Gran manifestación sabatina en
Madrid-con una pequeña secuela dominical en Barcelona-con pomposas apelaciones
a la Constitución del 78 para pedir la dimisión del gobierno. Átenme esa mosca por el rabo: la norma máxima que
hasta aquí nos ha traído invocada como pócima mágica para echar al camarada
Sánchez. Ahí estaba VOX, el comodín de la ultraderecha para los medios progresistas,
que son casi todos, subido al mismo carro que PP y Ciudadanos, demostrando que,
más allá de poner en dedo en llaga de vez en cuando, de outsider tiene poco.
Mucho ruido y pocas nueces: y así,
el camarada Sánchez dice que esa manifestación defienden una España uniforme y
excluyente, diagnóstico ramplón, pues más o menos lo mismo pueden decir los
manifestantes sobre él y sus políticas, y que, como Azaña en aquella república extravagante, sólo gobierna para los suyos. Mas no llegará la sangre al río, pues unos y
otros están encantados con la Constitución. La única diferencia es que Sánchez
la retuerce sin miramientos, pero sin llegar a romperla. Y si no, para eso
tiene a los máximos exégetas de la norma a su servicio, para decir que no se
rompe. Pero así es el Régimen, ése que tanto reivindican los manifestantes- confundiendo
democracia y Constitución-y el camarada Sánchez a su manera, y que con tanto esfuerzo
y sacrificio se dieron los españoles. Toda una fiesta.



