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lunes, 30 de enero de 2017

Unos cuantos libros



El otro día Jimenez Losantos tuvo uno de esos momentos brillantes, divertidos, y ello para dar una lección de Historia al concejal madrileño Sánchez Mato, quien poco antes había afirmado que en la hermosa Revolución Rusa sólo murieron cinco personas. Van ahí unos cuantos libros imprescindibles para valorar la grandiosa obra del comunismo. En mi caso, la mayoría ya eran conocidos, y fueron leídos con deleite en su día, pero alguno nuevo descubrí, hallazgo que habrá que despachar en cuanto se pueda. Espero que les sea de utilidad y pasen un buen rato. La risa está garantizada. 

jueves, 26 de enero de 2017

El principio de Hanlon



Uno se alegra de la victoria de Trump por esa lacra que es lo puramente doméstico, soslayando los intereses de los norteamericanos o la paz del mundo mundial, memeces que no interesan lo más mínimo a todos aquellos que chapoteamos en el siempre gozoso fango del pesimismo antropológico. Las úlceras que la nueva presidencia norteamericana provoca en políticos y tertulianos españoles son, como diría el tonto emérito, motivo de honda satisfacción, gozo irrefrenable en este páramo cultural todavía llamado España.

Una de esas últimas vomitonas de bilis nos la ofrece González Pons, un tipo que al igual que los Reyes Magos trabaja una vez al año y es mentira. Nos cuenta Pons que Trump es el Jesús Gil de Estados Unidos, un peligro para Europa, un demonio que solo ansía levantar muros contra la globalización y una mala noticia para los demócratas del mundo. No merece la cosa el menor análisis, pues con Pons se cumple el principio de Hanlon, que nos dice que no debe atribuirse a la maldad aquello que puede ser explicado por la estupidez. Jesús Gil, menos tonto de lo que muchos creían, habría dicho del eurodiputado que es un estúpido ostentóreo.

martes, 24 de enero de 2017

Por el artículo 58



Contaba Aleksandr Solzhenitsyn en Archipiélago Gulag la anécdota del prisionero recién llegado al campo al que sus compañeros de barracón preguntaban cuánto le había caído, a lo que el hombre apesadumbrado respondía que veinte años. ¿Y qué has hecho?, insistían los veteranos. Nada, respondía el otro. Mientes, por no hacer nada te caen sólo diez años. El humor negro demuestra a las claras lo que era el célebre artículo 58 del Código Penal soviético, un cajón de sastre para acabar con los enemigos del sistema con un exceso de retórica a la hora de tipificar la disidencia y una mínima liturgia para cubrir el expediente.

Recuerdo ahora ese pasaje de la obra al ver cómo el Tribunal Supremo aumenta las penas-hasta cuatro años de prisión-a los que entraron con malos modos en la librería Blanquerna de Madrid. Entienden los excelentísimos señores que la actuación de los asaltantes estuvo presidida por el odio ideológico, otro cajón de sastre para dar trabajo a los ropones y pienso a los tertulianos. Imagino a los que entren en prisión por esos hechos respondiendo al cuestionario de los veteranos: ¿cuánto te ha caído? Cuatro años; ¿y qué has hecho? Nada, entrar en un acto, dar cuatro voces y un par de empujones.  Pero lo hiciste con odio. Por eso estás aquí, para reeducarte. Como en el Archipiélago.