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martes, 17 de febrero de 2026

Odia el delito

 


Decíamos ayer, a cuenta del terrorismo etarra, que el aparente vencedor había sido derrotado en la práctica, en el día a día, que al final es lo que cuenta a la hora de hacer balance. En este sentido, van cayendo como gota malaya anécdotas sangrantes que dejan en mantillas la máxima penal de corte socialdemócrata que nos dice que hay que odiar el delito y compadecer al delincuente. En verdad, hay que compadecer a la víctima, y por difeerntes razones.

Y así, descubrimos que un etarra con largo historial en asesinatos cuenta con el apoyo del fiscal para que cuando obtenga la libertad, o un tercer grado que le permita tomar vinos con sus paisanos, pueda estar relativamente cerca de las víctimas de sus fechorías, de 50 kilómetros impuestos en sentencia a sólo 50 metros, ahí es nada. Si bien se trata de un tecnicismo que admite diferentes interpretaciones, no deja de ser curioso que el representante del ministerio público tenga el mismo celo que la defensa del terrorista en facilitar una cómoda y más tranquila reinserción social del verdugo.

Al final, no será descartable que las víctimas, para no sufrir más escarnio, sean las que deban alejarse de los criminales marchando bien lejos para no entorpecer la relación del criminal con sus seres queridos. Y ello por mandato legal y recogido en sentencia. Lo dicho, la derrota del vencedor.


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