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martes, 28 de febrero de 2017

Línea de defensa



Que las redes sociales son un avispero salta a la vista y no es necesario extenderse mucho en ello: constantes son los procedimientos judiciales que se incoan por injurias, calumnias, enaltecimiento del terrorismo y otros tipos penales variados por opiniones lanzadas en la red. Hace poco una tuitera fue empapelada por alegrarse-manda narices que lo haga ahora con lo que ha llovido desde aquel 73-del asesinato de Carrero Blanco. Como no podía sert de otra manera, la señora era esperada con los brazos abiertos en la Audiencia Nacional, pero su juicio se ha suspendido, siendo el motivo una más que complicada relación abogado-cliente.

No se puede elegir letrado de oficio, pues como un hijo, te toca lo que la suerte quiere: guapo o feo, listo o tonto. Es como la ruleta de un casino y la bolita caprichosa. Y así, a la tuitera montaraz le tocó un abogado que admiraba al almirante y que planeaba una línea de defensa basada en el trastorno mental de su clienta. Y en verdad no es mala estrategia: mejor apelar a la indulgencia-miren, señorías, qué necia es la pobre-que al sentido del humor-qué graciosilla, verdad-de los ropones que han de juzgarla. Porque, a fin de cuentas, el sarcasmo más cruel con el magnicidio de Carrero ya quedó agotado con el mismísimo Franco, quien no tuvo reparo, tras conocer la noticia, en afirmar aquello de no hay mal que por bien no venga.

domingo, 26 de febrero de 2017

De la violencia doméstica



No es posible mantener a las mujeres dentro de los límites de la razón excepto a través del miedo; en el matrimonio, sin embargo, es preciso mantenerlas a raya, pues uno tiene que compartir con ellas lo mejor de sí; de ahí que se pierda en placer de la relación amorosa lo que se gana en autoridad. Eso explica que la mitad de todos los asesinatos que se cometen en Inglaterra ocurran entre cónyuges.

Arthur Schopenhauer, El arte de conocerse a sí mismo.

jueves, 23 de febrero de 2017

Todos los días, uno tras otro



¿Cómo está la botella, medio llena o medio vacía? ¿Es usted pesimista y ve nubes que tapan al sol o, por contra, es usted un optimista que siempre ve al sol intentando abrirse paso entre los nubarrones? Depende, diría el gallego escéptico, y valga la redundancia ¿Ha sido pésima la instrucción del juez Castro en el  Caso Nóos cuando los dos principales acusados han sido condenados a penas severas? La intelligentsia del putrefacto Régimen opina que sí, que el juez ha fracasado estrepitosamente, quizá porque otros jueces no han condenado a la Infanta de España, tal y como solicitaba, no el instructor, que como no podía ser de otra manera sólo veía indicios racionales de criminalidad en su contra, sino tres señoras jueces que así lo han considerado tras un juicio con todas las garantías. Ya vendrá el Supremo con la resolución definitiva, si nadie ajeno al proceso lo remedia.

Salvado lo anterior, que no es más que retórica procesal que aburre hasta la saciedad, sólo queda glosar, pasados unos días tras el parto de la burra, el éxtasis de tertulianos, paniaguados y turiferarios del 78, quienes a estas alturas todavía andarán salivando con un fallo-oxímoron-que para ellos y ellas es un triunfo. Entre esta tropa, y por aquello de seleccionar un poquito, que lo bueno siempre ha de ser breve, me quedo con el ínclito Ignacio Camacho, el mismo del ABC, la Cope y terminales asociadas. Se pregunta el tal Camacho, Ignacio, sobre la responsabilidad que tiene un juez que instruye durante siete años un sumario-en verdad, Camacho, no era un sumario, pero eso todavía no lo sabes ni ya nuca lo sabrás-cuyas conclusiones resultan severísimamente revocadas por el Tribunal encargado de juzgarlo?

Sobre la revocación severísima nos remitimos a lo dicho antes sobre la botella medio llena o medio vacía. Sólo añadir un dato anecdótico pero que no es baladí: el melifluo Camacho lleva años escribiendo una columna diaria en ABC, los 365 días preceptivos. Ustedes me dirán, y con razón, que tal afirmación no es cierta del todo, pues hay unos pocos días en los que por fortuna no hay prensa, pero ello es indiferente para el melifluo Camacho, pues él escribe su columna y se la manda por correo electrónico al que tenga guardia en el diario, Navidad, Año Nuevo y alguno más que ya no recuerdo: es la tradición de Ignacio. Y uno se pregunta sobre la responsabilidad que tiene un plumilla que escribe todos los días, año tras año, una columna cuya inconsistencia, indocumentación e inanidad es revocada una y otra vez por la tozudez de los hechos? Pues como todo, depende, de la indulgencia del lector y del caso que se le preste al tipo.