Jean Raspail lanzó una profecía allá por el año 1973. Poco a poco el funesto vaticinio se ha ido cumpliendo sin clase alguna de fisura. Hoy, en Ceuta, metáfora de un estado quebrado, contemplamos una suerte de remake de esa novela. El 78 on fire.
De las catástrofes siempre queda la nostalgia por las naderías de la víspera
Jean Raspail lanzó una profecía allá por el año 1973. Poco a poco el funesto vaticinio se ha ido cumpliendo sin clase alguna de fisura. Hoy, en Ceuta, metáfora de un estado quebrado, contemplamos una suerte de remake de esa novela. El 78 on fire.
Que España es un Estado-ya no
digamos nación-quebrado no admite discusión. Ayer sin ir más lejos, y a cuenta
del triunfo mundial de combinado autonómico, un grupo de cachorros de Bildu
arrasaron con la terraza de un bar en una localidad navarra y agredieron a
varias personas que presenciaban la final del evento.
Una vez más, y van unas cuantas,
no me cansaré de recomendar el ensayo de Rogelio Alonso sobre el final de la
banda terrorista ETA, La derrota del vencedor. Ahí está todo. Lo demás
no tiene interés. Luego, si eso, hablamos, como ese tribunal de belgas, sobre
la reconciliación.
El Cagari, así lo bautizó uno de
los guardias civiles que practicó su detención; el fulano en cuestión, Zabarte
Arregui, el carnicero de Mondragón, se cagó encima cuando fue detenido por hombres
de la 513 ª Comandancia de la Guardia Civil con sede en Inchaurrondo. No es el
único etarra que se rinde de una forma tan poco honrosa, será el triste destino del
gudari. Lo mejor no fue que se cagase en los pantalones, sino que se entregó como
un cobarde mientras sus dos compañeros de fechorías se enfrentaban a tiros a
los agentes de la Unidad de Intervención Espacial del Instituto Armado. Es más,
en la refriega esos dos terroristas, antes de morir acribillados, le decían que diese la cara, que para algo
era el jefe del comando. Pero no fue posible, prefirió entregarse, jiñarse y
pasar una buena temporada entre rejas para luego, merced a la generosidad del
Régimen del 78, volver a su pueblo para seguir haciendo proselitismo.
He aquí lo que con buen acierto
definió Rogelio Alonso como la derrota del vencedor, no en vano el ahora
finado decía, entre vinos y pinchos, que él no asesinó sino que ejecutó. A
veces el tórrido verano deja buenas noticias, aunque estén preñadas de un tufo
insoportable a mierda.
De todas las estupideces que hay
que soportar en la defensa del camarada Zapatero esgrimidas por la claque
socialista y tertuliana la mejor es ésa que nos dice que este mostrenco acabó
con el terrorismo etarra. En el fondo todo forma parte de un mantra demasiado
visto y sobado, esa martingala que nos indica que las fuerzas políticas,
capitaneadas por el socialismo triunfante, acabaron con la banda criminal, y
también una añagaza para engañar al personal, que el vulgo ágrafo no descubra
el pastel cuya guinda es la más absoluta derrota del vencedor.
Por eso el otro día, tras la
imputación, o investigación, del que fuera presidente del gobierno se caldeó el
ambiente en la sede de la partitocracia nacional, por lo que el camarada
Sánchez echó en cara al ínclito Feijoy que la derecha en general no soportaba
que Zapatero hubiese terminado con la ETA. Una vez más el gallego intrépido
perdió una oportunidad de oro para demostrar que al menos domina un poco la
dialéctica, pues debería haber indicado al todavía jefe del ejecutivo que con
la banda terrorista la que acabó fue la Guardia Civil, para añadir como remate y si le diese la sesera para ello, que ese y no otro es el origen del odio africano que
a esta institución profesa el ministro del Interior. Ay, los próceres, unos y
otros, de la patria.
La España del camarada Sánchez es una especie de sainete que ya hubiese firmado con gusto el gran Arniches. El DAO policial, que no es el otro DAO-una enzima intestinal-sino una especie de CEO dentro de los ceneperos, léase cuerpo nacional de policía, se ve forzado a dimitir tras una querella por varios delitos entre los que está el de agresión sexual a una subordinada. Soslayando la tardanza en denunciar por parte de la agredida, que ya resolverán los ropones de turno, no deja de tener su gracia, por aquello de la justicia poética, que este sujeto, perro de presa en aquellos tiempos de la pandemia, el estado de alarma y el confinamiento, deba pechar ahora con el peso de la otra justicia, o injusticia, la de los hombres y mujeres: ya se verá.
Qué tiempos aquellos en los que
este hombre del orden y la ley, acompañado por un benemérito general, salía a rueda de prensa diaria
dando cuenta de todos aquellos infelices que habían sido detenidos-quítame allá esas pajas-por burlar
el injusto confinamiento decretado por el camarada Sánchez y avalado, salvo
VOX, por resto de fuerzas políticas. Ahora, unos años después de los instantes
de gloria a los que tiene derecho cualquier imbécil, el DAO cenepero, que
no es el enzima intestinal, se ve obligado a bajar a la arena del foro, con leones y leonas, y sopesar
cómo lucha contra los elementos, mientras la plebe siempre pastueña espera el próximo
sainete que dejará en anécdota al anterior. Pleitos tengas y los ganes.
Un etarra con un largo historial
criminal burla la prisión, al menos la más severa, para disfrutar un régimen de
semilibertad. Automáticamente, como un resorte, saltan todas las alarmas de un
régimen en descomposición: cómo hemos llegado a esto, escarnio a las víctimas,
no hay derecho, que si el tal Marlaska está vendido, pero claro, ahora es
competencia de la comunidad autónoma vasca, si sigue teniendo esa denominación,
y así hasta la náusea.
Odia el delito y compadece al
delincuente es ya, y desde hace tiempo, máxima meliflua que ya no aparece en
los manuales de Derecho Penal, si acaso en los de criminología, mamotretos insufribles diseñados para que puedan
ascender funcionarios de policía o de prisiones. Y qué más da este caso, se
pregunta el respetable, si otros criminales de reconocido prestigio y alejados
del ámbito terrorista acortan sus penas sin que los medios se hagan eco. Quizá
en el caso del etarra ahora agraciado, pero eso el común de los respetables lo ignore,
asome aquel diagnóstico certero de Rogelio Alonso plasmado en La derrota del
vencedor. Ha llovido desde su publicación, pero seguirá lloviendo, y otros
criminales de la misma naturaleza seguirán saliendo. Como setas.
El gobierno del camarada Sánchez
anuncia una regularización masiva de inmigrantes, o migrantes. A favor de la
moción los nada sospechosos habituales. Esto es, la patronal, que ya hace
números con más mano de obra barata para repartir comida a domicilio, los
obispos, que con la excusa del amor al prójimo algún que otro chiringuito
tienen relacionado con la asistencia social-Cáritas-y la subvención que ésta
conlleva, que el cepillo cada vez da menos beneficio, y la progresía
cómodamente instalada en el poder y sus aledaños que purga de esta guisa su
mala conciencia-es un decir-de izquierda exquisita y caviar.
Éramos pocos-españoles todos- y
parió la abuela de los inmigrantes, o migrantes, justo ahora que la Europa de
los mercaderes se pone un poco, sólo un poco, restrictiva con esta espinosa
cuestión y calibra cómo mitigar los excesos de tanto buenismo. No parece que el
gobierno justifique la medida con la excusa de que los nuevos legalizados
contribuyan a pagar las pensiones, entre otras razones poque ese obsceno
argumento ya no cuela, si es que alguna vez coló. Eso sí, se tranquiliza al
personal exhibiendo una exclusión: no podrán beneficiarse de la medida aquellos
extranjeros en situación irregular que tengan antecedentes penales. Pero ojo, a
éstos, por mucho que se contemple en el Código Penal, no los echa de aquí ni el
Dios de los obispos.
Lo mejor de la norma es su
espíritu, que es el del camarada Sánchez, por lo que se tramitará por la vía
del decreto para que entre en vigor al día siguiente: ni el Invicto sacaba
tanto jugo y beneficio del consejo de ministros.
Una revista italiana de dudoso prestigio pero de clara inclinación ideológica ha designado al camarada Sánchez como persona del año. Hay que tomárselo a broma, como hace Juan Manuel de Prada con esta pieza tan ingeniosa como delirante.
50 años de la muerte del Invicto,
pero hoy nos encontraremos con los tópicos de cada aniversario: que si era el fin
de una feroz dictadura, que si el óbito dio paso al feliz y próspero reinado del Emérito, que si en ese momento arribó la llegada de una democracia que
tanto esfuerzo y sacrificio costó a los españoles...Pero 50 años no son nada, y así
conviene huir de los diagnósticos que facturen los apologetas del Régimen y
recordar cómo era aquella España de 1975.
Queden aquí unas cuantas pinceladas,
pocas, para el recuerdo y la melancolía: una clase media que poco tenía que
envidiar a la de la Europa desarrollada, un acceso fácil-ya fuese mediante compra
o alquiler-a la vivienda, un modelo educativo con una enseñanza pública, unida
a la privada o concertada, de notable calidad que permitía el funcionamiento de
un ascensor social prodigioso, un sistema sanitario universal y gratuito dotado
de potentes medios materiales y humanos y, poca broma, una deuda pública
ridícula.
50 años no son nada, especialmente
si se goza de buena memoria, objetividad y apego por los datos. Todo lo demás
es música de tertulianos.
El camarada Sánchez quiere modificar la Constitución para que el aborto sea uno más de los derechos expresamente reconocidos en ese cuerpo legal. En realidad, no hay que ser un lince, estamos ante otro brindis al sol o maniobra de diversión de este primus inter pares. Si ya todo estaba claro desde que nació el bodrio magno, para qué estas pajas mentales.
Un almirante de la Armada, y no
cualquiera, pues es el jefe de Estado Mayor, responde a VOX con una sentencia
que no deja indiferente a nadie: la misión de la Armada es ayudar y salvar a los
migrantes que a bordo de una embarcación se encuentren en peligro, y no
devolverlos o bloquearles el paso. No satisfecho con ello, añade su Excelentísima
que nadie debe pensar que la Armada va a
estar en la mar combatiendo la inmigración ilegal.
Es evidente que estamos ante un
militar pacifista, una especie de padre Ángel disfrazado de almirante que viene
a certificar que en este país ya no queda una institución honrosa, que todas
naufragan sin remedio. Y todavía quedan ilusos que creen que ante una nueva
intentona separatista en Cataluña las Fuerzas Armadas garantizarán el orden y
la unidad de la nación. Hay que reírse.
La vuelta a la cruda realidad que trae siempre consigo el mes de septiembre nos deja a un camarada Sánchez con mal aspecto, francamente malo, como si fuese un adicto al fentanilo o algo parecido. En cualquier caso, estupefaciente fue la entrevista en plan baño y masaje que le hicieron en Televisión Espantosa y que nos obliga a deducir un par de cosas: que el camarada no está bien y que, salvo milagro, la legislatura se completará hasta el final. Paciencia.
Los reyes de España se dieron
ayer una vuelta por Mauthausen, el que fuera campo de concentración nazi en
Austria, para conmemorar el 80 aniversario de su liberación. Como bien muestra
la imagen, y así lo señala el diario El País, los reyes abrazan la memoria
republicana. Quizá el año que viene, refresquemos la memoria, coincidiendo con el 90
aniversario de aquellas otras matanzas, Don Felipe y señora se den una vuelta
por el camposanto de Paracuellos y rindan homenaje a los miles de españoles que
allí reposan y que fueron asesinados por aquellos republicanos del Frente Popular. Veremos.
No hace mucho el camarada Sánchez
nos aseguraba que era imposible un apagón, que eso era un bulo de la extrema
derecha, muy dada siempre a plantear escenarios apocalípticos. Ayer tuvimos un
apagón general que sembró el caos y que provocó que el personal, recordando a
Cuba y Venezuela, tuviese un poco más claro que el gran timonel, gigavatio tras
gigavatio, nos conduce hasta la victoria final.
En realidad, fue un aperitivo, o
experimento, de lo que nos espera con la agenda 2030: no tendrás nada y serás
feliz. Otro día nos quedaremos sin agua y al siguiente sin gas, si bien con un
corte en el suministro de este fluido siempre tendremos el comodín de Putin. Al
final, recuperada la subnormalidad, cundió una euforia tan grande que el pueblo estuvo a punto de salir a los balcones para aplaudir a los técnicos que nos
habían devuelto a la luz. Miremos, en fin, el asunto con los ojos del optimismo y pensemos
en cuánto ha ganado nuestro planeta con este apagón.
Como decíamos ayer, Pumpido ha
convertido el Tribunal Constitucional en una especie de laboratorio de pruebas y
a ver qué sale. Y así, han ido saliendo cosas interesantes por la vía de retorcer
la interpretación de la norma máxima, no en vano Cándido es un devoto de las
mutaciones constitucionales, esa añagaza que inventaron los alemanes, pues
España, como señaló Unamuno, nunca inventa nada, que inventen ellos. Por ahí anda, en ese sentido,
la amnistía del camarada Sánchez a los golpistas catalanes.
Y como todo lo malo se pega,
tenemos a la vicepresidenta Montero intentando sentar una nueva doctrina en
materia de derechos constitucionales dentro del proceso penal. Tras la
absolución del futbolista Alves, la señora nos dice que siente vergüenza al
comprobar que la presunción de inocencia está por encima del testimonio de las
mujeres en los delitos sexuales. Ya se indicaba con la célebre ley del solo sí es sí de la otra Montero que se
pretendía invertir el principio de la carga de la prueba en estos delitos y tumbar la presunción de inocencia que ampara incluso a los varones; pero, qué cosas tiene el Derecho, acabó siendo un desastre y provocando la suelta anticipada de unos cuantos de
estos delincuentes.
El exabrupto de la vice ha recibido la crítica unánime de
asociaciones de jueces y fiscales, qué ya es raro que coincidan en algo, pero
ahí queda la sandez para la hemeroteca, por si un día nos rasgamos las vestiduras viendo
ciertos cambios legislativos o algunas sentencias-ahí pueden entrar las
mutaciones constitucionales de nuestro particular profesor Bacterio-que pongan los pelos de punta. En ello están
algunos y algunas cuando pontifican sobre la ley y la justicia en un acto de partido. Como ya
señaló el sabio Gómez Dávila, para corromper al individuo basta enseñarle a
llamar derechos a sus anhelos personales.
El diario El País, que hace años no
vende una escoba, airea con tufillo de escándalo una noticia que tiene su
gracia: en el instituto, según una profesora entrevistada, los alumnos están en contra del
feminismo y hablan bien de Franco. El hallazgo demuestra el fracaso sin paliativos
del modelo educativo, y lo hace por partida doble. Si los jóvenes detestan el
feminismo, afirmando que las mujeres tienen más derechos que los hombres, será porque en clase, tanto por parte de los docentes como por los
textos que manejan, reciben una paliza tremenda sobre las bondades de esa
nefasta doctrina y el wokismo con el
que se adorna. En cuanto al Invicto, es evidente que esos
mismos jóvenes no se creen nada de lo que les explican en clase y acuden a
otras fuentes, generalmente Internet y algunos libros diferentes a los que les
obligan a estudiar, para saber un poco y de manera objetiva sobre la historia no tan lejana de su país. Por no hablar del camarada Sánchez y su gobierno, catalizadores del revival de la figura del Caudillo.
Hay que presumir que poco a poco
los docentes irán descubriendo otras opiniones de los alumnos sobre cuestiones
de gran interés, como la inmigración masiva y descontrolada y su relación con la delincuencia y el colapso del Estado del bienestar, aunque ya adelantan los mozos lo obvio, que hay demasiados moros. Tal vez en ese
caso prefieran no explicarlo a El País ni a nadie, no sea que cunda el ejemplo
y nos invada una ola de revisionismo abanderada por los más jóvenes.
La propuesta de paz en la guerra
de Ucrania que trae Trump ha desatado una especie de ardor guerrero entre
nuestros liberalios, comandados por locutores y juntaletras muy apegados a la
moderación y con apoyo de un Partido Popular que ya no sabe dónde meter baza para hacerse notar. Sostienen los de Feijoy que España debe
mandar tropas a Ucrania, si bien, como dicen los británicos de ese extraño
Brexit, en misión de paz. El gobierno del camarada Sánchez de momento no se pronuncia,
con lo que hasta nueva orden se libra de hacer el ridículo.
Llama poderosamente la atención
que ese ardor patrio surja a cuenta de un conflicto bien lejano, cuando nunca ha aparecido para exigir, por ejemplo, una mayor implicación de las fuerzas armadas
españolas para plantar cara al siempre peligroso vecino del sur, al que, por el
contrario, siempre se colma de atenciones de toda clase, empezando por las
comerciales, por no hablar de una desastrosa política de extranjería que hace
que nuestras fronteras sean un coladero insoportable.
Se podrá alegar, como hacen los
promotores del disparate, que es ir al frente en misión de paz, pero las
misiones de paz en las que ha participado España nos han regalado un buen
reguero de muertos. Tendría gracia que jóvenes españoles muriesen en cualquier terruño
de Ucrania mientras extranjeros sin papeles se alojan por cuenta del
contribuyente en hoteles de lujo repartidos por la geografía nacional. Qué ideas las de estos liberalios.