Como el verdadero problema de
este país es el franquismo, no el separatismo, ni el paro ni la viabilidad del
sistema de pensiones, el gobierno ha decidido llevar al Código Penal, vulgo
tipificar como delito, la exaltación o apología del franquismo. Al otro lado de
la balanza, por aquello de igualar, queda lo de rebajar sustancialmente las penas por el delito de rebelión, una figura que según los leguleyos al
servicio del Psoe no se ajusta a los tiempos que corren, que aquello era propio
del siglo XIX cuando se atacaba con tanques.
Terrible paradoja la de estos
socialistas de hoy: antaño, la doctrina penal española, dominada por doctores
de corte socialdemócrata, abogaba por adelgazar el Código Penal, eliminar tipos
consagrando el principio de intervención mínima. Mas los tiempos han cambiado y
ahora, al menos en la lucha contra el franquismo, se busca lo contrario. Más
delitos, y más penas. En democracia no se homenajea ni a dictadores ni a
tiranos, ha sentenciado una tal Lastra. Y cualquiera le explica a esta señora lo de la democracia orgánica.
Habrá que esperar al texto
definitivo para saber si tendremos detallada toda la casuística, o si por el
contrario, como suele suceder, tendrán que ser los jueces los que vayan
delimitando, o diseccionando, el contenido del nuevo delito. ¿Será punible decir en público que con Franco apenas había paro, que la construcción
de pantanos alivió el problema de la pertinaz sequía y que gracias a los
tecnócratas del Opus Dei en España nació una clase media envidiada por toda Europa? ¿Será
apología del franquismo llevar bajo el brazo un libro de Pío Moa, César Vidal o
Ricardo de la Cierva? Y en el ámbito privado, ¿será delito tener en casa una
bandera nacional con el águila de San Juan? Si fuese así, quizá tendría más pena tener esa bandera decorando una habitación que poseer un pistola sin licencia.
Habrá que esperar, insistimos, pero
una cosa está clara: si esto queda plasmado tal y como se anuncia, y fácil lo
tienen los promotores, cuando la derecha gobierne no lo derogará. Precedentes
hay en asuntos similares. Ay, la memoria.



