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viernes, 30 de noviembre de 2012

Pleitos tengas y los pagues



Con el ansia de protagonismo que le caracteriza, el ministro del ramo ha decidido sanear la justicia con una ley de tasas que tendrá como máximos beneficiarios a poderosos y morosos y toda clase de incumplidores. Estaba cantado que un personaje tan arrogante como este sujeto debía pasar a la posteridad por una ley que fuese más o menos revolucionaria, y ésta lo es, tanto que ha puesto en su contra a partidos políticos y ciudadanos y operadores jurídicos. Ya será imposible llevar a los juzgados contencioso administrativos a los sinvergüenzas que llenan las maltrechas carreteras españolas de esos simpáticos radares.

Nos dice el ministro que la ley servirá para racionalizar la administración de justicia y dotarla de más y mejores medios, sin que esto garantice, se deduce fácilmente, que los funcionarios mejoren su salario ni recuperen los días de asuntos propios. Enorme optimismo que no osaremos poner en duda, y así, armados de optimismo  y  expectación, esperamos que al menos sirva para que tengamos mejores jueces-más no, que con este hachazo no serán necesarios muchos árbitros para tan pocos pleitos-y no asistamos a espectáculos tan penosos como el ofrecido por la Audiencia Nacional con la suelta obligada de los cabecillas de la mafia china.

Si con la reforma laboral echaron abajo la obra social del franquismo, con esta ley de tasas resucitan aquellas pólizas que despachaban los estancos cuando fumar era un vicio y no un lujo: esquizofrenia de un gobierno a la deriva que hasta ahora no ha empatado con nadie. Aunque para lujo, y siempre que están disponibles los impresos normalizados, pleitear a partir de ahora, o al menos hasta que el máximo intérprete de la norma fundamental se pronuncie sobre la constitucionalidad de la broma, algo que será-según costumbre inveterada de la casa-al cabo de unos cuantos años. Tal vez para entonces, y mientras la mayoría de españoles gozan del beneficio de pobreza, el ministro y su soberbia estén retirados de la vida pública.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Memorias de un desmemoriado



Aznar ha presentado un libro de memorias que amenaza con al menos una secuela, y como sabemos que el personaje tiene unos cuantos hijos, bien se puede decir que sólo le falta, si no lo ha hecho ya, plantar un arbolito. Apasionante vida la de un hombre que no sólo ha sabido colocarse bien tras la política sino que ha hecho lo propio con su esposa, por no hablar de la refundación de un partido que dejó atrás la derecha para lanzarse a ese centro que no es de nadie pero es de todos.

En la presentación de la obra, ejerciendo como maestro de ceremonias uno de esos periodistas de cámara tan dados al baño y masaje, Don José María hizo un repaso a unas cuantas cuestiones que a juicio de muchos, entre los que me incluyo, son irrelevantes a estas alturas de la película: por qué eligió para la sucesión a Mariano cuando había otros más capacitados, sus pactos-no consta que por allí andase Vidal Quadras para darle las gracias en nombre de muchos catalanes-con los fenicios nacionalistas en la primera legislatura, o el atentado de ETA que casi le cuesta la vida y que se llevó por delante a una pobre mujer que por allí pasaba. Melancolía retrospectiva que no mueve molino pero que garantiza miles de ventas entre una parroquia poco dada a la crítica, reacia al más mínimo capón simbólico al que lloran como se hacía con aquel Ausente.

Mucho me temo, y quizá me quede con la duda, pues no compraré el libro ni tampoco lo leeré prestado, que no hablará de su maravillosa política en materia de inmigración, cuando a costa de la burbuja inmobiliaria, gran política económica de la que ahora recogemos los frutos, llenó España de mano de obra barata y nada cualificada sobre la que cimentó aquella estupidez del España va bien, leyenda gloriosa como pocas en la historia nacional. Víctima de un ataque de progresismo, como ya sucedió con la Ley de Menor, modificó la legislación sobre extranjería y decidió tener  manga ancha con los reagrupamientos familiares, como si las parientas y vástagos de esos peones fuesen a poner muchos ladrillos. Caballo de Troya, en fin, del que después se ha quejado Don José María por activa y pasiva en bien remunerados artículos cuando se ha referido al terrorismo islamista y su presencia en España. Mala conciencia, tal vez, que le lleva ahora a pedir que Israel entre en la OTAN. Petición nada extravagante, pues sabido es que los equipos de ese Estado juegan competiciones europeas de fútbol y baloncesto y sus cantantes desafinan en Eurovisión tanto o más que un belga o alemán.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Cuatro apuntes y una despedida


Tras las elecciones catalanas, y salvando el éxito enorme-mala suerte, Marhuenda-de Ciudadanos, perfectamente puede decirse que la vida sigue igual: mayoría nacionalista en el parlamento, un PP pop que sigue sin engañar a muchos más de los que engañó hace tiempo y una bancada socialista que sigue en caída libre a la espera de una refundación que nadie se atreve a liderar. Pinchazo histórico de Mas, bien por las cuentas suizas, bien por el miedo que ciertas aventuras generan en un electorado demasiado aburguesado.

Adiós, y quizá esto sea lo más significativo en el freak patrio, a esa folclórica de la política llamada Alfons López Tena, un valenciano afincado en Catatònia cuya locuacidad ha dado los mayores momentos de gloria de esta corta legislatura. Con ese fanatismo del converso a lo Justo Molinero y su aura de hombre de mucho ambiente, el amigo López, notario de profesión, ha podido dar fe de lo aburrido que resulta el parlamento para todos aquellos que no forman parte de esa casta política que lleva toda la vida viviendo del presupuesto. Cada intervención suya era garantía de bronca segura; cada silencio un alivio para sus morigeradas señorías.

Llegó de la mano de Laporta, otro tipo de oronda barriga, y se va con un zarpazo de los jóvenes más airados, pobres analfabetos que ignoran todas las leyes que López Tena tuvo que meterse entre pecho y espalda para sacar la oposición. Vencido y sin escaño y obligado a dejar paso a los perroflautas de la CUP, nos dice ahora que Catatònia ha optado por su propia extinción, que de paso es la misma que la del amigo Alfons. Pues nada, a las penas, puñaladas...y que ponga la música Justo Molinero.