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domingo, 11 de diciembre de 2011

Veinte cartas



Recientemente ha fallecido la única hija de Stalin, Svetlana, y parece-por una cierta tardanza en conocerse la noticia-que lo ha hecho con la más absoluta discreción y casi anonimato. Hace ya bastante tiempo escribí para otro blog una reseña de su obra más conocida, Rusia, mi padre y yo (Veinte cartas a un amigo). Conseguí el libro por casualidad y me enganchó de manera especial el género epistolar que la obra contiene y que sirve para ofrecer un retrato, subjetivo pero veraz, de uno de los personajes más polémicos de todos los tiempos. Hastiada de un régimen tan perverso como su progenitor, vencida por heridas que ya no sanarían, huyó de su patria buscando un poco de aire, de una libertad que tampoco había llegado con la muerte de su padre y aquel mítico XX Congreso. No se prodigó mucho en la escritura, quizá porque nunca se consideró a sí misma una profesional, pero ahí quedarán esas veinte cartas para la posteridad.



3 comentarios:

Fuga dijo...

…creo recordar que mi abuelo la trató brevemente cuando estuvo por Barcelona.
Un personaje extraño.

Reinhard dijo...

Hombre, Fuga, estírese un poco con los detalles

Fuga dijo...

Poca cosa Reinhard…de modales algo toscos...o tal vez fuera su aspecto y no sus modales. No recuerdo bien la descripción, la verdad.