de rendir cuentas al fisco, optando por demorar el cumplimiento de los pagos. Por eso la Banca Mora es una suerte de Shangri-La de los defraudadores aborígenes. El paisaje acompaña lo suyo porque la Banca Mora tiene su razón social en un país montañoso de cimas enharinadas por la nieve como el Shangri-La del misticismo oriental. 


Andorra se divide en parroquias, una curiosa división administrativa que le confiere a los valles el encanto de la anacronía, de cosa medieval y antiquísima. El co-príncipe español, la jefatura del Estado es un duunvirato, es un cura, como en el Vaticano. En cada una de esas parroquias se topa el viajero, como el patán de Tolerancio en la foto que ilustra este comentario, con una sucursal de la citada entidad. Vacas en las verdes praderías, casitas de tejados de pizarra a dos vertientes en las llamadas parroquias altas, esquiadores en las pistas. Una delicia. Y señores con bolsas repletas de fajos de billetes de 500 € entrando en Banca Mora con aire entre pilluelo y triunfal de jugador de parchís que pone una ficha a buen recaudo y dice ¡Salvado!



Las gracias de Andorra son esquivas al cálculo, aunque no le vea ninguna Joan Herrera, líder de ICV, paradigma de tonto útil del nacionalismo… -según el término acuñado por Münzenberg para designar a los intelectuales europeos que en los años 30 lamían ancilarmente el trasero del estalinismo-… que no quiere para la Cataluña independiente del 2014 un Estado, según dijo, de broma, de juguete, como Andorra, motivo por el cual es uno de los catalanistas más detestados por los andorranos. 



Andorra, para nuestros oligarcas indígenas, forrados durante años por el timo lucrativo de la construcción nacional, es una Suiza doméstica. El linaje de los Pujol, no obstante, no lo evade todo a una carta. Es gente con cierta perspectiva de las cosas y prefiere diversificar por aquello de aminorar riesgos. No le hace ascos a otros paraísos fiscales y lo mismo abre cuentas en nuestro valle feliz que en Liechtenstein o en las islas del Canal. 



Solo que Andorra no satisface plenamente los más exigentes paladares del catalanismo. Es el único Estado soberano que tiene el catalán como lengua oficial, pero en sus calles se oye más español que otra cosa. Incluso cuando uno charla con los nativos percibe que, en efecto, hablan catalán, pero no parecen catalanes. En las salas de cine de Andorra La Vella proyectan películas de estreno que el gobierno local no se preocupa en doblar soltándole una pasta a las distribuidoras. Tienen claras sus prioridades y saben que su lengua es todo lo oficial que puede ser una lengua, pero no es muy cinematográfica. Qué le vamos a hacer. En los mapas que reparten en las oficinas de turismo Andorra aparece rodeada por França (Francia) y Espanya (España), dándose el caso de que toda la parte de España que rodea íntegramente el co-principado es Cataluña, pero Catalunya, qué contrariedad, no aparece en los mapas. Incluso la bandera de Andorra es un híbrido de los colores nacionales de Francia y de España. Otra en la frente.



Pero siempre les quedará el consuelo de hacer una escapadita de fin de semana con el maletero del coche de alta gama a rebosar de billetes y, de camino, inflarle la cara a hostias a su novia sin que alcen la voz nuestras feministas… porque las palizas duelen más o menos según quién las da… y sin que en la Banca Mora les pregunten de dónde sale todo ese dinero porque los andorranos son gente discreta y muy celosa de la privacidad. Eso es algo que hay que apuntarles a su beneficio en el asiento de Haberes.      

martes, 1 de enero de 2013

Si usted lo dice...



Con mucha menos pasión que aquella con la que habitualmente nos obsequia su turiferario Paquito Marhuenda, Mariano nos dice que este 2013 será el año de la recuperación. Y como desde aquí no deseamos que la realidad, por muy terca que se muestre, estropee un buen titular, que así sea.